En España se conoce por '
debate electoral'. Fuera de nuestras fronteras se emplean estas mismas palabras para referirse a otra cosa. En Francia, Alemania o Reino Unido también hay miedo al error, se cuida cada detalle y se exploran las distintas variables que se le pueden presentar al candidato durante la emisión. La imagen ha de ser acorde a la idea y espíritu de la campaña, hay que evitar el sudor, el atropello en la exposición de los argumentos o la duda. También la inexactitud, o la prensa digital y las redes sociales se encargarán incluso antes de que finalice la contienda de echar abajo una cifra o de desmentir una afirmación. Y hasta aquí, los puntos en común. Hasta aquí los puntos en común porque en los países citados, hay más, la noticia es el número de debates y las fechas, así como los cambios que generan en la intención de voto, mientras que aquí lo es sencillamente que haya, ya que no ha ocurrido en todas las ocasiones.
Los encargados de negociar el 'cara a cara' entre
Miguel Arias Cañete y
Elena Valenciano han sido
Carlos Floriano por el Partido Popular y
Óscar López, por el Socialista. No estará el resto de candidatos con opciones de escaño. Todo atado: los tiempos de la introducción, los bloques temáticos y la conclusión y hasta quién comienza en cada uno de ellos. De tal forma que el moderador ha de olvidar su oficio de periodista para limitarse al guión establecido por los partidos, sin poder siquiera manejar con flexibilidad el minutado en función de que determinadas cuestiones queden incompletas o la discusión sea rica para el espectador y potencial votante. La elegida ha sido María Casado y no precisamente por la también elegida
Televisión Española, pues hasta en este punto hay capacidad de veto de Génova y Ferraz, lo que no resta valía a la profesional, contrastada ya en distintos y complejos formatos informativos.
Los estudios Buñuel son escenario por tanto de una prolongación de la campaña. Que nada estropee el trabajo llevado a cabo. No se entiende de otra forma una escaleta no elaborada por legítimos gestores del derecho a la información de los ciudadanos. No habrá examen a los candidatos que aspiran a representar en Bruselas a los españoles por parte de incisivos comunicadores, muy al contrario que en democracias avanzadas muy próximas y, esta vez, como cada cinco años, inmersas en el mismo proceso que Arias Cañete y Valenciano: las
europeas. El
PP quiere hablar de recuperación económica y de Europa y el
PSOE, de España, de problemas domésticos que se extrapolarían a lo comunitario, relatan. Así, lo excepcional y fuera de toda previsión es el ganador, de haberlo. Y fuera de toda duda, que el elector se quedará una vez más sin un debate como el de los vecinos más aventajados. Antes de celebrarse ya se conoce el resultado: los vencedores, en la pantalla; los perdedores, al otro lado.