Opinión

Homenaje a Adolfo Suárez: lecciones para el futuro

Juan José Solozábal | Lunes 30 de junio de 2014
El expresidente del Senado, Juan José Laborda, ha participado este jueves en una mesa redonda en homenaje a la figura de Adolfo Suárez. Organizada por la UNED en el Palacio de los Serrano, ha contado con la participación del expresidente del Gobierno, Felipe González; del ministro de Defensa con Suárez, Marcelino Oreja, y el rector de la UNED, Alejandro Tiana, entre otros asistentes. Esta ha sido su intervención:


Este homenaje al presidente Adolfo Suárez se celebra en “El Palacio de los Serranos”, un espacio simbólico de Ávila, gracias a la Diputación de la Provincia y a la UNED.

Desde el fallecimiento de Adolfo Suárez, cuando en marzo empezamos a trabajar en el proyecto de este coloquio, las dos instituciones colaboraron estrechamente para su éxito. Como soy testigo de esa colaboración ejemplar, que coincide además con 25 aniversario de los cursos de verano de la UNED en Ávila, quiero expresar en público mi agradecimiento al Rector de la Universidad, al Presidente de la Diputación, y a sus respectivos equipos de colaboradores.

Agradecimiento, en segundo lugar, por la presencia de todos ustedes en este coloquio.

Muchos de los presentes conocieron a Adolfo Suárez, y vivieron los años irrepetibles de la Transición y del periodo constituyente (y también “estatuyente” para las Comunidades Autónomas).

Hay otros, con el ejemplo destacado de los alumnos de estos cursos, que están presentes en este acto porque quieren saber más de un período que está hoy sujeto a controversia.

Pues bien, todos ustedes tendrán la oportunidad de preguntar a los ponentes, después de sus primeras palabras, sabiendo que ellos son una fascinante clase práctica de historia.

Les aseguro, como historiador que soy, que obtendrán de estos tres ponentes respuestas cuyo valor es, sencillamente, la verdad de los hechos sucedidos.

La verdad histórica tiene hoy la misma importancia que cuando Tucídides escribió su Historia de la Guerra del Peloponeso: la verdad fue la virtud que definía a la Atenas democrática, y sólo la verdad podía evitar que la democracia degenerase en demagogia.

Dialogar con José María Martín Oviedo, Marcelino Oreja Aguirre y Felipe González Márquez es una magnífica oportunidad para entender nuestro pasado sin fantasías, y así poder imaginar un futuro sin los fantasmas que creíamos haber superado para siempre.

Este coloquio se denominó “Homenaje a Adolfo Suárez: lecciones para el futuro”. El grupo de personas que nos reuníamos en la sede de la UNED para perfilar este acto, quisimos situar la figura de Suárez, y el tiempo de la Transición, dentro de la objetividad.

Por aquellos días proliferaron diversas fantasías sobre aquellos años, entre las cuales hizo bastante ruido un libro que narraba el papel del Rey y del presidente Suárez en el 23-F, en términos tan mendaces como comercialmente oportunistas.

El libro fue criticado por la crítica seria, y descalificado por alguien como el general Casinello, director del servicio de información de la Guardia Civil en el 23- F. Sin embargo, un grupo de diputados propuso entonces crear una Comisión de Investigación para estudiar ese libro, honor que ninguna narración de ficción tuvo jamás, ni siquiera “La Guerra de los mundos” de H.G.Wells, obra que deberían leer esos diputados, para mejorar su percepción de la realidad.

Celebramos hoy este coloquio con un acontecimiento que cierra un periodo y abre otro: la abdicación del Rey Juan Carlos y la próxima proclamación de su hijo Felipe como Jefe del Estado.

Este hecho añade significados nuevos a este coloquio. Aunque las instituciones han funcionado perfectamente, y la ley que regula la transición en la Corona ha obtenido una aprobación muy amplia, la discusión sobre la Monarquía parlamentaria, como forma de nuestro Estado, aparece como un problema que se suma a todos los demás problemas que padecemos hoy.

El debate sobre la Monarquía no es un nuevo problema. En realidad, las proclamaciones de republicanismo, o las peticiones del extravagante “derecho a decidir” con ocasión de la Abdicación, se sitúan en el mismo plano de preocupaciones que tuvimos los organizadores del acto dos meses antes.

El discurso de nuestro amigo Alfredo Pérez Rubalcaba en el Congreso, creo que ha sintetizado las preocupaciones básicas: lo que está en cuestión no es sólo la Monarquía, sino la Constitución de 1978.

Tenemos como pueblo una experiencia prolongada que no debemos ignorar. En esta nueva era que se abre en Europa, reformar será el signo de los países con futuro: reformar las leyes, reformar la Constitución, y en ningún caso borrón y cuenta nueva, cada vez que se plantee una dificultad política. Eso fue cosa del pasado.

En nuestro caso, la Constitución de 1978 tuvo mucho de precursora. El consenso se anticipó a esta era posrevolucionaria que es la del futuro.

El consenso fue una síntesis prodigiosa entre dos grandes corrientes de pensamiento político, que hasta entonces no habían encontrado en España las condiciones para entenderse.

Una de ellas podríamos definirla como republicana, racionalista y laica.

La otra, igual de legítima, se definía como monárquica, historicista y confesional. Hubo unas circunstancias que hicieron posible el encuentro entre las dos corrientes.

Adolfo Suárez simboliza ese encuentro.

La Constitución de 1978 fue el resultado de ese encuentro.

El consenso, que fue entonces su método, se ha convertido hoy en consustancial a nuestro sistema político constitucional. No todas las fuerzas políticas de entonces estuvieron de acuerdo con el método del consenso, y tampoco con su resultado. No obstante, el acuerdo salió triunfante a pesar de las dificultades que encontró. Esas son las lecciones para el futuro que planteamos a los tres ponentes de esta tarde.