Lunes 30 de junio de 2014
Este pasado jueves daba comienzo el Mundial de fútbol en Brasil, aunque para España realmente empezaba ayer, con el debut de la selección. Hace ahora cuatro años, un acontecimiento similar en Sudáfrica tuvo un impacto mucho mayor. El combinado nacional venía de ganar la Eurocopa, y había muchas expectativas puestas en los de Vicente del Bosque; expectativas que, felizmente, se cumplieron.
Sobre el papel, el debut de una selección que ha ganado un Mundial y dos Eurocopas debería marcar la actualidad informativa de un país donde el fútbol es el deporte rey. Los más optimistas dirán que la sociedad española puede haber ganado enteros en su madurez institucional, y los más pesimistas dirán que la realidad pesa demasiado como para comportarse de otro modo.
En todo caso, asuntos como la abdicación de Don Juan Carlos, los resultados de las últimas elecciones europeas y el terremoto que han supuesto para todo el establishment de los partidos políticos, la corrupción que no cesa o la posibilidad de una reforma constitucional hacen que el fútbol no pase de ser un paréntesis. Si la selección gana el Mundial, el país entero se echará a la calle -aunque, visto lo visto ante Holanda, mucho tienen que cambiar las cosas-. Sin embargo, hoy España es ya algo más que charanga y pandereta, como dijo Machado.