Santiago López Castillo | Domingo 13 de abril de 2014
Todos sabemos el articulado de la Constitución. Menos él. ¿Y ahora, qué, señor Rajoy? Hemos presenciado la primera parte del espectáculo por la sedición, y lo que te rondaré, morena. Bochornoso. Un representante del Estado español, como gustan decir los independentistas para no pronunciar España, les entra la urticaria en la lengua, se envalentonan y desafían al Estado de Derecho (añádase el presuntamente, adverbio que se cocina hasta en la sopa) y, desafiante, Mas, se niega a acatar la Ley. No para todos los mortales. Por olvidarme declarar dos artículos en el “ABC”, este servidor de ustedes fue sujeto de una paralela o dos, ojalá si fuera Nadal el grande con la bola, entró, entró. Y el iluminado catalán, en cambio, sigue en sus trece mientras una región, amantísima mía, tanto en invierno como en verano, Lérida y Gerona, se va por las patas abajo.
Mas, cada día menos, ensoberbecido, se aferra al desacato. La deslealtad y la traición a España. ¿Y eso cómo se come?, me pregunta mi tía Pura que está en los cielos. Este elemento, o sea Mas, sigue con el desafío, a muerte. Tras su fracaso, quiere inmolarse con aquello de “la puta España”. El president ha resultado un cobarde. No tuvo coullons de venir a las Cortes españolas. Sólo juega en su campo, donde el Camp Nou está lleno de barretinas y banderas independentistas. Y luego, el tal Oms, su lugarteniente o portacoz, la voz de su amo, habla de la mano negra hispánica que se agita y se pronuncia desde los palcos blancos del Bernabéu. Jo. Qué tío.
El varapalo en el Congreso, por goleada -el PSOE en contra, sí pero no, federalismo dialogado, tócate los nísperos- nos lleva, irremisiblemente, a la pregunta que encabeza estas líneas. ¿Y ahora, qué, señor Rajoy? No le veo capaz, afecto presidente, de aplicar el 155 de la Carta Magna. Ni de cumplir y hacer cumplir las leyes. La Generalidad se pasa el Supremo y el Constitucional por el arco del triunfo. ¿No juró o prometió Arthur Mas el cargo que ostenta, mejor dicho, detenta? Poniéndonos en la mera especulación: si alguien plantea una duda, éste o aquél, es que existe predisposición para separarse. Pero, en todo caso, que se pronuncie el todo no una parte.
La historia se repite. Y no es bueno. Miren: los Macià y Companys la cagaron, con perdón, y el gran Unamuno comentó: “Yo no vi en Cataluña ese separatismo que dicen… La gente habla menos catalán que nunca; el pueblo, poco, los señorones, sí. Ésos lo hablan bastante. Pero se les nota que es por un prurito de ostentación. Allí la gente -seguía diciendo el escritor- está preocupada por cuestiones económicas. Por el Estatuto, poco, muy poco… Madrid seguirá mandando”.
En la entrevista de “El Sol”, 11 de noviembre de 1932, le preguntan por Maciá:
“-¿Lo vio…?
-Hombre, no. Para qué. A mi Maciá no me interesa. Es posible que sea un buen hombre… Lo vi en fotografía y me pareció una figura de madera”.
Mas, cada vez menos, ha tenido menos bemoles que Ibarretxe, otro iluminado que, en cambio, hizo acto de presencia en las Cortes de la soberanía popular española, acató la votación y se fue con el rabo entre las piernas. Éste, por el contrario, sigue desafiante. Hasta alcanzar el cenit del victimismo. Que lo detengan. O que pase a engrosar las figuras del Museo de Cera. Que se derrita…
PD.- Difícil papeleta la del Gobierno del PP. Por exceso o por defecto. Me quedo con el justo medio que diría Martínez de la Rosa, “Rosita la pastelera”, quien en su lugar de descanso, el gran Miguel Unamuno comentó: “Barcelona, con sus palmeras, su luz y sus pájaros, me parece más española que Madrid, que sabe a mucho mediodía y burocracia, pero en ella me quedo”.
Déjennos vivir en paz. Por favor.
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