Sociedad

La búsqueda de vida extraterrestre se amplía a planetas con climas extremos, oscuros y secos

asombrosos hallazgos en la tierra cuestionan las condiciones de habitabilidad

Laura Crespo | Lunes 30 de junio de 2014
El hallazgo de microorganismos en lugares de nuestro planeta aparentemente hostiles para la vida ha llevado a un investigador de la NASA a plantear una ampliación de la búsqueda de vida en el Universo. Los planetas dentro y fuera de nuestro Sistema Solar susceptibles de ser habitables se multiplican, abarcando condiciones climáticas y lumínicas extremas y abriendo horizontes hasta ahora bloqueados a futuras investigaciones. Por Laura Crespo

Desde que en 1992 se descubrió el primer planeta fuera del Sistema Solar o exoplaneta, el 51 Pegasi b, el interés por hallar vida extraterrestre en mundos que orbiten en torno a otras estrellas distintas a nuestro Sol ha ido ‘in crescendo’. Dos décadas después, son más de mil los sistemas planetarios conocidos y casi 1.800 los cuerpos planetarios observados. Hasta ahora, los esfuerzos investigadores iban dirigidos a los exoplanetas cuyas características similares a la Tierra colocaban en el exclusivo grupo de los potencialmente favorables a la existencia de vida. Ahora. Una investigación de la NASA ha ampliado radicalmente y de un plumazo ese selecto conjunto de exoplanetas habitables y ha roto los límites tradicionales de la posibilidad de vida.
El científico planetario Christopher McKay, investigador en el Ames Research Center de la NASA, ha dado una vuelta de tuerca al único punto de partida desde el que el hombre puede salir a buscar vida en otros mundos: su experiencia en el estudio de la vida en la Tierra. Dado que el origen de los organismos vivos en nuestro planeta carece de un consenso teórico, la búsqueda de vida en el Universo se ha orientado según las condiciones que durante siglos de estudio se han determinado necesarias para su existencia: agua líquida, una fuente de energía, carbono y otros elementos. La habitabilidad de los exoplanetas se mide, por tanto, en función de su similitud a la Tierra.

Ahora, McKay ha dilatado esa extrapolación, incluyendo no sólo las condiciones generales para la vida en la Tierra sino también las asombrosas excepciones que se han descubierto en los últimos años: microorganismos que viven expuestos a temperaturas por debajo del punto de congelación o por encima del de ebullición, criaturas que pueblan el fondo marino a tal profundidad que apenas reciben energía del Sol o microbios hallados en el interior de reactores nucleares. Si en nuestro planeta existen formas de vida en estas condiciones, MacKay cree necesario replantearse la posibilidad de que exoplanetas mucho más fríos o cálidos que la Tierra, radicalmente lejanos a la estrella que orbitan o expuestos a altos niveles de radiación sean capaces de albergarla también.

Agua líquida: temperatura y presión

La presencia de agua líquida es el mayor condicionante para la vida en la Tierra y depende directamente de la presión y la temperatura, de modo que ambos parámetros serán útiles a la hora de medir la habitabilidad de un planeta, según el informe publicado por McKayen Proceedings of the National Academy of Sciences. “La temperatura es clave, primero por su influencia en el agua líquida, y segundo porque puede ser estimada directamente a partir de los modelos orbitales y climáticos de los sistemas exoplanetarios”, explica.



Recientemente se ha hallado un microorganismo en la capa de hielo que recubre el ártico (el permafrost), capaz de vivir y reproducirse a -15ºC, la temperatura habitable en la Tierra más baja registrada hasta la fecha. El otro extremo, la posibilidad de habitabilidad a altas temperaturas, resulta particularmente interesante puesto que la mayoría de los exoplanetas conocidos son más cálidos que el nuestro. En este sentido, McKay defiende su capacidad vital con otro ejemplo: el descubrimiento de un microorganismo que sobrevive a 122ºC en alta presiones que, a pesar del calor extremo, estabilizan el agua líquida.

En la nueva lista de McKay, los exoplanetas con temperaturas de entre -15 y 122ºC están dentro de los límites de habitabilidad. Aunque la influencia de la temperatura en el agua y, por tanto, en el desarrollo de vida, se haya demostrado menos rígida, la existencia misma de agua sigue condicionando la habitabilidad. Sin embargo, el volumen de agua necesario para la supervivencia de determinados microorganismos también ha relajado su exigencia a la vista de algunos descubrimientos recientes: líquenes que habitan en los desiertos más secos buscando el refugio y el agua dentro de las rocas y que sobreviven con una mínima cantidad anual de lluvia, nieve, niebla o, incluso, humedad atmosférica.



Fuente de energía

Aunque tradicionalmente se ha relacionado la vida terrestre, desde sus formas más básicas, a la energía lumínica que le proporciona el Sol, se ha demostrado que hay formas de vida capaces de utilizar la luz en niveles muy bajos, como las macroalgas rojas que pueblan las profundidades marinas y son capaces de realizar la fotosíntesis con una cantidad de luz menor de la que existe, incluso, en la órbita de Plutón.

Los planetas con altos niveles de radiación se han rechazado como candidatos de habitabilidad dado que las formas complejas de vida terrestre, como los humanos, son sensibles a ella. Sin embargo, los niveles que toleran muchos microorganismos, como el Deinococcusradiodurans, sin asombrosamente altos. McKay considera, por tanto, que un exoplaneta que carezca de un campo magnético como el que protege a la Tierra de la radiación, no tiene porqué excluirse de la lista de posibles habitables.

Nitrógeno y oxígeno

El nitrógeno es, tras el carbono, el elemento más relevante para la existencia de vida tal y como la conocemos. No obstante, algunas investigaciones recientes han constatado que el nitrógeno está presente en el Sistema Solar Exterior en forma de amoníaco, que también es biológicamente utilizable. Esta cuestión está jugando un papel fundamental en el estudio de la habitabilidad de Marte, cuya atmósfera presenta sólo un 3 por ciento de nitrógeno frente al 78 por ciento que suma la terrestre: la escasez de nitrógeno ya no supone un ‘no’ necesario a la vida, según el informe de McKay.

El desarrollo de la vida multicelular en la Tierra se asocia también a la presencia de oxígeno, aunque hay algunas excepciones interesantes en esta conexión que, según asegura el investigador, habría que estudiar con más profundidad. Lo que sí afirma McKay es que los niveles de oxígeno detectados en exoplanetas, aún en pequeños porcentajes, serían coherentes con la existencia de organismos multicelulares.


Titán, brillante excepción

Si bien la existencia de agua líquida se ha considerado desde siempre el mayor condicionante para la posibilidad de vida, el científico de la NASA pide prestar atención al caso de Titán, la mayor luna de Saturno. “Es necesario abrir esta necesidad a otros líquidos que también pueden ser adecuados para las formas de vida basadas en el carbono”, dice en su informe, y recuerda que investigaciones anteriores han concluido que, en muchos sentidos, los hidrocarburos líquidos presentes en Titán pueden ser incluso más eficientes que el agua como caldo de cultivo de sustancias químicas orgánicas.

Otros estudios han sugerido que los mundos y lunas similares a Titán podrían ser más numerosos que los que se asemejan a la Tierra y que es posible que mantengan en su superficie embalses de metano y etano líquidos, favorables a la vida.

En adelante, las investigaciones en planetología y habitabilidad ampliarán su horizonte y reconsiderarán los límites para la vida que hasta ahora se habían dado por buenos. Por su parte, McKay dice extraer una lección de estos descubrimientos: que “la vida microbiana es muy hábil a la hora de localizar lugares para vivir” y que “nosotros no hemos sido tan hábiles para anticipar cómo determinados ambientes que creíamos hostiles resultan habitables"; en definitiva, que "la vida bacteriana es más inteligente que nosotros”.