CRÍTICA
Lunes 30 de junio de 2014
Salvador Forner Muñoz: Canalejas. Un liberal reformista. FAES/ Gota a Gota. Madrid, 2014. 196 páginas. 15 €
Muy posiblemente si José Canalejas (1854-1912) no hubiera desaparecido de forma tan abrupta y prematura, muchas líneas de la reciente historia española habrían ido por otros derroteros. Pero imaginar esas vías entraría en la política-ficción. La realidad es que Canalejas cayó abatido por la bala asesina y cobarde -le disparó por la espalda- del anarquista Manuel Pardiñas -que después se suicidó, tras ser acorralado por la Policía- el 12 de noviembre de 1912 en pleno centro de Madrid. Canalejas se añade así a la infausta lista de los políticos víctimas de atentados terroristas, que, por desgracia, no resulta escasa en nuestro país. Recordemos, por limitarnos a presidentes del Consejo de ministros decimonónicos, los casos de Juan Prim, de Antonio Cánovas del Castillo o de Eduardo Dato acaecidos, respectivamente, en 1870, 1897 y 1921, trágica muestra del cainismo español, devastadora actitud que debe desterrarse por completo de una vez por todas.
Ciertamente, no se puede aventurar lo que habría sucedido si Canalejas no es asesinado. Pero sí es factible poner en valor su legado, como hace en este trabajo Salvador Forner Muñoz, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alicante y titular de la Cátedra Jean Monet de Historia e Instituciones de la Europa Comunitaria, quien ya se había ocupado de su figura en Canalejas y el Partido Liberal Democrático (1993), obra que se suma a otras investigaciones como Democracia, elecciones y modernización en Europa y El caciquismo en España y Portugal. El libro de Forner combina aspectos biográficos con, sobre todo, el análisis de las ideas y propuestas del político ferrolano. No se trata de un ensayo basado en una condición meramente hagiográfica -lo que suele ser simplificador-, sino que nos plantea, según apunta su autor, “una reflexión sobre las posibilidades reales del proyecto canalejista y sobre los problemas para su consolidación en el marco social y político de la España del primer cuarto del siglo XX”.
En esa reflexión nos revela, con el apoyo de una amplia documentación que incluye fuentes inéditas, la complejidad de una tarea que, teniendo el reformismo como eje vertebrador, se encuentra con numerosas dificultades y rechazos, alzando a su impulsor como un fenómeno personal y solitario, pues, subraya Forner Muñoz, “más allá de esa trayectoria similar a la de otras figuras políticas de la izquierda liberal de su generación, se dan en él unos rasgos de carácter independiente y de voluntad de poder que lo singularizan, y un empeño de renovación programática del liberalismo español que no tiene antecedentes ni continuadores […]. Su muerte en plena madurez, cuando aún le quedaba un largo camino por recorrer, truncó una de las posibilidades de renovación del liberalismo español, sin que ninguno de los dirigentes que le sucedieron rayase a su altura”.
Canalejas, uno de los más conspicuos liberales españoles, ministro de varias carteras –Fomento, Gracia y Justicia, y Agricultura, entre otras- en diversos momentos, presidente del Congreso de los Diputados y jefe de Gobierno, se propuso actualizar tanto la ideología que profesaba como al mismo régimen en una ingente labor de modernización y reforma, dentro del propio sistema de la Restauración, que buscaba la integración de diversas y nuevas fuerzas, para hacer frente al gran desafío que debía abordar la política española de comienzos del siglo XX. Aunque simpatizante en un principio del Partido Demócrata Progresista, de credo republicano, al producirse la Restauración borbónica se incorporó al Partido Liberal de Sagasta, siglas con las cuales ya fue elegido diputado en las elecciones de 1881, y mediante las cuales manifestó su adhesión a la Monarquía y a su cualidad vertebradora.
El impulso renovador de José Canalejas se despliega en diversos aspectos. Especialmente, trata de integrar al movimiento obrero, que se encontraba muy dividido, y empecinado en un discurso poco conciliador. Así, se mostró favorable a la protección social, propugnando que el Partido Liberal abriese, apunta Forner, “su campo de actuación a nuevos ámbitos de orden social y económico incorporando a su programa ciertos dosis de intervencionismo estatal con el que superar el ‘abstencionismo’ en dichos ámbitos que caracterizaba al liberalismo español bajo la égida de Sagasta”. Asimismo, entre otras iniciativas, defendió la implantación del sufragio universal, establecido en España en 1890 -aunque todavía le quedaba la participación de la mujer en él-, y modificó el servicio militar a través de una ley de reclutamiento que lo convirtiera en más democrático y acabase con los privilegios existentes. Por otro lado, también suprimió el impuesto de consumos, lo que beneficiaba a las clases menos favorecidas, y apostó por la libertad de cultos y la supremacía del poder civil, sin que esto significara, como a veces se le ha querido tildar, que fuera poco menos que un furioso anticlerical.
Canalejas, que nos brinda un tan completo, reflexivo y sugerente acercamiento al destacado político, se inscribe en el oportuno propósito de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) de difundir la obra y el pensamiento de relevantes nombres de la tradición liberal española, de manera tan rigurosa como amena y accesible a un público no especializado. Para ello, FAES puso en marcha la colección “Biografías políticas”, dirigida por el historiador Manuel Álvarez Tardío. Anteriormente al consagrado a Canalejas, han aparecido, los dedicados a Antonio Cánovas del Castillo, por Carlos Dardé, a Antonio Maura, a cargo de José María Marco, y a Francisco Silvela, de la mano de Luis Arranz Notario.
Por Carmen R. Santos