Ignacio Fernández Candela | Lunes 19 de mayo de 2014
Por desgaste de lo político inmerso en miríadas de corruptelas conocidas y por descubrir, no cabe un engaño más que no pase inadvertido ante la sociedad española. No existe garantía social sin la confianza debida que han de ganarse los que rigen los destinos del país. La incertidumbre es el máximo exponente de nuestros males con una pérdida de credibilidad sobre una casta evidente de favorecidos que vive a costa de la explotación de un pueblo debilitado y confuso, cuando no ciertamente engañado.
Es perentoria una reforma constitucional, un reordenamiento de gran calado que abarque las problemáticas de la actualidad, para seguir asegurando las bases institucionales debilitadas por la amenaza de la confrontación visceral y la disensión territorial.
En tanto, la política está básicamente alienada y, sin credibilidad, no hay garantía de soluciones por muchas promesas que se viertan en el saco roto de los actos que desmienten a las buenas palabras. Ahora llegan las elecciones europeas y la frustración será la actitud que abstenga a muchos de votar. La pérdida de la esperanza es generalizada hasta el punto de creer que otras alternativas son inconsistentes y prescindibles, pero con la tentación de la indiferencia por ejercer el derecho a voto rasamos la propia derrota de la democracia, la libertad que entre todos nosotros posibilitamos cuando decidimos. Para la próxima cita contamos con candidaturas novedosas, aunque cuesta creer que sean prácticas después de estar tan escarmentados. Tampoco brinda confianza un Parlamento Europeo que adolece de los elementales lastres de corrupción al descubierto en España.
Estas elecciones están marcadas por la multiplicidad de partidos que aspiran a un escaño. Hay que ser valiente para impulsar una nueva apuesta electoral en la tesitura de los momentos políticos y sociales que padecemos o ser aprovechados para sacar rédito personalizado de la reivindicación ciudadana. No es conveniente mezclar churras con merinas, no sea que salgamos democráticamente trasquilados.
Las próximas elecciones europeas son presa del oportunismo de endiosados cantamañanas, adoradores además de dictaduras socialistas, y de jueces con aires fulleros cuya faz es reflejo intrínseco de la perfidia demagógica en busca de intereses propios arengando sobre el supuesto beneficio de la mayoría. Siendo la política el imperio de la mentira orteguiana era de prever que con el descontento incluso surgiera algún fantoche capaz de figurar, con más cara que espalda, en el logotipo de una formación política para mayor gloria de su ensoberbecido fundador.
La subliminal sigla Red, rojo en inglés, de la mano de Elpidio Silva, recuerda la garzonada radical del otro juez suspendido. Una huida hacia adelante echando mano del populismo barato, no es alternativa digna de considerar en alguien que engatusa a incautos pasándose por el forro de la toga la ley que debiera respetar. La facilona demagogia del magistrado es posible jugando con la básica ignorancia de los que confunden Justicia contra el abuso del poderoso y la mera prevaricación.
En cuanto a Podemos de Pablo Iglesias con alusión al We can obamaniano, decir que si el original ya fue malo, segundas partes en sucedáneo de baratillo y de españolada izquierdista radical nunca serán buenas. Ni RED ni Podemos son alternativas fiables que sí factibles porque en España somos así de necios que caemos en las mismas garras empeñados en defendernos de los mismos errores. Estos son los sobrantes del oportunismo identitario respecto a otras propuestas acordes con la seriedad democrática que exige ahora un necesario regeneracionismo político. Ya me pronuncié al respecto sobre la puntual conveniencia de una opción seria como VOX.
La Elecciones Europeas podrían ser el prolegómeno de un ejercicio de responsabilidad para con nosotros mismos, los votantes, ya que los políticos han vendido el bienestar social al precio del favoritismo de lo suyo. Luego las autonómicas y municipales, ante las generales, pueden constituir un férreo control sobre estos gobernantes del bipartidismo pactado que olvidan con suma facilidad las promesas electorales.
España está enquistada desde hace 10 años, toda España ahora en vías de escisión. En política no parece haber espacio para el pionerismo con tantos comensales de sopa boba invitados al banquete del parasitismo vitalicio. Los electores estamos obligados a enjuiciar las obras de los que desmantelan el beneficio social en busca de la avaricia sectaria. Es normal que viendo peligrar la manduca los dos partidos mayoritarios alerten sobre la atomización del arco parlamentario, obviando puntualizar que provocado por ellos mismos en el hartazgo inefable de una ciudadanía que los aborrece. Esa desafección se la han ganado a pulso siendo el PSOE el verdadero culpable de este divorcio con la clase política, aunque después el Partido Popular tampoco parece que haya querido evitarlo con sospechosa afinidad por las intenciones socialistas.
El conformismo ha de ser el enemigo a batir en nuestro derecho por decidir. La política en España ha llegado al punto de no retorno que exige un renacimiento lejos de la pútrida concepción interesada de los que abusan de la ciudadanía con las prebendas repartidas del poder. Al PP y al PSOE se les ha visto el plumero acomodaticio de la conveniencia a espaldas del pueblo que explotan. Ya no cuela aquello del servicio al ciudadano. El quiste es nocivo y absolutamente fusionado contra nuestra salud democrática.
¿Cómo saber si será acertada nuestra selección? simple; llegados a este punto de extremos cotidianos, lo que desautorice a las castas acomodadas de lo político será beneficioso para el ciudadano. Triste decirlo, pero es evidente.
Las urnas mandan, aunque sea por un día. Estas elecciones europeas podrían significar un necesario toque de atención que invite a reflexionar sobre el descontento social ante el enraizado despotismo que la preferente y abusiva dicotomía ha generado. Quizá el PP entienda el mensaje y en dos años remonte la credibilidad perdida. La del PSOE de Rubalcaba y Valenciano hay que darla por hundida, definitivamente, que no todas las elecciones van a ser aprovechadas al sangriento, oscurantista, reincidente y nada casual estilo de las dos nefastas legislaturas del zapaterismo que terminó arruinando a todos sin distinción ideológica; en eso, al menos, los españoles nos hemos puesto de acuerdo. El 25 de Mayo, si existe vida inteligente en España, lo comprobaremos.