Nacional

PP y PSOE se quedan sin margen de error

Crónica política

Lunes 30 de junio de 2014
En la última crónica política, previa a los comicios europeos, se alertaba de que los partidos grandes le estaban haciendo la campaña a los pequeños. Los resultados así lo confirmaron: creció contra todo pronóstico la participación y esta no fue precisamente a parar a Partido Popular y Partido Socialista, sino que quienes se movilizaron lo hicieron para castigar al estos, aún en pie pese al varapalo. Sin embargo, en aquella crónica política también se sostenía que las europeas podían suponer la última oportunidad de errar, de improvisar, de enrocarse en estrategias que antaño han funcionado pero hoy quedan sepultadas por nuevas herramientas de participación tanto en medios de comunicación como en redes sociales y foros públicos. En 2015 son las autonómicas y municipales. Aunque distintas a las celebradas este pasado fin de semana, si no hay reacción por parte de los habituales, el riesgo de caer ante coaliciones contrarias al actual sistema en destacados feudos es elevado. Meses más tarde, a finales de año o enero de 2016, las generales.

Pedro Arriola, arquitecto de los actos y mensajes de Miguel Arias Cañete estas recientes semanas, achaca la irrupción de Podemos a las numerosas intervenciones televisivas de Pablo Iglesias, quien aceptó todas las peticiones de entrevista y hasta se quejó de no haber recibido más llamadas, especialmente de la pública. Extraña entonces que Arriola rechazara para su candidato aquello que, a su parecer, dio éxito a terceros. Anuló citas con prensa o emisoras que pudieran plantear cuestiones espinosas -entre ellas, a El País o la Cadena SER, números uno en audiencia-. Encerró casi literalmente al aspirante para conservar el resultado, suficiente pero insatisfactorio para Génova, mientras otros aprovecharon cada minuto de campaña para lanzar dardos tanto contra 'populares' como contra socialistas, por primera vez bajo el umbral del 50 por ciento de voto en un escrutinio. Hasta Izquierda Unida se llevó un revolcón el domingo por hacer un guiño a Mariano Rajoy. Los de Cayo Lara dejaron a los periodistas en la sede frente a una pantalla de plasma, permitiendo sólo a los cámaras el acceso al discurso de los protagonistas. Se vieron obligados a rectificar ante la presión.

No cabe el miedo, el electorado lo huele y ha aprendido con el paso del tiempo. También huele que Arias Cañete o Valenciano pisan calle, campo o astilleros y reparten abrazos sólo cuando necesitan el voto. Las cuentas de uno y otro en Twitter se paralizaron conocidos los resultados. El primero ni siquiera permitió a la prensa preguntar en Génova tras largas horas de espera. El electorado supo también del debate precocinado, rígido y de la maniatada moderadora, que se debía limitar a seguir el guión de los partidos. También de los principales actos de estos líderes, en espacios cerrados y con acólitos, controlando muy bien que no accediera algún detractor o indeciso que pudiera no sonreír o aplaudir al paso de las cámaras. Cámaras, por supuesto, propias; las ajenas estaban prohibidas. Entretanto, otros se patearon el país interviniendo antes miles de personas unas veces, ante centenares, otras, y ante decenas, algunas, pero casi siempre en espacios abiertos, con formatos participativos y presupuestos ínfimos. Cualquiera podía grabar, preguntar o expresar discrepancia.

Génova y Ferraz aseguran haber tomado nota de lo ocurrido. Uno y otro garantizan saber que la clave está en la pedagogía, en una mejor comunicación y en una mayor proximidad con el elector. Dicho esto, la reacción del primero ha sido prometer en breve periodo una ofensiva de discursos en clave patriótica y del segundo, una renuncia, la de Alfredo Pérez Rubalcaba, no sin antes priorizar un congreso sobre las primarias abiertas por las que el líder del socialismo iba a ser elegido por un abundante y plural grupo de ciudadanos y militantes (aunque en este momento, ante las críticas, Pérez Rubalcaba replantee este camino). En conclusión, creen que la medicina al suspenso en las europeas pasa por más eslóganes parapetados en aforos repletos de acólitos, unos, y por sucesiones limitadas por las paredes de la formación, los otros. ¿Han entendido el mensaje del 25 de mayo? Al menos en caliente, en las primeras horas, poco o nada hace creer que sí.