Lunes 30 de junio de 2014
El realismo mágico, que en literatura ha dado excelentes frutos como por ejemplo las novelas del Premio Nobel Gabriel García Márquez, tiene en la actual Venezuela chavista un lado grotesco que las autoridades alimentan día a día. Empezando por el propio presidente, Nicolás Maduro, a quien, según él mismo ha confesado, se le aparece su mentor Hugo Chávez en forma de pajarito, o contempla su rostro en una de las paredes de los túneles en las excavaciones para una línea del Metro de Caracas.
En esa visión esperpénticamente mágica de la realidad tan del gusto chavista hay un elemento al que el país líder del eje bolivariano le profesa un especial cariño, insistiendo en él con ahínco. Además del pajarito-Chávez, Maduro ve por doquier complots contra su persona e intentos de magnicidio y golpes de Estado. Hace escasos meses lanzó a los cuatro vientos la idea de que había una conspiración en marcha, supuestamente auspiciada por el expresidente de Colombia, Álvaro Uribe, al que acusaba de ser el instigador de las manifestaciones antichavistas. Igualmente, hace poco anunció que se había detenido a varios oficiales de la Aviación por encabezar un golpe de Estado, y también no hace mucho explicó que se estaba realizando un despliegue de defensas antiaéreas en las ciudades venezolanas más importantes, para garantizar, en palabras del excéntrico presidente, que “jamás una aviación extranjera, imperialista, enemiga, entre en una ciudad venezolana”. De todas esas supuestas acciones contra Maduro nunca más se supo.
Ahora la plana mayor del chavismo vuelve erre que erre con sus delirios al denunciar que la exdiputada y dirigente opositora Corina Machado está tramando un plan para asesinar a Maduro, en el cual tendría especialmente el decidido apoyo de Kevin Whitaker, nuevo embajador de Estados Unidos en Colombia. La paranoia chavista no deja de esconder una estratagema que, por ridícula que sea, busca el victimismo para intentar despertar en la población su respaldo. Aunque la situación en Venezuela sigue siendo catastrófica y el país va a la deriva, las protestas han aminorado y parece que Maduro ha conseguido debilitar y dividir a la oposición. Una oposición que no debe cejar y ha de contar con la ayuda de la comunidad internacional.