Luis de la Corte Ibáñez | Lunes 30 de junio de 2014
Don Juan Carlos de Borbón y Borbón, Rey de España desde 1975 opta por abdicar. 39 años de Jefatura de Estado han dado para mucho, especialmente por haber recibido la Corona de un régimen autoritario salido de una guerra civil y haberlo conducido a la plenitud democrática, a través de una larga carrera de obstáculos.
Errores, como cualquier otra autoridad de su talla, los habrá cometido don Juan Carlos. Indudablemente. Pero no debería haber sombra de duda sobre sus denodados esfuerzos en pos de los intereses generales de España y por preservar la concordia, tan quebradiza como se mostró en los inicios de su reinado. No debería haber dudas, insistimos. No para quienes tuvimos la fortuna de nacer en el tiempo de cambio que el último Rey hizo factible. No valoramos lo que en ese tiempo ganamos porque nos hemos acostumbrados a darlo por asegurado. Pero no faltará quien trate de sembrar insidias. La ingratitud es vicio fácil entre nosotros y un instrumento útil para múltiples propósitos.
No lo tendrá fácil el aún Príncipe de Asturias. El republicanismo ha crecido en nuestro país junto con el fervor de la antipolítica y veremos cómo nos brotan nuevos opositores a la Corona. En un país en que la gente no ve soluciones es más fácil tragarse cualquier fórmula simplista, como la que dictará que un cambio a República lo arreglaría todo. Una solemne tontería. Pero la necesidad de creer puede resultar peligrosa. Tampoco sabemos si la realidad ofrecerá a don Felipe oportunidades para ganar un plus de legitimidad, como el que su padre obtuvo por ceder todo poder efectivo en favor de la democracia. Y, luego, por ejercerlo con firmeza durante unas horas para ahogar así un golpe de Estado. Es bueno no tener que temer tales coyunturas pero eso no vuelve fáciles las que estén por venir. Entre otras, una apuesta secesionista que sigue su marcha en Cataluña, día a día, y cuya gravedad y riesgo se subestima.
Sin duda, el futuro monarca es consciente de lo que le aguarda…. hasta donde ello sea posible. Quienes probablemente no tengamos claro lo que este nuevo periodo exige seamos nosotros y nuestros representantes políticos. Y si unos y otros no nos aclaramos el nuevo Rey lo tendrá oscuro, para perjuicio de España. Al menos ha recibido un buen modelo de su padre. Aunque los problemas que tendrá que gestionar serán muy distintos. Gracias al Rey que se aparta. Y valor y suerte para el nuevo Rey que llega.