Agapito Maestre | Lunes 30 de junio de 2014
Este artículo está extraído del capítulo 2 del último libro de Agapito Maestre: Diario de México. Ediciones Clásicas. Madrid, 2014.
Viajo a la América española. Cruzo el charco con un libro de 583 páginas. Lo ha escrito el mexicano Enrique Krauze y se titula Redentores. En la gran tradición del ensayo hispanoamericano, mitad creación y mitad ciencia, se inscribe este grueso volumen, que obedece al espíritu de Ortega de hacer la crítica de la sociedad y la política a través de la crítica de la cultura. Aunque la obra histórica y ensayística de Krauze es una de las más ricas de Hispanoamérica, desde que en 1976 publicara su primer gran estudio titulado Caudillos culturales en la Revolución mexicana, creo que sólo por este nuevo libro Krauze merecería ser galardonado con el Premio Príncipe de Asturias por su contribución al conocimiento de la historia, la literatura y las humanidades en Hispanoamérica. Además, este libro derrocha coraje por todas partes; Krauze no se casa con nadie; es, como diría un cursi, un libro políticamente incorrecto. Esta obra me agarró el alma, y ya no pude dejar de leer hasta terminarlo, cuando leí estas palabras entre paréntesis: "(Las memorias completas de Vasconcelos -obra magistral e inigualada en México, y quizá en habla hispana -constarían finalmente de cuatro tomos: Ulises criollo, La Tormenta, El desastre y El Proconsulado)". No aplaudo esa opinión solo porque la comparta, sino porque pocos intelectuales mexicanos tendrían el valor de mantenerla en público como lo hace Krauze.
Reconocimientos aparte, mi objeción al libro es sencilla de expresar: Quiere construir Krauze una historia comprensiva de las ideas en Hispanoamérica, pero a veces, y no lo digo como crítica, domina el enjuiciamiento y la sólida explicación. En todo caso, esta obra tiene momentos muy brillantes, especialmente cuando deja entrever el suicidio de una cultura a través de sus pensadores, porque son incapaces de hacerse cargo de una herencia impresionante. Creo que el propio libro de Krauze cae, a veces, en el defecto que critica al no comprender con el rigor exigido la herencia de algunos autores, quizá la lectura que hace de Octavio Paz es la que menos comparto. En todo caso, no criticaré que el orteguiano tema de nuestro tiempo, como dice Krauze, sea la reconciliación entre el liberalismo y el socialismo, entre otras razones, porque las mismas obras de Ortega, Paz y, por supuesto, los excelentes trabajos del propio Krauze, representantes de tres generaciones de liberales ilustres de nuestra época, muestran con contundencia y radicalidad filosófica, histórica y política, que tal objetivo es imposible. Un fracaso. Critico, sin embargo, la contradicción clave de este libro: los liberales insisten en hacerse de sangre roja, socialista y comunista, para ser reconocidos por una inteligencia y por unos políticos populistas, cuando no totalitarios, que desprecian tanto al liberalismo como a su principal aportación, a saber, la crítica democrática de la revolución socialista y comunista.
Este libro de Krauze repite la contradicción política del liberalismo de cuño hispánico de la década de los treinta; en España, obviamente, esa contradicción también coadyuvó a una Guerra Civil salvaje, terrible e incivil; en otros lugares de Hispanoamérica, trajo alianzas absurdas y de consecuencias también funestas para la democracia, por ejemplo, una dictadura casi perfecta, la del PRI, que tanto años duró en México. En fin, si el liberalismo contemporáneo, según se desprende del desideratum de Krauze, persiste en buscar su legitimación a través del socialismo, entonces tendrá que enfrentarse a dramas similares o peores de los que vivió en el pasado. Desde el punto de vista intelectual, ciertas“alianzas” y reconciliaciones entre el liberalismo y el socialismo podrían conducir a una "idea" de socialdemocracia que, lejos de ser una referencia para la profundización de la democracia, impulsaría todo tipo de populismo. Desde el punto de vista político, la reconciliación de socialismo y liberalismo ha llevado a negar lo fundamental de la democracia: la autonomía de la política; en este punto, conservadurismo y socialdemocracia se dan la mano, pues que, lejos de desarrollar las instituciones democráticas, creen que éstas sólo pertenecen a las elites de los partidos políticos.
En cualquier caso, no son esos asuntos los temas claves y directos del excelente libro de Krauze, pero es menester advertir que un exceso de celo en esa idea de reconciliar liberalismo y socialismo, democracia y revolución, podría conducirnos una vez más, y sería la enésima, al liberalismo daltónico, el mismo que denunció el liberal Gregorio Marañón, que a veces es incapaz de ver el despotismo cuando aparece teñido de rojo. Cuando el liberal trata de pactar su libertad con la del revolucionario, corre el peligro de vender su alma al diablo. He ahí el principal defecto que hallo en la extraordinaria obra de Krauze. Extraordinaria, sí, porque cuenta muchas historias desconocidas de grandes autores y, sobre todo, porque las cuenta con amenidad. Un libro para leer de pie. Un libro muy serio.