Luis María ANSON | Lunes 30 de junio de 2014
Es un hombre honrado. Un político responsable. Un parlamentario extraordinario. Desde hace muchos meses se encuentra entre la espada y la pared, entre los despropósitos de Arturo Mas, convertido en lacayo de Oriol Junqueras, y el cerrilismo de determinadas actitudes de Moncloa. Ha lidiado la situación con ambas manos y con notable maestría. Empieza a dar la sensación de que está ya harto de tanta tensión y tantas incomprensiones. Camina sobre la cuerda floja sin red de seguridad. Parece acongojado. La absurda actitud de Oriol Junqueras y su escudero Arturo Mas en la cuestión de la abdicación de Don Juan Carlos ha rebasado los límites de la bien acreditada paciencia de Duran Lleida. El gran político catalán no quiere alinearse con la insensatez. Resulta absurdo que en una cuestión de hecho como la abdicación del Rey, CiU en lugar de apoyarle decida abstenerse. Carece de sentido común una actitud semejante. CiU no puede plegarse, y menos tan dócilmente, a las consignas de ERC, partido que milita en la ultraizquierda. Duran Lleida ha amenazado con irse tras el juramento de Don Felipe, lo que podría fracturar CiU. Arturo Mas, que quiere seguir a toda costa sentado en la poltrona de la Generalidad, se ha convertido en el genuflexo lacayo de Oriol Junqueras. Duran Lleida juega a otra cosa. Juega a la seriedad y a la responsabilidad y tiene conciencia de que la situación ha llegado al límite.