Joaquín Vila | Domingo 13 de abril de 2014
Los partidos españoles no entienden una campaña electoral sin atacar al adversario más peligroso. Hasta ahora, Elena Valenciano, en sus innumerables mítines, se ha dedicado en exclusiva a insultar al PP. Por la ley del aborto, por la crisis económica, porque Arias Cañete mantiene su puesto de ministro. Por todo lo que ha hecho y hace el Gobierno.
Arias Cañete prometía ser más constructivo y hablar solo de los intereses españoles en Europa. Pero tampoco ha podido evitar lanzar unas cuantas pullas contra el PSOE en su estreno como candidato este sábado en Toledo. No se limitó a atacar a su adversario, como hace Valenciano, y habló con acierto y brillantez al afirmar que España debe volver a convertirse en un peso pesado de la UE, pero lanzó todos sus dardos contra los socialistas. Y aunque tenga razón al declarar que la culpa de la crisis obedece, sobre todo, a la política económica de Zapatero, sería mejor que se olvidara del expresidente, un cadáver político. Que nos olvidáramos todos y que descanse tranquilo en su casoplón de Somosaguas.
Queda poco más de un mes para que se abran las urnas. Los partidos ya solo piensan en ganar y, si es posible, aplastar al adversario. Tras las brillantes y rotundas intervenciones de Rajoy y Rubalcaba al rechazar con toda claridad el referéndum soberanista catalán, han vuelto a sacar los cañones y a disparar sin piedad. Han retomado su eterna guerra dialéctica.
Los electores, sin embargo, prefieren conocer los programas, los planes, las ideas de los partidos para esa defensa de los intereses de España en el Parlamento europeo. Porque las batallitas entre partidos ya aburren hasta a las ovejas, incluso molestan. Insultar no es el mejor camino para obtener votos. Más bien, lo contrario.
Y esa estrategia electoral contribuye a aumentar la apatía general de los españoles a la hora de ir a depositar su voto. La abstención puede ser la ganadora de estos comicios, pues las elecciones europeas suelen ser despreciadas por el electorado, que no se da cuenta de la importancia que tienen.
Los españoles, como se comprueba en todas las encuestas, están hartos de la clase política en general. Y muchos electores partidarios de uno u otro partido consideran un voto de castigo el no acudir a las urnas. Todo hace indicar que el PP obtendrá más escaños que el PSOE. Pero tampoco parece ser que la diferencia sea definitiva, pues ambos partidos pasan por uno de sus peores momentos de popularidad, en especial los socialistas.
Es evidente que Arias Cañete y su equipo son superiores en experiencia y preparación para ocupar los escaños del Parlamento europeo. Los partiditos que surgen cada día pueden hacerles mucho daño. Lograrán pocos escaños, alguno ninguno, pero rebañarán votos a los dos grandes. Se trata, además, de un adelanto de la intención de voto de los españoles ante las elecciones generales, que se celebrarán en menos de dos años.
Como siempre, el resultado final es incierto. Pero los partidos, además de derrochar el dinero de los contribuyentes en banderitas y alquilar locales a sus amiguetes, ya desde la llamada precampaña, pese a ser una campaña con todas las de la ley, deberían intentar ilusionar al electorado para que vaya a votar y para convencerle de la necesidad de defender los intereses españoles en Europa. Que ya está bien de que Merkel haya tomado el poder del Viejo Continente. España puede y debe recuperar su influencia en Bruselas. En poco más de un mes lo sabremos.
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