José Antonio Ruiz | Lunes 30 de junio de 2014
Aquí un súbdito. España: perdona si algún día te llamé ‘amor mío’ y ahora ya no siento nada por ti. A punto estoy de borrar tu nombre de mi antebrazo de legionario errante como Melanie Griffith el tatuaje de Antonio.
Lo único que preocupa a este cronista desengañado el día que España y Cataluña se separen, es cuál de los dos cónyuges se quedará con la custodia de los perros.
¡Ay Felipe de mi vida y de mi corazón! En la corona de espinas, en el cetro y en los acordes desafinados de la Marcha Granadera llevas la penitencia.
Al abajo firmante no le cabe ninguna duda de que «en esta España unida y diversa cabemos todos», como en el taxi del abuelo de Letizia. Lo malo es que siempre hay membrillos dispuestos a joder la fiesta rave.
España sigue oliendo a alcanfor de Borneo y naftalina antipolillera, por más que el nuevo rey haya declarado abierto un «tiempo nuevo».
¿Se puede saber quién es Arturo para merecer tanto miramiento? Si yo fuera rey -¡Dios me libre!-, le hubiera dedicado una peineta el mismo día de mi coronación, allí mismo, desde lo alto del catafalco del hemicirco de San Jerónimo, a la vista de todos los cortesanos de pirotecnia y Grandes de España venidos a menos.
Lo triste de mendas como Mas y Urkullu no es que sean deliberadamente maleducados, aunque sus respectivas madres no tengan ninguna culpa de la degeneración política de sus respectivas criaturas, sino que sean tan iletrados que ni siquiera se han molestado en leer a Antonio Machado, a Espriu, a Aresti, a Castelao, y mucho menos a Cervantes.
Claro que el mismo asco dan los supuestos representantes del Estado español que se dedican a torpedear el Estado desde las entrañas mismas del sistema, que los babosos profesionales de los besamanos interminables y los distinguidos miembros de star-system catódico que han hecho fortuna a la sombra del televidente Forrest Gump. Como cada año por estas fechas, Ascot se llena de sombreros y la villa y corte de pelotas y marujas.
Más, mucho más debiera preocuparnos a los pecadores la salvación de nuestras almas, que la salvación de la dinastía, del régimen, o de la misma España tras el naufragio de Maracaná.
Esta cosa llamada Iberia tiene difícil remedio por mucho que la alcaldesa Botella haya tenido la ocurrencia de recurrir a la vieja tradición tardo franquista del bando municipal para invitarnos a vivir la efeméride del recambio regio «con alegría, orgullo y esperanza».
No sé si tiene menos futuro España, la Monarquía, Anita, los españoles, o viceversa.
La ausencia del ex Rey Juan Carlos en la ceremonia de proclamación de su hijo felipesexto.cat, no hay por dónde cogerla. Alegar como pretexto que fue para evitar restar protagonismo al retoño, es una ofensa a la capacidad neuronal del respetable. Es como si un padre pasara de la función de Navidad del colegio donde actúa el nene para no compartir foco con el niño en el photocall. Lo sabré yo, que me recome la conciencia cada vez que no puedo asistir a una función por impedimentos “profesionales”…
El discurso del rey lo escribió un mediocre o un cobarde. Y lo digo con conocimiento de causa, pues me gano la vida como speechwriter.
Me quedo con la instantánea de Antonio Rull en eldiario.es inmortalizando el paso del Rolls Royce que compró Franco por delante del teatro Lope de Vega de Gran Vía donde se representa «El Rey León».
La España chismosa y cotilla que la mañana del día después se ha agolpado en el kiosco en busca de Lecturas, Semana, Hola, Pronto, Diez Minutos o la revista de Ana Rosa, me provoca más náuseas que a Sartre.
Hay ganado bovino y ovino tan desentendido de los asuntos de la razón, que merecería haber nacido animal o cosa, pues le interesa La vida de los otros, el canapé hight society organizado por algún tonto del pijo, y si acaso la receta milagrosa del entrenador personal de Elsa Pataki para tener un culo 10. Volvemos a Atapuerca.
No me reconozco en un país enfermo, que se desmorona perdiendo el tiempo con idioteces acerca del blanco roto del vestido de la reina. El mosquito de los arrozales del Delta del Ebro está causando estragos en el cerebelo de más de un reservista.
Aquí el único que se saltó el guión fue Spottorno clavándole una mirada furtiva al derrière de Mariló, a lo Benny Hill, aprovechando que la reina de las mañanas guardaba cola en el besamanos para cumplimentar a sus altezas reales. Aunque lo mismo somos todos unos mal pensados y lo único que pretendía Rafael era averiguar si el teléfono de Montero era un Samsung Galaxy o un I Phone 5.
España vista desde la azotea da vértigo. Me pregunto qué fue de la generación perdida y no encuentro respuesta plausible que me satisfaga. Serán los nervios, que le cierran a uno el estómago como si fueran una trenza.
Halle Berry presume de su marido y Sara Carbonero, musa de Twitter, presume de su portero. Si muchos anarquistas que ni somos republicanos ni somos monárquicos no podemos presumir de país, es porque hemos caído en la cuenta de que el único futuro que parece tener España es su pasado.