Un líder con las horas contadas, una terna de aspirantes que quieren romper con un aparato que aún encorseta en exceso a la formación, unos pésimos índices de credibilidad entre la ciudadanía y una militancia desencantada por la falta de voz y voto. Así se encuentra el PSOE a día de hoy, un histórico gigante de la política nacional con demasiadas vías de agua que tapar a año y medio de las elecciones generales.
En los 135 años de historia que contemplan al Partido Socialista Obrero Español, pocas etapas han sido tan convulsas e inestables para la formación de la rosa como la que atraviesa hoy en día.
El enorme castigo electoral infligido en las urnas por los españoles el 20 de noviembre de 2011 fue la primera gran señal de que la flor empezaba a marchitarse al ritmo que marcaba la crisis económica que se había fraguado durante la segunda legislatura de
José Luis Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno.
Hoy, 31 meses después de aquella funesta fecha para el PSOE, en la que llegó a perder de una tacada hasta 4,3 millones de votos y 59 escaños en el Congreso de los Diputados, la formación padece su particular travesía por el desierto y ve cómo nuevas formaciones de izquierda, como
Podemos, o rivales infravalorados durante mucho tiempo, como
Izquierda Unida, le comen terreno y respaldo popular camino de unas elecciones generales que empiezan a atisbarse en el horizonte.
El PSOE es, desde hace tiempo, un barco con demasiadas vías de agua, que zozobra y sin un capitán que sepa enderezar su rumbo.
Alfredo Pérez Rubalcaba, que no seguirá a la cabeza a partir del mes que viene, ha arrastrado durante estos años la lacra de haber sido la mano derecha de Zapatero durante el inicio de la crisis y de representar al ala más veterana del partido, ese mismo aparato que hoy es atacado por las bases y por la militancia, que lo acusa de encorsetar la estructura y la filosofía de la formación.
Tras el nuevo batacazo electoral que han supuesto los comicios al Parlamento Europeo del pasado 25 de mayo, el PSOE ha decidido iniciar un tenue proceso de renovación convocando un congreso extraordinario para el mes que viene en el que se pretende elegir a un nuevo líder que asiente y pacifique a las bases, que aspiran a celebrar unas primarias abiertas, y dibuje las líneas maestras a seguir durante los próximos años.
Sin embargo, la terna de nombres que se postulan a la Secretaría General no convence. Dos de los grandes favoritos eran
Patxi López, exlehendakari vasco y secretario general del PSE, y
Susana Díaz, actual presidenta de la Junta de Andalucía. Ambos esgrimieron motivos de convicción para no aspirar a liderar al PSOE y ambos se han reunido para comer esta semana en Sevilla, lo que ha dado pie a todo tipo de rumores.
Otras figuras que sí han dado un paso al frente son
Eduardo Madina, que tiene buena aceptación entre la militancia y las juventudes pero que no acaba de calar en la zona noble de Ferraz, y
Pedro Sanz, que este mismo jueves hacía oficial su candidatura a la Secretaría General. Ambos representan al ala reformista del partido, a la que busca la ruptura con la vieja guardia y otorgar mayor protagonismo a las bases en detrimento de los barones.
Además, el eurodiputado Juan Fernando López Aguilar, medita si se presenta para liderar el PSOE y cree que la primera tarea del sustituto de Alfredo Pérez Rubalcaba debe ser reconciliar al partido y cerrar heridas para reconciliar a éste con sus electores, ante la "urgencia" de derrotar al PP en 2015. En una entrevista con Efe, el ministro de Justicia que impulsó algunas de las leyes sociales más destacadas de la etapa de Zapatero, como la del matrimonio homosexual, admite que está estudiando "muy seriamente" entrar en la carrera sucesoria.
Una reflexión que se siente impelido a realizar por su "altísimo sentido del compromiso" y su amor hacia su partido, según su justificación.
Otras dos opciones más endebles son las que representan el joven militante del PSM
Alberto Sotillos, hijo del que fuera con Felipe González portavoz del Gobierno, Eduardo Sotillos, y
José Antonio Pérez Tapias, de la corriente Izquierda Socialista. Sus bazas: el precedente de Zapatero, que triunfó desde el casi absoluto anonimato.
También sobrevuela el nombre de
Carme Chacón, que ya fracasó al intentar tumbar a Rubalcaba en el congreso de Sevilla y que, tras su exilio voluntario en Miami para ejercer de profesora universitaria, regresó con más fuerza que proyecto.
El pasado 1 de junio renunciaba a presentarse como candidata en una carta abierta a los militantes reconociendo su compromiso "a apoyar a los candidatos o candidatas que se comprometan a la celebración de unas elecciones primarias abiertas con fecha cierta", unas primarias abiertas que considera "la única vía de recuperación del partido".
Sólo se salva AndalucíaSon los barones otro de los frentes que tiene abiertos el PSOE. El varapalo sufrido en casi todas las secciones autonómicas de la formación en las pasadas elecciones europeas, en las que sólo Susana Díaz vio reforzado su liderazgo, ha dejado muy tocadas a algunas figuras de peso.
Pere Navarro abandonaba el cargo de secretario general del PSC esta semana junto con toda su directiva a escasos días de un congreso nacional extraordinario tras ver cómo ERC y CiU se distanciaban en intención de voto en Cataluña.
Tomás Gómez sufría en Madrid, donde no son nuevas sus aspiraciones a la Secretaría General, otro duro revés al sólo lograr el 18 por ciento de los votos, similar al que cosechó
Roberto Jiménez Alli en Navarra (14 por ciento).
Por otro lado, tanto Baleares, con
Francina Armengol, como la Comunidad Valenciana, con
Ximo Puig, han recurrido a primarias para intentar insuflar algo de energía en dos regiones en las que el PP ha protagonizado numerosos escándalos por corrupción pero en los que el socialismo no ha recuperado terreno. En otras regiones, como Castilla y León o Galicia, la fractura interna es casi total.
Y todo esto con la irrupción y erosión política que ha supuesto Podemos entre el votante de izquierdas, que ve cómo el socialismo tradicional está agotado y urge un cambio de guión inmediato que rompa con las estructuras forjadas en el
'felipismo' y el
'rubalcabismo'.
Mientras, la rosa se marchita y en el último sondeo del Centro de Estudios Sociológicos (CIS) del mes de abril apenas contaba con un respaldo del
26,2 por ciento de los españoles, casi seis puntos por detrás del Partido Popular y dos puntos por debajo del apoyo que registraba en noviembre de 2011, lo que refleja que su labor en la bancada de la oposición no es especialmente valorada por los ciudadanos a pesar del papelón con el que ha tenido que lidiar el Gobierno de Mariano Rajoy.