Opinión

El Cártel de los Soles

Antonio Hualde | Miércoles 30 de abril de 2014
Se sabe que Venezuela es uno de los principales exportadores de petróleo a nivel mundial. Se sabe igualmente que este negocio es controlado desde el chavismo en beneficio propio y perjuicio ajeno, usando el crudo de todos los venezolanos para sufragar regímenes paniaguados y corruptos como el argentino, cubano, ecuatoriano o boliviano. De ahí que fuera tan importante que el incompetente de Maduro heredase el poder una vez muerto Chávez. Consumado el fraude, todo sigue igual.

Hay, sin embargo, un negocio casi igual de lucrativo, aunque bastante más escabroso, y que pocos conocen: el tráfico de drogas. Y en él está implicada la inmensa totalidad de la cúpula militar chavista. En Venezuela, los rangos militares se distinguen por soles en lugar de estrellas, razón que ha llevado a la DEA -la agencia estatal antidroga estadounidense- a denominarlo como el Cártel de los Soles. Llevan operando impunemente desde los años 90, y parece que no les va mal. Chávez lo sabía y lo amparaba. Maduro, hasta que aprenda a leer y escribir, seguirá haciendo todo al rebufo de su antecesor; si cabe, aún peor.

¿Por qué el chavismo se tomó en su momento tantas molestias para que el impresentable de Manuel Zelaya consumase su golpe de estado en Honduras y se hiciera con el poder? Muy sencillo: la línea del narcotráfico tiene dos puntos y una escala intermedia. El principio, Venezuela, el final, Estados Unidos, y la escala, Honduras. Qué mejor que tener en la poltrona presidencial a “uno de los suyos” para que todo fuera como la seda. Pero no pudo ser; el pueblo hondureño decidió que no quería a un lacayo del chavismo rigiendo los destinos del país y la operación se abortó.

Aún así, fue un contratiempo sin importancia. El negocio sigue, en estrecha connivencia con quien hoy es el principal actor del tráfico de cocaína en Colombia: las FARC. Pasaron ya los tiempos de Pablo Escobar. Sigue habiendo narcos “al uso”, pero en la actualidad es la narcoguerrilla quien corta el bacalao de la coca. Y los militares del chavismo están mano a mano con ellos. Ello explica porqué Chávez consideraba “hermanos” a los terroristas de las FARC, convirtiendo el área fronteriza con Colombia en un auténtico santuario desde donde la narcoguerrilla podía operar contra el ejército colombiano y, de paso, seguir con “sus negocios”.

Aunque cueste creerlo, Venezuela está ahora peor que con Chávez. Aquello de “otro vendrá que bueno te hará” se ha hecho realidad con Maduro, un auténtico cáncer analfabeto y con ínfulas de genocida. La brutal represión que está llevando a cabo contra sus propios conciudadanos es casi tan escandalosa como la complicidad de UNASUR. Las fuerzas armadas chavistas están masacrando al pueblo que juraron proteger. Y muchos de sus mandos, lucrándose con el narcotráfico. En casos como éste la realidad, tristemente, supera a la ficción.

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