Lunes 30 de junio de 2014
El peor resultado electoral de la historia del PSOE se ha cobrado ya su primera víctima política: Alfredo Pérez Rubalcaba. Será en el congreso extraordinario del julio donde se decida el nombre de la persona que ocupará la secretaría general de un partido desnortado y a la deriva. Es pronto aún para empezar a barajar dos listas de nombres: la de los que quieren venir, y la de quienes deberían marcharse.
Entre los primeros, Carmen Chacón ha aprovechado la debacle de las europeas para volver a hacerse oír. Vendrán más, aunque más le vale al PSOE que no traigan las alforjas del pasado que lastran a Chacón. Y en cuanto a los segundos, el hecho de que Rubalcaba asuma personalmente el último fracaso le honra, aunque no basta. Rubalcaba es la cabeza visible de un equipo en el que Elena Valenciano, Oscar López y demás también tienen su cuota de responsabilidad.
Dicha responsabilidad, dicho sea de paso, no consiste sólo en mirar hacia Ferraz de puertas adentro, sino al futuro político del país. Si los resultados se extrapolasen en clave nacional, hoy España sería poco menos que ingobernable, con una suerte de nacionalistas, radicales de izquierda y ventajistas varios ocupando un buen número de escaños. Aquí, pues, el reto es dual: tanto PP como PSOE deben reflexionar sobre el mensaje que les ha transmitido el electorado y obrar en consecuencia.