El TEATRO EN EL IMPARCIAL
Lunes 30 de junio de 2014
El mayor festival de Teatro Alternativo, SURGE, se encamina en la Comunidad madrileña hacia su recta final. Es el momento de disfrutar creaciones inventivas e insólitas como “Dentro y fuera”, un juguete cómico que con toda certeza sobrevivirá al festival donde se ha estrenado por su sabía combinación de crítica, experimento y humor. Por Rafael Fuentes
Dentro y fuera, de Víctor García León y Paola Matienzo
Director de escena: Víctor García León
Intérpretes: Alberto Jiménez, Paola Matienzo, Alicia Rubio y Pepe Ocio
Lugar de representación: Sala AZarte de Madrid
Por RAFAEL FUENTES
“Dentro y fuera” es un afortunado juguete cómico sustentado en un ingenioso experimento sobre nuestra percepción, firmado al unísono por Paola Matienzo y Víctor García León, del que recordamos el excelente guión y dirección de “Vete de mí”, película con la que cosechó diversos galardones en el Festival Internacional Viña de Mar, el Festival de Cine de Nantes, el Festival de San Sebastián y en los Premios Goya a la cinematografía española. La pieza escénica que ahora se estrena posee sugerentes líneas de continuidad con aquella cinta. Ambas tienen como protagonistas a actores de teatro que van hundiéndose en un opresivo fracaso emocional y también en los dos casos la acción se desenvuelve con arreglo a pequeños episodios que en un principio parecen deslavazados y desprovistos de una clara conexión, pero que gradualmente van trenzando un tejido cada vez más lleno de sentido, hasta que el desenlace nos permita descubrir sus sólidos vínculos de unión. Tenga, pues, paciencia, en los primeros compases de la comedia porque su desarrollo y resolución con toda seguridad le sorprenderá.
Ese inteligente juego con la percepción es ahora mucho más aventurado en una obra teatral como “Dentro y fuera” que en aquel filme. Por lo pronto, el público queda repartido en dos espacios escénicos que en la Sala AZarte se dividen en un primer escenario en la planta de arriba y un segundo escenario en la planta de abajo, conectadas por una escalera. Si el espectáculo se trasladase a otro teatro, esa escisión podría distribuirse con arreglo a otras posibilidades, por ejemplo un escenario a la derecha separado respecto a un escenario a la izquierda. El experimento de percepción requiere en cualquier caso que el público vea primero solo media representación en una sala y tras el descanso contemple la otra mitad en la otra. Si su entrada le lleva a tomar asiento en primer lugar en la sala de abajo, se encontrará instalado en los camerinos donde los intérpretes de una comedia que se representa arriba se maquillan, cambian de ropa, descansan o discuten. Este no es un espacio cómico ya que a través de este hábil dispositivo metateatral se nos convierte en testigos directos de las aspiraciones y reveses de este grupo de actores cuando están “fuera del escenario”, en un clima a la vez melancólico y crispado.
En la sala de abajo es donde se rompe decididamente con la cuarta pared insertando al espectador dentro del camerino como si fuera una parte muda del elenco y en cualquier momento hubiera de subir a escena, aunque nunca los actores interpelan al público. El texto no está estrictamente memorizado, sino que sigue una línea interpretativa sobre la cual cada protagonista posee un amplio margen para la improvisación. Una forma de trabajo ya habitual en los ensayos preliminares al estreno de cualquier pieza dramática que aquí está al servicio de incrementar la naturalidad de la acción que se despliega en el camerino y remarcar ese milagro cotidiano del teatro que día tras día repite la misma función haciendo que, también jornada a jornada, la función resulte nueva, distinta, recreada y reinventada instante tras instante. En “Dentro y fuera” ese alto grado de discrecionalidad para la improvisación tiene asimismo un objetivo propio que solo descubriremos cuando estemos en la sala de arriba. Los cómicos interpretan personalidades muy dispares en situaciones anímicas abiertamente encontradas: la arribista que emplea el sexo para escalar, el iluso que se autoengaña con éxitos quiméricos, el que abusa de su posición, quien asienta su orgullo en protagonizar producciones televisivas y aquel otro personaje desencantado y atemorizado por el riesgo del fracaso. Todos deberán enmascarar rápidamente sus pasiones cada vez que les corresponde subir a la sala de arriba para representar una comedia sentimental que edulcora con tintes rosa la vida real, lo que ya sucede “dentro del escenario”.
Cuando nos toca ver, en la sala de arriba, esa falsificadora historia comercial, se nos revelan los fragmentos que nos faltaban para comprender ese rompecabezas humano que comenzaba a armarse en los camerinos. La auténtica comedia se abre camino conforme el texto inicial se va cuarteando y los actores sustituyen la acción prevista por improvisaciones donde irrumpen los conflictos que hemos visto germinar en los camerinos. La ironía, la comicidad y las carcajadas se desencadenan en ese sarcástico contraste entre las apariencias de una alta comedia y las realidades humanas de sus intérpretes. (Aunque, quizá, en este ensayo con la percepción, sus apreciaciones sean distintas si les corresponde contemplar primero la descoyuntada comedia de la sala de arriba y después la lucha de egos y pasiones del camerino en la sala de abajo). Sin duda la iniciativa en la comicidad y el doble juego de los personajes recae en el excelente trabajo interpretativo de Alberto Jiménez, un actor con una larga trayectoria de éxitos al que no le ha dado vértigo arriesgar en un experimento escénico donde no se apuesta sobre seguro: buena señal de no enquistarse en el divismo ni en roles mecánicos aceptados de antemano por su público. Pepe Ocio le secunda con una actuación perfilada con pulso firme, junto a las creativas interpretaciones de Paola Matienzo y Alicia Rubio.
“Dentro y fuera” habla de actores y teatro, pero no hay que ser un avezado sociólogo para percibir su carácter metafórico frente a los problemas generales de nuestra época. En la obra se satiriza la ya casi extinta alta comedia y el teatro comercial con tintes románticos. Pero también a una sociedad que genera bellas apariencias -cinematográficas, publicitarias, televisivas, políticas, con los trazos típicos de las revistas del colorín-, para ocultar la angustia y el sufrimiento en esos inmensos camerinos colectivos donde se desenvuelve nuestra vida cotidiana. Incluso a un país que se fabricó a comienzos de siglo un ensueño de aparente prosperidad sin límites y que una década después vio derrumbarse esa fachada como se desploma una escenografía de cartón piedra. A poco que se piense “Dentro y fuera” ejerce una gran crítica de nuestro hoy, pero sin grandilocuencia, sin desgarros impostados, con sutil inteligencia, con las variaciones e improvisaciones de una pieza de jazz en una indagación genuinamente conectada a un humor experimental y alternativo.