Lunes 30 de junio de 2014
Hay un aspecto de la figura del Príncipe en la que existe un acuerdo prácticamente unánime: su preparación. Estos días, la opinión pública se hará eco de este mantra de manera consciente. Los que nacieron antes de la Transición, además, posiblemente verán como su inconsciente les recuerda las circunstancias en las que accedió al trono su padre, muy diferentes a las actuales. Quizá sea esa una de las claves de la abdicación: hace falta un nuevo rey para un nuevo tiempo.
Don Juan Carlos hacía suyo ayer este argumento ante las cámaras de televisión. La vuelta a la democracia tras 40 años de dictadura, una nueva Constitución, el ruido de sables que precedió a la intentona golpista del 23-F, el terrorismo de ETA o la entrada de España en la OTAN y la Unión Europea son hechos lejanos para las actuales generaciones.
Hoy son otros los retos, y otras las personas que han de tomar el testigo. Sin embargo, hay algo que permanece inalterado, y es la necesidad de que Casa Real siga haciendo cuantas contribuciones sean precisas en el marco de la convivencia en España. En este cometido Don Juan Carlos ha destacado especialmente; y ahora más que nuca, Don Felipe tendrá que seguir esta senda, con el órdago secesionista de los nacionalistas como cuestión más acuciante.