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Juan Bonilla: Prohibido entrar sin pantalones

RESEÑA

Domingo 06 de abril de 2014
Juan Bonilla: Prohibido entrar sin pantalones. Premio de la I Bienal de Novela Vargas Llosa. Seix Barral. Barcelona, 2013. 238 páginas. 18,50 €. Libro electrónico: 12,34 €

Cuando Vladimir Maiakovski, protagonista de esta obra con la que Juan Bonilla acaba de obtener la I Bienal de Novela Vargas Llosa, llega a México en uno de sus múltiples viajes lo que más le atrae la atención es el cartel instalado en su acceso: “Prohibido entrar a la ciudad de México sin pantalones”. En esta curiosa advertencia se inspira el novelista jerezano para titular, ciertamente de manera llamativa, su última novela. Prohibido entrar sin pantalones nos sumerge en la trayectoria literaria, ideológica y personal del escritor ruso y en la convulsa época en la que vivió -desfilando por sus páginas figuras como Pasternak, Bulgákov o Eisenstein, entre otras-, donde en 1917 se derrocó a los zares en Rusia y los bolcheviques alcanzaron el poder.

“Maiakosvski tenía dieciocho años, dieciséis dientes podridos, dos hermanas y un solo lector. Escribía poesía lírica pero roncaba como un poeta épico. Imágenes fuertes, nuevas: le pagaré fuego al cuartel y me lo pondré en la cabeza para tener una melena pelirroja. Tenía un abrigo negro con agujeros en los codos, un sombrero que fue de su padre, un montón de ganas de hacer cosas. Miedo a la oscuridad, más de cincuenta poemas y un solo lector”. Así nos presenta Bonilla al comienzo de la novela, con el estilo y el tono que marcará el resto, al personaje, a quien acompañamos en su recorrido vital hasta que el 14 de abril de 1930 se pegó un tiro, sin haber alcanzado los cuarenta años, sumido en la depresión ante el acoso de sus camaradas y las complicaciones de sus relaciones amorosas: “Con la Browning española, se había disparado en el corazón, el lugar del futuro”. Con esta acción desaparece el hombre, pero empieza la leyenda del iniciador del futurismo ruso, uno de los movimientos de vanguardia más potentes del pasado siglo -como es sabido, fundado en Italia por Marinetti-, que Maiakovski explica, junto a David Burliuk y Velimir Jiébnikov, en el manifiesto La bofetada al gusto del público.

La novela la forman cincuenta capítulos, sin numerar, por lo general de sugerentes títulos (“¿Usted cree que esto es un delirio de paludismo?”, “El bolso entre los dientes”, “Morir no es nada nuevo”, “Un cadáver sobre los hombros”, “El asesino en serie”), que sin duda hacen honor a las premisas de la estética que Maiakovski cultiva y algunas de cuyas muestras poéticas recoge Bonilla en esta obra. No se trata de una biografía del poeta ruso, aunque Bonilla se ha documentado al respecto -al final del libro consigna algunas de sus lecturas-, sino de una novela, que se lee con gran interés, en la que, de manera cronológica, se recrea su vida con una legítima simbiosis de realidad y ficción. Así, la novela sigue al personaje desde que se dio a conocer en 1912 hasta su suicidio en 1930, ubicándolo en los no pocos escenarios por los que transitó: Moscú, San Petersburgo, Nueva York, Berlín, París, México…

Sin duda, Maiakovski por numerosas razones resultaba una figura muy proclive y apetecible para un acercamiento novelesco. De personalidad apasionada, inclinada a la inestabilidad y los extremos, con su punto de arrogancia y narcisismo, pasó de tener “un solo lector” a convertirse en el poeta nacional laureado por la Revolución Bolchevique -lo que no implica que verdaderamente tuviera más lectores-. Y de la cima a la caída en desgracia, cuando la Asociación de Escritores Proletarios comenzó a recelar de él y las autoridades, con Stalin a la cabeza, lo juzgaron como un pequeño burgués elitista, ajeno en realidad a las consignas impuestas a la Intelligentsia. Y, paralelamente a su itinerario profesional, asistimos al desarrollo de sus tortuosos amoríos, con varias amantes en diferentes países, destacando su relación con Lily Brik, esposa del también escritor Osip Brik, rendido admirador de Maiakovski y permisivo con la historia amorosa entre este y su mujer. Los tres formaron uno de los ménages à trois más famosos de la historia de la literatura del siglo XX.

No lo tenía fácil Juan Bonilla para alzarse con el premio de la I Bienal de Novela Vargas Llosa, dada la calidad de los otros dos finalistas: Rafael Chirbes con En la orilla y Juan Gabriel Vásques con Las reputaciones. No obstante, el autor, entre otros títulos, de El Estadio de Mármol, Los príncipes nubios, Tanta gente sola o Nadie conoce a nadie -llevado al cine por Mateo Gil en 1999-, ha logrado el galardón en buena ley con una novela que, además, más allá del personaje concreto del que trata, nos plantea el siempre fascinante asunto del papel de escritores, artistas e intelectuales en la sociedad y sus habitualmente conflictivas relaciones con el poder. El caso de Maiakovski resulta especialmente paradigmático de la ingenuidad de pensar que un régimen comunista iba a permitir que los creadores escapasen a su control y consignas.

Por Carmen R. Santos

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