CRÍTICA
Lunes 30 de junio de 2014
Pedro J. Ramírez: La desventura de la libertad. La Esfera de los Libros. Madrid, 2014. 1.165 páginas. 39,90 €
La etapa inicial del siglo XIX, en la que la Revolución liberal trató de imponerse en una España maltrecha que acababa de salir de la Guerra de la Independencia y se enfrentaba a la pérdida de su imperio colonial, es una de las más cruciales de nuestra Historia Contemporánea. El camino del liberalismo no fue fácil y hasta que las reformas aprobadas en Cádiz lograron triunfar, se produjeron violentos vaivenes y retrocesos. El mayor enemigo de los cambios fue el propio rey Fernando VII, el cual trató por todos los medios de impedir que la Monarquía absoluta fuese reemplazada por la Monarquía constitucional. Tuvo que aceptar la Constitución en 1820 pero hizo todo lo que pudo para volver a restaurar el absolutismo. El momento más decisivo de este convulso periodo fue el que se produjo en el año 1823 como consecuencia de la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis, enviados desde la Francia de Luis XVIII por mandato de las potencias conservadoras de Europa, para acabar con el régimen constitucional.
Algunas investigaciones habían ya analizado el proceso que llevó al restablecimiento del absolutismo en España con la ayuda extranjera, pero ninguna hasta ahora lo había abordado con la minuciosidad y el lujo de detalles que nos ofrece La desventura de la libertad. Y no resulta fácil simultanear el relato de eso que un historiador de nuestro siglo XIX llamaba “infinitos pequeños sucesos” con el análisis general de la crisis del Trienio. Pedro J. Ramírez lo ha conseguido en este libro en el que aborda el estudio de los pocos meses que transcurren entre la entrada en España del ejército del Duque de Angulema y la restauración de la Monarquía absoluta de Fernando VII.
Sevilla y Cádiz fueron los escenarios principales en los que se desarrollaron los hechos referidos. Ambas ciudades andaluzas jugaron un papel fundamental en la crisis del Antiguo Régimen. En Sevilla se refugió la Junta Central en 1809 y allí tuvieron lugar los primeros debates sobre las reformas que iban a aprobarse más tarde en Cádiz en el seno de las Cortes. Ahora, de nuevo, en 1823, Sevilla y posteriormente Cádiz, volverían a acoger a las Cortes –esta vez arrastrando consigo al rey- cuando se produjo la otra invasión francesa, en esta ocasión no para imponer a un extranjero en el trono, sino para devolver la soberanía plena a Fernando VII. Pues bien, La desventura de la libertad comienza precisamente en el Alcázar sevillano -residencia del monarca en la capital andaluza- con el nombramiento de José María Calatrava para que encabezase el Gobierno liberal y termina con el exilio en Londres del político extremeño después de la caída del régimen constitucional. Entre esos dos episodios, el autor de este interesante estudio desgrana con precisión el curso de los acontecimientos desde diferentes enfoques. Aborda las negociaciones entre las potencias europeas para resolver el caso de la revolución en España, dedica especial atención a las tensiones desarrolladas entre Fernando VII y los prohombres liberales que querían salvaguardar la Constitución y describe pormenorizadamente las operaciones militares que se llevaron a cabo hasta la entrega del monarca al Duque de Angulema en el Puerto de Santa María.
Cualquiera que haya empleado su tiempo y su esfuerzo en la investigación histórica sabe de sobra la dedicación que requiere el análisis exhaustivo de las fuentes documentales y de la bibliografía existentes para llevar a cabo la tarea con el necesario rigor y conseguir resultados satisfactorios. Amén de lo que significa la estructuración lógica de la información y la redacción un discurso coherente y al mismo tiempo asequible para el lector. Pues bien, el autor de este libro, Pedro J. Ramírez, no sólo ha llevado a cabo con éxito esta ingente tarea en dos años y medio -según sus propias manifestaciones- sino que ha tenido que simultanearla con un trabajo tan absorbente como sin duda es la dirección del diario El Mundo.
El libro resulta apasionante ya que el estilo narrativo que utiliza Pedro J. Ramírez –entre periodístico, galdosiano y académico- ofrece verosimilitud porque se sostiene sobre una base documental enormemente sólida y variada. El núcleo y, al parecer, el origen del estudio, lo constituyen los papeles reservados de José María Calatrava, una auténtica joya documental que le fue ofrecida al autor por un librero de forma casual. Pero este testimonio original se ha contrastado con las informaciones obtenidas en la abundante prensa de la época, El Zurriago, El Restaurador, El Diario Mercantil y otros muchos, así como en la Gaceta Española y en la Gaceta de Madrid. Se han consultado también las numerosas publicaciones de memorias, recuerdos y correspondencia de los muchos personajes, de mayor o menor relieve, españoles, franceses, ingleses, que han ofrecido su testimonio sobre estos hechos y desde diversos puntos de vista. En fin, el autor no ha ahorrado esfuerzos para reunir una amplísima relación de fuentes de todo tipo que arropan al documento de Calatrava y que se traducen en numerosas notas al final de cada capítulo.
Con ese abundante aparato documental, Pedro J. Ramírez ha acertado a dar vida a los protagonistas de esta historia, presentándolos como personajes de carne y hueso. Entre ellos destaca la firmeza de Calatrava en la defensa de la Constitución con sus propias palabras: “…aquí gobierna la Constitución y nadie reina ni reinará ya en España sino las leyes y la justicia” (p.82); o la doblez de Fernando VII, el cual “… mientras alimentaba la esperanza de los ministros… instaba por la espalda a los franceses para que amedrentaran a unos y otros en los términos más implacables que podían concebirse dentro de las leyes de guerra” (p. 869). Estos y otros muchos desfilan por las más de mil páginas del libro revelando su auténtico papel en estos dramáticos acontecimientos.
El régimen constitucional cayó como consecuencia del embate exterior en un momento en el que las potencias conservadoras de Europa veían el peligro de que la Revolución en España contagiase a otros países. El liberalismo no pudo triunfar, a pesar de su afán de reforma, de su idealismo y de su ilusión por el resultado de la nueva política. Pero es que estos revolucionarios eran más teóricos que prácticos y la Constitución que con tanto entusiasmo se proclamó en 1812 había mostrado pronto su inaplicabilidad. Sus defensores prestaron más atención a los planteamientos doctrinales que a ejercer la función de gobierno. Calatrava, como se pone de relieve en La desventura de la libertad, fue quien mejor tomó conciencia de que era necesario un golpe de timón para evitar la vuelta a “la ominosa arbitrariedad”. No pudo conseguirlo, y es que, como escribiría Pío Baroja: “La revolución era como un carro pesado tirado por mariposas”.
Por Rafael Sánchez Mantero