Los Lunes de El Imparcial

Yukio Mishima: La ética del samurái en el Japón moderno

RESEÑA

Domingo 20 de abril de 2014
Yukio Mishima: La ética del samurái en el Japón moderno. Traducción de Makiko Sese y Carlos Rubio López de la Llave. Alianza. Madrid, 2013. 192 páginas. 16 €

El Hagakure, en palabras de Ivan Morris, autor de La nobleza del fracaso, es el tratado sobre samuráis más importante. Hagakure significa “oculto por la hojarasca” y, aunque hay distintas hipótesis sobre el origen de este nombre, seguramente se refiere a la morada de su autor, Yamamoto Tsunetomo, un ronin, un hombre flotante, un samurái sin amo, aunque lo tuvo y lo perdió. Su señor prohibió que sus samuráis se quitaran la vida tras su muerte cometiendo junshi y, ya sin amo, decidió retirarse los últimos años de su vida a una choza donde dictó sus principios de vida a otro samurái más joven. El libro es, por tanto, una ética, un catecismo de la vida y la muerte. Pero por encima de ello, es un libro delicado, como una hoja seca, profundo al modo japonés del haiku (ese modo por el que cada frase es una posible rampa al destello de la iluminación), y paradójicamente práctico, tan práctico que hasta nos enseña qué hacer para no bostezar en público. Con estas características, no es raro que el Hagakure y Mishima colisionaran, y que de ese encuentro saliera una edición particular, Hagakure Nyumon o, lo que es lo mismo, una Introducción al Hagakure.

La vida y la obra de Mishima reflejan muchas de las paradojas que Japón arrastró durante siglos y que se concentraron misteriosamente en él. De alguna forma, Mishima fue un mártir de la historia japonesa, de su estética, de su ética, de su literatura, de sus patentes contradicciones engendradas en la era Meiji. Su fascinación por el Hagakure era inevitable. Un libro que comienza diciendo “descubrí que el camino del samurái es la muerte”, que sigue con “la persona calculadora es miserable”, que incita a actuar con desesperación siempre, que afirma que hay que alegrarse ante la adversidad, que aconseja atacar hasta el final sin pensar en ganar o en perder, que defiende que el amor auténtico solo puede existir en el secreto, que los seres humanos somos maboroshi (ilusión), que menosprecia fracasar a medias, que aconseja no ser frugal ni ahorrador en demasía, que alaba el abandono de toda sensatez, un libro así solo podía entusiasmar al alma estética y sublimada de Mishima.

La ética del samurái en el Japón moderno, recién editado por primera vez en España por Alianza Literaria, recoge este feliz y trágico encuentro. El libro está compuesto por una primera parte en la que Mishima comenta el Hagakure, y una segunda en la que recoge textos del libro original. En la primera, es obvia la tremenda huella que el Hagakure produjo en el autor. Mishima deja claro que es su libro de cabecera, al que ha vuelto una y otra vez. Afirma: “En este libro se despliega una comprensión maravillosa del mundo sin ninguna sombra de cinismo”, o “Hagakure se ha constituido en la matriz de mi literatura y en el manantial eterno de energía. Y eso gracias a su azote implacable, a su voz imperiosa, a su crítica acerba, a su belleza: la belleza del hielo.” Quizá por esa belleza, tras leer la primera parte del libro y entregarnos luego a la selección de Mishima de los textos originales, seguimos descubriendo en ellos un prosa recia, clara, con el color del musgo y los leves crujidos que acompañan a las hojas secas, una prosa a la sombra de la cual Mishima se encoge hasta alcanzar la estatura de un niño.


Por José Pazó Espinosa