Economía

Tesla sorprende al mercado abriendo sus patentes

Crónica económica

Lunes 30 de junio de 2014
El fabricante de coches eléctricos prefiere que su segmento crezca más de lo que teme que le copien los competidores.

Tesla es una de las empresas más innovadoras del mundo. Y está rompiendo una frontera que se consideraba infranqueable, la de los vehículos eléctricos. Los suyos tienen un diseño espectacular, y un desempeño y unas prestaciones envidiables. La empresa comenzó a funcionar en 2003, en California, y se valió de la tecnología de las baterías de litio para apostar por una conducción libre de humos y de ruido. Sus coches, típicamente, tienen una autonomía que supera los 300 kilómetros, y su carga dura media hora. El Tesla Roadster ha recorrido 500 kilómetros a una velocidad de 40 kilómetros por hora, y ha alcanzado puntualmente los 200 kilómetros hora.

Tesla ha encadenado pérdidas año tras año. Pero en 2013 dio la campanada al haber obtenido beneficios. Desde entonces, Tesla está en la mirada de todo el mundo. Porque en este contexto de preocupación por el efecto invernadero y por la carestía de los combustibles fósiles, los vehículos eléctricos han adquirido, en lo que llevamos de siglo XXI, una especial relevancia. Si en 2013 Tesla ha demostrado que es capaz de obtener beneficios, las perspectivas futuras son fabulosas.

Tesla ha vuelto a ser noticia, aunque ahora por un motivo distinto. No hace referencia a sus productos o a sus resultados económicos, sino al anuncio de que va a abrir sus patentes. El movimiento es muy llamativo. Pero lo importante es saber porqué lo hace. Pues, una empresa que destaca precisamente por su tecnología, por los avances que le han permitido avanzar en un mercado nuevo y con la enorme competencia de los coches de motor de combustión, sin infraestructuras que les apoyen, ¿no tendría que ser especialmente celosa de sus patentes?

No. Y mejor que escoger nuestras propias palabras, vamos a recoger las de Elon Musk, CEO de la compañía, que ha expresado cuáles son sus razones. Él explica que “en Tesla nos vimos empujados a crear patentes por el miedo de que las grandes empresas automovilísticas copiarían nuestra tecnología, y usarían su poder de fabricación masiva, ventas y márketing para superarnos. No podíamos estar más equivocados. La desafortunada realidad es la contraria. Los programas para coches eléctricos (o los programas para cualquier vehículo que no queme hidrocarburos) son pequeños, o inexistentes. Y constituyen una media de menos del 1 por ciento de las ventas de vehículos”.

Es cierto. Tesla está más sola en la apuesta por los vehículos eléctricos de lo que cabía esperar por las condiciones actuales del mercado. Musk concluye su argumentación así: “Dado que la producción anual de vehículos se está acercando a los 100 millones por año y que la flota global es de aproximadamente 2.000 millones de coches, es imposible que Tesla construya coches tan rápido como para solventar la crisis de los hidrocarburos. Al mismo tiempo, quiere decir que el mercado es enorme. La verdadera competencia no son los pocos coches eléctricos que no produce Tesla, sino el enorme flujo de coches de gasolina que se esparcen todos los días en todos las fábricas del mundo”.

De modo que Tesla, y con ella todas las empresas que se dedican a fabricar coches eléctricos, se beneficiarían de un cambio tecnológico en el mercado que acelerase la producción de coches eléctricos. Es una política muy inteligente, y caso muy interesante. Y da una muestra, sensu contrario, de cómo las patentes limitan el desarrollo tecnológico, en vez de facilitarlo.