Miércoles 07 de mayo de 2014
Pese a que las encuestas le colocaban en tercera posición, Juan Carlos Varela se hacía este pasado fin de semana con la presidencia de Panamá. Se imponía así no sólo a los otros dos candidatos, José Domingo Arias y Juan Carlos Navarro, sino al hasta ahora presidente del País, Ricardo Martinelli. Y es que el enfrentamiento entre éste último y Varela era más que evidente, pese a ser Varela vicepresidente en la actualidad.
Panamá es un país de contrastes. Llamado por el propio Martinelli “el Dubai de las Américas”, es quizá el más destacado de la región en este momento. Más del 5 por ciento del tráfico marítimo mundial atraviesa anualmente su canal, lo que le aporta unos sustanciosos ingresos. Eso en parte explica que promedie una tasa de crecimiento superior al 8,3 por ciento, y que la construcción en el país sea un negocio boyante -no sólo las obras de ampliación del canal y sus consabidos retrasos, sino también la obra del primer Metro de Centroamérica-. En el extremo opuesto se sitúa Venezuela, quinto productor mundial de petróleo pero con unos datos abismalmente peores en todos los sentidos.
Por otra parte, Panamá es el sexto país con mayores desigualdades de todo el continente americano. Pese a haberse convertido en un referente en materia de servicios financieros, concebidos a modo de centro bancario offshore -dichos servicios financieros representan el 7 por ciento del PIB nacional y el crédito crece a ritmos del 13 por ciento anual-, un tercio de sus habitantes depende de la economía sumergida y vive en condiciones de pobreza. Este será uno de los retos a los que deba hacer frente Varela. El otro, mantener la pujanza económica del país y su imagen de solvencia con respecto a los de la órbita chavista.
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