Editorial

Milicias ucranianas, el rayo que no cesa

Lunes 30 de junio de 2014
El flamante presidente de Ucrania, Petró Poroshenko, ha anunciado a bombo y platillo que los combates en el país terminarán esta misma semana. Poroshenko está satisfecho de la marcha de las conversaciones con Rusia para el plan de paz que acabe con la violencia que se ha apoderado de Ucrania desde hace meses. Kiev y Moscú han mantenido varias reuniones diplomáticas en las que intentaban alcanzar acuerdos, aunque las rondas de diálogo todavía no han concluido y se prevén muchas otras en una situación dramática que ha puesto al país al borde de la guerra civil, por no decir que prácticamente se ha metido en ella.

Sin duda, hay que congratularse si se ha producido ese “entendimiento mutuo” entre Kiev y el Kremlin que proclama Poroshenko, pues sin esa base resulta impensable cualquier avance en el camino hacia la paz. Pero de ahí a pensar que la situación está dominada y que ya mismo acabarán los combates media un abismo, pareciendo que las palabras del presidente ucraniano son más que otra cosa un acto de voluntarismo.

Porque la realidad es que la violencia en Ucrania se ha convertido en el rayo que no cesa, manteniéndose impertérrita pese a ese avance en el entendimiento entre las autoridades rusas y ucranianas. Una violencia que viene sobre todo de la mano, de la mano armada, de las milicias que han proliferado en los dos bandos y que parecen escapar a todo control, conduciéndose a su libre arbitrio. Quienes armaron a esas milicias, empezando por Putin en el bando prorruso, resultan ahora incapaces de desarmarlas, o no han puesto toda la carne en el asador para ello, con lo que se produce un fatal contraste entre lo que se habla en los despachos y lo que se vive en las calles. Mientras no se controle urgentemente y con firmeza a las cada vez más potentes milicias ucranias, los deseos de paz y las conversaciones solo serán a lo sumo buenas intenciones. Buenas intenciones manchadas de sangre.