José Manuel Cuenca Toribio | Sábado 19 de abril de 2014
Mas, pese a todas las críticas y reservas que legítima y justificadamente quepan hacer a la edición de los Diataris, del primer Delegado de España en la UNESCO, Joan Estelrich (1896-1958), éste se erige, por sus valores informativos y analíticos, en un libro clave para el conocimiento de aspectos sustantivos de la España de su tiempo y también del nuestro…
Incontables acontecimientos de la Segunda República, la guerra civil y de todo el primer franquismo y parte de su consolidación definitiva en la década de los 50, con nutrido número de sus principales actores así como de sus secundarios, dejan su huella en las páginas memoriográficas del escritor y político balear. Como se hace obvio señalar, Cambó y el círculo de sus principales colaboradores de la Lliga –Juan Ventosa, de manera muy especial y circunstanciada- y de sus afanes empresariales tienen una descripción detenida y, a las veces, incluso, morosa, en unos Dietarios de pluma ágil y, cuando la ocasión lo requiere, incisiva, en la que laten de manera permanente el poso y el estilo del periodismo español de la centuria pasada, el que escribió con frecuencia gran parte de los textos más alquitarados de la literatura de la época, abrillantada como ninguna otra en tal dimensión. Y no únicamente el escenario cultural y político patrio, sino también el argentino de los años treinta y el magrebí de los cuarenta reciben un tratamiento invariablemente perspicaz y asaz pormenorizado en facetas esenciales en la atención memorialística de un autor tan deudor de los clásicos como de los más importantes miembros de las vanguardias de su tiempo, retratados a las veces con pelos y señales en sus grandezas y miserias (¡semblanza de Emil Ludwig!; memorable silueta de Jules Romains; delicado perfil de Jacques Maritain…, et caetera et caetera).
Pero sin duda, al margen de las curiosidades y noticias acerca del gremio de los lletraferits siempre tan atractivas e instructivas para las gentes del oficio, la materia de los Diataris más imantadores y sugerentes para el lector de la España del primer semestre del 2014 es la atañente a la “cuestión catalana” y a las corrientes soberanistas que atraviesan el panorama más incandescente de la existencia hodierna del Principado. De mayor sensibilidad, si cabe, política que intelectual, la posición Estelrich ante el catalanismo resulta de singular relevancia contemplada con mirada actual. “8-X-18 (…) El gran defecte castellà: la incomprensió! Heus aquí l´essencialitat de la nostra divergéncia; nossaltres els entenem, ells no ens entenem, més ben dit, no volen entendre´ns, no són curiosos d´esbrinar la nostra psicologia” (p.114). “20-XII-1935. Polèmica amb Villalonga, el qual sosté que la Lliga hauria d´arribar a ésser una secció de la CEDA i el catalanisme intregr-se dins la política espanyola. El catalanisme ja hi està, d´ integrat, amb la diferèncie que les esquerres espanyoles sostenen a les catalanes, mentre que les dretes espanyoles ens hostilizen i vénen a mostrar als catalans que no més hi ha comprensió i solucions en el campo de l´ Esquerra. Nosaltres, la Lliga, estem al costat, corajotsa i decididamente dels conservadors espanyols en tots els problemes generals; pero els conservadors estan contra nosaltres furiosamente en la qüestió catalana” (p.136). Dados los límites de un artículo de prensa, estos dos textos serán suficientes para excitar el interés de los lectores del inquieto presente español, todo él conturbado por un diálogo entre Catalunya y el resto de España que no se coloca, por deficiencias de todas las partes –unas con mayor culpabilidad que otras, eso sí, por supuesto-, sobre los raíles adecuados, mientras que el tiempo corre irrefrenable ante la cita inexorable de un día D y una hora H cada vez más cercanos…
En el interregno hasta lance tan dramático, la lectura de la obra de Estelrich, conservador mallorquín desencantado de todos los amores menos del de la patria catalana, constituirá un recurso tan esclarecedor como fructuoso.