Opinión

El intricado laberinto de las próximas elecciones

Joaquín Vila | Lunes 30 de junio de 2014
El resultado de las elecciones europeas en España, al igual que en el resto de Europa, ha convertido el panorama político en un auténtico laberinto. Un laberinto para la casta política y para la propia opinión pública, desconcertada, hastiada, arruinada por la crisis económica que todavía nadie sabe de dónde viene ni a dónde va. Y ésa catástrofe económica resulta ser la clave de todo, por mucho idealismo que algunos intenten insuflar en sus peroratas. Mayo del 68 se fue volando con el viento.

La “revolución” que ha supuesto la irrupción de los extremistas, tanto por la derecha como por la izquierda, ha surgido por la crisis económica, por la depresión del electorado más afectado. La ultraderecha se ha hecho fuerte al proclamar un rancio patriotismo antieuropeo junto al odio hacia los inmigrantes, como causa de todos los males al acaparar el empleo con sueldos denigrantes. Ese fue el embrión de la existencia y el éxito político de Le Pen, cuya hija ha seguido el guión al milímetro y, al final, se ha encaramado como la primera fuerza política en Francia. Todo un seísmo. En Gran Bretaña, Dinamarca y Holanda ha ocurrido lo mismo. La xenofobia también estaba latente y ha resucitado por la crisis.

La extrema izquierda, pues los polos opuestos se atraen, también ha resucitado por la maldita crisis. En este caso, la espoleta revolucionaria se ha encendido entre las nuevas generaciones que quieren matar al padre y entre los añejos votantes de izquierdas que han sentido que los partidos tradicionales que les representaban han terminado aburguesándose, corrompiéndose. La socialdemocracia ha sufrido un histórico batacazo en casi toda Europa.

Y en España, como por suerte y de momento, la extrema derecha permanece enterrada, ha estallado la extrema izquierda, en algunos casos camuflada entre las siglas de los partidos secesionistas. El peligro reside en que si se repitieran los resultados de las elecciones europeas en las generales, el Parlamento español sería poco menos que ingobernable. Una jaula de grillos o de pollos sin cabeza. Lo más probable es que la unión de todos ellos, quizás con el PSOE como títere, se hiciera con el poder. Y España volvería a la Prehistoria política, económica y social. La democracia y la libertad se esfumarían, como en Cuba, en China, en Venezuela…

Para salir del laberinto, solo hay un camino: que el PP y el PSOE se recuperen y uno de los dos gane con holgura las elecciones; o bien, que ambos partidos lleguen al acuerdo de dejar gobernar al más votado mediante la abstención en la investidura del presidente del Gobierno y durante la legislatura, o con la formación de la denostada “gran coalición”.

Para que se recuperen deberán recorrer un largo y tortuoso camino o tener mucha suerte. El PP, aunque es verdad que la salida de la crisis económica ha comenzado a vislumbrarse, tiene el tiempo justo para que sea un hecho y un buen número de españoles llegue a sentirla y disfrutarla, en especial en la recuperación de los puestos de trabajo. Rajoy ha anunciado este mismo fin de semana que se va a crear empleo neto y a bajar los impuestos. Parece difícil que el desempleo se recorte lo suficiente en los próximos dos años, mientras que la prometida bajada de impuestos resulta más urgente cada día, sobre todo porque forma parte del programa y de la hoja de ruta del partido en el Gobierno y porque está demostrado que supone uno de los caminos para enderezar la economía. Encarar y atajar con valentía y claridad las ínfulas secesionistas del Gobierno catalán, y de nuevo del vasco, es la otra asignatura pendiente del Ejecutivo. Así, incluso en el mejor de los escenarios, resultaría una sorpresa y un milagro que el PP se alce con otra mayoría absoluta.
El PSOE lo tiene aún más complicado, enredado en una batalla interna de la que nadie sabe si saldrá indemne de los navajazos. Solo la elección de un líder coherente y centrado, nunca mejor dicho, podría colocar a los socialistas en una buena posición electoral. No va a resultar fácil, pues los candidatos que se barajan para heredar la poltrona de Rubalcaba no parecen ni coherentes ni centrados. Aunque, igual hay un mirlo blanco agazapado que logre encabezar la candidatura y rescatar al PSOE del pozo en el que se encuentra.

La salida del laberinto, en fin, no parece sencilla. La desafección del electorado hacia la casta política se ha extendido por todos los rincones de España. Y con razón. Pero ha cocinado el caldo de cultivo del esperpento que ha salido de las urnas. Y ese esperpento, o se mata a tiempo, o llevará a nuestra nación al fondo del laberinto del que resultará imposible salir. Los extremismos políticos arrasarán con todo si los grandes partidos no se percatan de sus muchos errores y logran convencer al electorado de que el camino para recuperar el bienestar y para que España se mantenga como una nación respetada pasa por derrotar en las urnas a los extremistas chiflados, cuyo único objetivo es llevarnos al abismo, tomar la calle para arramplar con todo, recortar las libertades y aniquilar la democracia. Y dos años no son nada para salir de este intrincado laberinto.