Opinión

Tragedia en Afganistán

Domingo 04 de mayo de 2014
El corrimiento de tierras que ha causado más de 2.500 víctimas mortales en la región afgana de Badajshan, al noreste del país, habría tenido unas consecuencias mucho menos catastróficas de haberse producido en cualquier país mínimamente más desarrollado. La casi total ausencia de infraestructuras y medios más elementales está dificultando enormemente la asistencia a los damnificados, que pueden ser muchos más a medida que empiece a clarificarse la situación.

Afganistán vive ahora inmerso en un proceso electoral que dista mucho de ser normal, pero que al menos abre una tenue esperanza de que pueda empezar a tener algún viso de viabilidad. Desde hace décadas, el país está inmerso en una endémica espiral de violencia, que empezó cuando en los años 80 la entonces URSS protagonizó una invasión fallida. Posteriormente, los talibanes siguieron devastando el país y ahora, con la coalición internacional deseosa de abandonar una misión no querida ya por nadie, empiezan a verse las carencias de una sociedad que precisa de todo. De ahí que la tragedia en Afganistán no sea sólo la estrictamente natural, sino la situación de precariedad en todos los aspectos a que han de enfrentarse a diario.