Editorial

Obama ante la ofensiva en Irak: hechos y no palabras

Lunes 30 de junio de 2014
La ofensiva yihadista del grupo insurgente autodenominado Estado Islámico de Irak y el Levante, conocido por el acrónimo ISIS, que se dirige en estos momentos a las puertas de Bagdad y parece estar en condiciones de doblegar al Gobierno de Irak y someter a todo el país bajo su férula, ha vuelto a poner en evidencia la indecisión y las réplicas errabundas del presidente Barak Obama a los desafíos contra la estabilidad y la seguridad de Occidente. De triunfar el actual ataque de ISIS, no solo Irak caería bajo la dictadura yihadista, sino también los inmensos pozos petrolíferos de toda el área, lo que dispararía el precio del crudo, daría al traste con la recuperación económica europea y en un efecto dominó desestabilizaría la estadounidense. Ante este inminente riesgo, no parece de recibo que la Casa Blanca responda que Obama está sopesando si utilizar o no utilizar drones contra las milicias insurgentes. Una inacción de estas características puede ser suicida a medio plazo.

La hamletiana e irresoluta actuación internacional de Barak Obama no augura precisamente una resolución mínimamente satisfactoria ante este nuevo reto global. Obama ya quedó en entredicho tras el uso de armas químicas contra la indefensa población siria, blandiendo siempre una brillante y agresiva retórica que no se tradujo en hechos. Al-Assad pudo gasear a sus compatriotas sin sufrir ninguna sanción real, del mismo modo que el Kremlin impuso su diplomacia y sus intereses geoestratégicos sin obstáculo alguno. Algo similar ha sucedido en la intervención rusa en Ucrania, donde la retórica del presidente norteamericano no ha alterado un milímetro el curso de los acontecimientos. Incluso cuando no se ha enfrentado a ningún poder extranjero, Obama ha incumplido su retórica y promesas en cuestiones tan sensibles como la política de inmigración, abordada con un gran discurso ampuloso que jamás se ha traducido en hechos. A estas alturas de su segundo mandato, esta línea parece el hilo conductor fundamental de su actuación en los acontecimientos internacionales.

En el caso de las milicias de ISIS, hoy ya en la periferia de Bagdad, no se sopesa solo el tremendo impacto económico que pudiera desencadenar en las maltrechas cuentas occidentales. ISIS nació como una filial de Al-Qaeda en Irak, ha intervenido ferozmente en Siria y ahora controla con mano de hierro gran parte del territorio iraquí. Sus principios son tan delirantemente fanáticos y su crueldad tan extrema que la propia Al-Qaeda los ha expulsado de su organización. Espantar a Al-Qaeda parecía una cota imposible de rebasar, pero el sangriento aplastamiento de la población musulmana que ha caído bajo sus botas está comprobando en sus propias carnes que la intolerancia y la brutalidad son un pozo sin fondo donde el fanatismo siempre puede llegar a superarse. En un país como Irak donde Estados Unidos lidera una guerra para acabar con una tiranía, Norteamérica no puede ahora desentenderse o andarse con paños calientes. Sus principios y la credibilidad de su disuasión caerían en un definitivo descrédito. Obama no puede refugiarse por enésima vez en su cada vez más desprestigiada retórica. Era su deber dar estabilidad al país, tarea en la que ha fracasado. Dentro de esa mala gestión, su misión ahora es al menos defender las instituciones democráticas del nuevo Irak. El pragmatismo clásico ya lo había apostrofado: “Facta non verba”. Hechos y no palabras.