un estado joven, un pueblo histórico
Miércoles 14 de mayo de 2008
Casi todo el mundo conoce el conflicto palestino-israelí, e incluso las turbulentas relaciones del estado hebreo con sus vecinos árabes. Pero no todos saben que Israel, antes de ser Israel, era el Mandato Británico de Palestina y que líderes como Ben Gurion o Menachem Begin fueron cabecillas de dos organizaciones que mantuvieron en jaque a los británicos y que lucharon a brazo partido contra los árabes antes y después de la Declaración de Independencia.
La Haganah (Defensa, en hebreo) era una organización paramilitar que nació tras el establecimiento del mandato británico en 1920 y a la que pertenecieron políticos y figuras clave del Estado israelí como Ariel Sharon, Moshe Dayan e Yitzak Rabin. La Haganah se convertiría, una vez formado el Estado, en el actual ejército israelí. Otra organización que jugó un importante papel para animar a los británicos a marcharse de Palestina fue el Irgún (Organización), que era considerada un organismo terrorista y protagonizó los atentados más sangrientos durante el mandato británico.
Tras el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial, llegó la Conferencia de las Naciones Unidas para la Partición de Palestina en 1947, para decidir si tras la retirada de los británicos, establecida para mayo de 1948, el mandato se convertiría en dos estados separados, uno para los judíos y otro para los árabes.
Los que no festejaron nada esa noche, sino que más bien comenzaron a prepararse para lo peor, fueron los árabes del que todavía era el Mandato de Palestina. Porque en cuanto se conoció el resultado del voto, tanto los árabes como los judíos comenzaron a enfrentarse en una guerra civil que culminó con la creación del Estado israelí el 14 de mayo de 1948, justo un día antes de que expirase el mandato británico.
En la Declaración de Independencia de Israel se estableció que lo que antes era la Agencia Judía, que durante el periodo británico ejerció como un pseudo gobierno, pasaría a ser el Gobierno Provisional de Israel, con David Ben Gurion como primer ministro. Unos días antes de la declaración de independencia, Golda Meyer, que ocupaba un alto cargo en la Agencia Judía, se reunió con Abdalah, el monarca de lo que entonces todavía era Transjordania, para rogarle que no se uniese al resto de países árabes que les atacarían si proclamaban el Estado de Israel. Abdalah aconsejó que no se precipitasen para declarar la independencia, a lo que Meyer respondió: “Hemos esperado durante dos mil años. ¿Es eso precipitarse?”
Como todos esperaban, el mismo día de su creación, el Estado recién nacido fue atacado por sus vecinos árabes. Las razones para que Líbano, Siria, Iraq, Egipto y lo que ahora es Jordania invadiesen Israel con el consentimiento de la Liga Árabe fueron, según ésta, que la mayoría de los árabes (que por entonces eran prácticamente la totalidad de la población) se negaba a la división del territorio. También argumentaron que la ausencia de una autoridad fuerte, debido al vacío de poder que los británicos habían dejado al marcharse, requería que alguien se hiciese cargo de proteger a la población árabe y sus bienes.
Fueron cientos de miles los árabes que huyeron de sus casas y pueblos y abandonaron el país para escapar de lo que en muchos casos fueron matanzas durante la guerra civil y, más tarde, durante lo que los israelíes llaman la Guerra de Independencia. Para los árabes es la Naqba, o el Desastre. Muchos de los que se refugiaron en Transjordania o en Líbano se llevaron las llaves, porque para ellos sólo se trataba de algo temporal, hasta que cesara la lucha. ¿Quién iba a suponer que un Estado recién nacido iba a ser capaz de vencer a cinco potencias?
En 1949, Israel firmó armisticios con los cinco países y se quedó con un cincuenta por ciento más de territorio del que la ONU le concedió cuando se votó la división del territorio. La Franja de Gaza y Cisjordania fueron ocupadas por Egipto y Jordania, respectivamente.
¿Cómo pudo Israel salir victorioso de una situación semejante y doblar su tamaño en un año? Antes incluso de que la ONU decidiese la partición, las diferentes organizaciones judías ya se habían puesto manos a la obra en previsión de la respuesta árabe. La Haganah, el Irgún, las otras entidades paramilitares y la Agencia Judía compraron armas en el extranjero y estaban muy bien organizadas, llegando a convertir en verdaderos bastiones diferentes ciudades judías. Además, la invasión no les pilló por sorpresa, ya que Egipto había anunciado que atacaría si se declaraba la independencia y la Liga Árabe también expresó su rechazo a la partición de Palestina.
A pesar de la victoria y la inyección de moral que ésta dio al Estado judío, a todos los israelíes les pesó no haber conseguido Jerusalén. Israel sin Jerusalén, que pasó a ser parte de Jordania hasta la Guerra de los Seis Días en 1967, era un cuerpo sin corazón. Aunque se agarraron a la Ciudad Santa “hasta con los dientes”, como dijo Ben Gurion, pasarían casi veinte años hasta que pudiesen tocar el Muro de las Lamentaciones.
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