El martes Zapatero recibe a Ibarreche
Miércoles 14 de mayo de 2008
A una semana de la reunión prevista entre el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el lendakari, Juan José Ibarreche, la banda terrorista ETA ha pedido carta política en la partida que sobre el tapete ocupa a los ejecutivos central y vasco. Y lo ha hecho utilizando el único lenguaje que sabe hablar, el mismo que maneja desde hace ya más de treinta años y que empleará en todas las ocasiones en las que quiera imponer sus tremendas pretensiones. Los asesinos han buscado una matanza entre los familiares de quienes velan por la libertad de todos en el País Vasco; han colocado una cantidad salvaje de explosivo junto a un cuartel de la Guardia Civil en Legutiano (Álava) y han matado a un agente.
ETA mata cuando puede y también cuando quiere. Elige para sus asesinatos los momentos políticos en los que quiere cobrar protagonismo para, apuntando con la pistola por debajo de la mesa y habiendo evidenciado su capacidad asesina, recoger los pretendidos réditos del terror.
Este atentado es, sin duda, su macabra forma de exigir la voz que ahora les niegan los socialista y los nacionalistas, pero que les otorgaron durante el mal llamado "proceso de paz", cuando a los terroristas se les consideraba interlocutores políticos, cuando se les llamaba hombres de paz y cuando se les daban esperanzas sobre la consecución de sus fines más de mil muertos después.
Fracasado "el proceso de paz" que las víctimas de la barbarie etarra calificaron de "rendición", el discurso del Gobierno ha regresado a los términos que no debió abandonar, tal y como los hechos demuestran. Los malos han vuelto a encarnar lo que nunca dejaron de ser y, hasta los jueces que con mayor facilidad se adecúan a los ritmos que los intereses gubernamentales marcan, se han dado cuenta de que ETA no sabe sino matar y de que Acción Nacionalista Vasca (ANV) y el Partido Comunista de la Tierras Vasca (PCTV) son ETA.
Pero el Partido Nacionalista Vasco (PNV) sigue desmintiendo con los actos las palabras. Las condenas de los atentados como el que hoy ha sembrado el terror en Álava se acompañan de los envites, cuando no órdagos, que en la misma línea de exigencias descabelladas de ETA lanza al Gobierno. El martes, Ibarreche le va a pedir a Rodríguez Zapatero que el Gobierno de España se siente en una mesa política con los asesinos de Juan Manuel Piñuel Villalón y que no descarte retomar el también mal llamado "fin dialogado de la violencia", y va a confirmar la amenaza ya lanzada: buscará hasta el último resquicio legal para celebrar "su" referéndum independentista en el País Vasco.
ETA no está dispuesta a permitir que el PNV ocupe el espacio político que ellos buscan conquistar mediante el asesinato, la extorsión, el chantaje y la violencia en todas sus formas. Quiere recoger las nueces del árbol que agita y por eso ha buscado hoy estar presente en la reunión del próximo martes entre Rodríguez Zapatero e Ibarreche a través de los cuerpos que quería reventar y del cadáver, otro más, que han puesto sobre la mesa.
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