Sábado 24 de mayo de 2014
Hace unos días las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) anunciaron a bombo y platillo que llevarían a cabo un alto el fuego unilateral con motivo de las elecciones presidenciales que, en su primera vuelta, se celebran mañana en el país hipanoamericano. Pero transcurrido escaso tiempo desde el anuncio, rompieron ellos mismos la tregua con un ataque en el departamento de Antioquia. Afortunadamente, la acción guerrillera se vio frustrada por la intervención del Ejército Nacional, pero, más allá de su resultado concreto, el hecho es altamente revelador del talante traicionero de los narcoguerrilleros y de cómo entienden el cumplimiento de sus propios compromisos. Lo sucedido habría de ser muy tenido en cuenta por los candidatos que se presentan a los comicios de este domingo, especialmente por el actual presidente, Juan Manuel Santos, impulsor de las conversaciones de su Gobierno con las FARC, que se desarrollan en La Habana desde hace dos años.
Las presidenciales van a ser enormemente reñidas, pues, según las últimas encuestas de intención de voto, puede producirse un empate técnico entre Santos, que aspira a la reelección, y Óscar Iván Zuluaga, del Centro Democrático, partido fundado por el expresidente Álvaro Uribe, con lo que las inminentes elecciones se están convirtiendo en buena medida en la escenificación del enfrentamiento entre Santos y Uribe. Enfrentamiento en el que tiene mucho que ver la distinta posición de uno y otro ante las FARC.
Santos abogó por el diálogo metiéndose en un jardín que cada día se ha ido revelando como más complicado y que, contrariamente a lo que creía presentándose como el artífice de la paz, no ha dejado de ser un factor muy a considerar en su caída de popularidad, unido a otros como, sobre todo, los paros agrarios, que, si bien reflejan el descontento del campo colombiano, no son ajenos a las maniobras de la guerrilla para manipularlos, capitalizarlos y utilizarlos como medida de presión contra Santos con el fin de sacar ventaja en la mesa de negociación. Por su parte, el uribismo, aunque no condena de plano y en todos sus términos las conversaciones con la guerrilla, sí cuestiona a fondo la manera en que se han planteado, rechazando en especial cualquier atisbo que suponga inaceptables cesiones a las FARC que contribuyan a la impunidad de sus crímenes.
Durante toda la campaña, Juan Manuel Santos se ha vendido como el único capaz de alcanzar la paz, acusando a su principal oponente, Óscar Iván Zuluaga, de estar contra ella. La ruptura del alto el fuego por los mismos que lo propusieron no debería quedar como algo intrascendente. Máxime cuando confirma un comportamiento similar en otras ocasiones. No estaría de más que Santos se preguntara sobre la validez de unos acuerdos con quienes a las primeras de cambio traicionan su propia palabra.
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