Antonio Hualde | Jueves 10 de abril de 2014
Decía Unamuno que “la tolerancia frente a la intolerancia es el peor de todos los crímenes; ni siquiera la intolerancia es tan grave”. Viene a colación de la película Noé, que no podrá verse en más de un país islámico por haber prohibido su difusión las autoridades. A su juicio, resulta “inapropiado” representar así a un profeta. “Inapropiado”. La palabra en cuestión es un eufemismo muy del gusto que quienes usan la religión para reprimir a los demás. Y ojo, que esto no es exclusivo del Islam.
Sin embargo, sí es verdad que algunas de sus manifestaciones más recientes resultan llamativas. Por ejemplo, el “Club de las Esposas Obedientes”, creado en Malasia con el fin de animar a las mujeres musulmanas a satisfacer sexualmente a sus maridos. Han llegado a editar un manual para sus “asociadas”, con el sugerente nombre de Sexo islámico. Combatiendo a los judíos para devolver el sexo islámico al mundo. Entre otras cosas, sugieren ser “como una prostituta de lujo en la cama”, y claro, si el marido es polígamo -recordemos que el Islam lo permite-, nada mejor que el “sexo en grupo”. Al menos en Malasia les da por el sexo; en España, por contra, emires como el de la mezquita de Fuengirola prefieren ir por otros derroteros, explicando en un libro cómo pegar a una mujer sin dejar marcas. Es “legal”.
El concepto de legalidad en el Islam es también diferente. Un ejemplo lo tenemos en Pakistán, donde la semana pasada un bebé de nueve meses tuvo que comparecer ante un tribunal, acusado de planear un intento de asesinato de un oficial de policía. No, no se trata de una noticia del El Mundo Today; es real como la vida misma. Allí la justicia funciona así. Por cierto, que el pequeño, Mohammad Mosa Khan -tal era el nombre del “acusado”- rompió a llorar cuando el funcionario le empapó el dedo en tinta para su identificación. Criaturita. Menos ridículo, aunque igual de aberrante, es el caso de tantas y tantas mujeres presas -no sólo en Pakistán- por haber sido violadas. Su delito, haber mantenido relaciones sexuales fuera del matrimonio. Se lleva la palma Arabia Saudí, donde la lista de prohibiciones a las mujeres es tan extensa como ominosa. Por no poder, no pueden ni conducir ni subirse a un columpio…toma progreso.
Algunos piensan que todo esto no son más que prejuicios hacia el Islam, cuando en realidad se trata únicamente de aspectos a la orden del día. Por ejemplo, quienes hablan de Marruecos como un lugar algo más tolerante deberían saber que según su legislación, si un hombre tiene tres hijas éstas no le podrán heredar; su herencia pasará al primer pariente varón -por ejemplo, un sobrino-. Y ay de aquel que abjure de la religión oficial; también está prohibido. De hecho, el artículo 220 de su código penal impone una pena de tres años de cárcel “a quien emplee cualquier medio de seducción para quebrantar la fe de un musulmán o tratar de convertirlo a otra religión”; pena que puede agravarse para los conversos.
Nada de esto se habrá hablado en un congreso que ha tenido lugar estos días en Marruecos. Un congreso cristiano, con católicos y ortodoxos debatiendo sobre la realidad de profesar la fe de Cristo en un país musulmán. Y ni un solo marroquí ha podido asistir. Prohibido. Al Islam le hace falta una reflexión en profundidad; reflexión que bien podrían compartir los que se meten con las raíces cristianas de Europa y abogan por que las ideas islámicas arraiguen en el continente de la tolerancia.
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