El retraso no sólo no se atajó sino que fue en aumento conforme avanzó la jornada, de forma que a los agolpados periodistas se les hacía volver en varias ocasiones a lo largo del día. Eso sí, el desastre no discriminó entre grandes y pequeños: medios de comunicación potentes, entre ellos importantes cadenas de televisión o radio, lograron el preciado botín a última hora. Última hora fue, para algunos, las dos, tres o cuatro de la misma mañana de la proclamación. Los hubo con mejor suerte, los menos, que llegaron y besaron el santo, pero también los hubo con la peor de ellas. No todos los que quisieron cubrir el acto de abdicación, celebrado en el Palacio Real, pudieron conseguir a tiempo el pase.
Sobra recordar que el acontecimiento tenía proyección más allá de nuestras fronteras y que del millar de periodistas acreditados había profesionales de más de una veintena de países. EL IMPARCIAL pudo asistir a la vehemente petición de explicaciones e incredulidad de gigantes mediáticos con amplia presencia en Estados Unidos y América Latina y saber de capítulos semejantes con colegas europeos. Al mando de la operación estaba un voluntarioso personal de Moncloa que justificó el caos en problemas técnicos; bien un ordenador, bien una impresora, bien una base de datos. Atendieron las peticiones e informaron de aquello que sabían, pero las tarjetas salían a un ritmo manifiestamente inferior al de la crecida de la fila y del enfado.
No logró una Pedro Armestre, pero por ninguno de los motivos anteriormente descritos. Armestre es fotógrafo de la agencia France Presse y, entre otros reconocimientos, Premio Ortega y Gasset y Premio Rey de España de Periodismo. Al Premio Rey de España de Periodismo —que le entregó don Juan Carlos hace unas semanas- se le negó la cobertura "por cuestiones de seguridad", según argumentó Interior. Armestre sospecha que la razón es su trabajo con Greenpeace, razón por la que el Ministerio sospecharía de dobles intenciones para adentrarse en el evento.
Así, los venidos a contar España desde muy distintos puntos del planeta toman el vuelo de regreso tras una experiencia impropia de un país y un acontecimiento de los que se presumía altura y brillo de 'marca'. 24 horas para olvidar dentro de 48 que quedan grabadas ya en los libros de Historia.