Lunes 30 de junio de 2014
El canje del sargento Bowe Bergdahl por cinco destacados talibanes presos en Guantánamo ha colocado a Barack Obama en una difícil situación. Las razones esgrimidas por la Casa Blanca para ceder a las pretensiones de sus secuestradores son “humanitarias”, por cuanto la salud del militar estadounidense se había deteriorado bastante durante los cinco años de cautiverio. Algo normal, por otra parte.
Los republicanos acusan públicamente a Obama de legitimar el secuestro como forma de obtener réditos. Y no les falta razón. Con esta actuación parece hacerse una invitación formal al secuestro de ciudadanos norteamericanos en cualquier parte del mundo; si Obama ha “cambiado cromos” esta vez, puede volver a hacerlo en el futuro. En privado, el malestar en el ejército de Estados Unidos es tan notorio como comprensible. La imagen de debilidad que ha dado Obama en todo este asunto, sin embargo, es un problema menor si se compara con el peligroso precedente sentado con la puesta en libertad de cinco terroristas que, además, es muy posible que vuelvan a actuar.