Grandes nombres de la pintura moderna acompañan en las salas del Museo del Prado a obras de El Greco, el maestro redescubierto en el siglo XIX por los impresionistas que dejó una huella indeleble en la vanguardia. Veintiséis obras del pintor cretense dialogan con pinturas de Manet, Cézanne, Picasso, Zuloaga, Pollock o Saura en un intento por demostrar su influencia en la narración estética del siglo XX.
Veinticuatro cuadros y dos esculturas del
Greco forman parte de la nueva exposición del
Museo del Prado dedicada a analizar cómo influyó su obra en la pintura moderna, etapa artística representada por 80 trabajos de nombres tan relevantes como Manet, Cézanne, Picasso, Zuloaga, Pollock o Saura. La muestra demuestra la
influencia “determinante y duradera” del Greco en la trayectoria de artistas de finales del siglo XIX y del siglo XX, ha dicho Miguel Zugaza, director del Prado, para quien el triunfo de su pintura no fue posible en vida, “pero sí a través de pintores posteriores”.
Laocoonte y Visión de San Juan, ambas del Greco.
Compuesta por 106 obras, procedentes de 70 prestadores, la
exposición ha sido concebida desde tres perspectivas, según Zugaza: “Como una antología de 26 originales del
Greco, como un recorrido por las citas y deudas de los pintores modernos con diálogos monográficos y como un análisis de carácter historiográfico con documentos académicos sobre el pintor”. En opinión de Gabriele Finaldi, director adjunto del museo, “nunca antes se había planteado analizar la influencia del Greco en la
pintura moderna, cuyos representantes encontraron en él un compañero de viaje”. Su “fecunda capacidad de influencia”, según Javier Barón, comisario de la muestra, lo han convertido en uno de los artistas “más valiosos”. Uno de los primeros en sentir el influjo de su obra fue
Manet, el fundador de la pintura moderna. Así es posible comprobarlo al comienzo del recorrido, en la que
Cristo muerto con ángeles, del pintor francés, comparte el espacio expositivo con
La Trinidad del cretense; pintura en la que el Cristo yacente que ocupa la escena central encuentra indudables similitudes con el Cristo pintado por Manet, así como en los colores.
La dama del armiño, ¿del Greco?, y La dama del armiño, según el Greco, de Cézanne.
Influencia en el posimpresionismo y en las vanguardias Cézanne fue otro de los que más echaron la vista atrás a la obra del Greco, como es posible comprobar en el diálogo establecido por el montaje entre
La dama del armiño, cuya atribución todavía no ha sido confirmada con seguridad, y
La dama del armiño, según el Greco, pintada por el francés, quien la conoció a través de una xilografía, según ha explicado Barón, al tiempo que ha explicado que la elección del color azul es fruto de una “innovación” del pintor posimpresionista. Lo mismo sucede con
Bañistas, de Cézanne, en la que el precursor de la recuperación de la forma cita expresamente uno de los cuerpos desnudos pintados por el Greco en
La visión de San Juan. Partiendo de que Cézanne está considerado una de las más destacadas influencias del cubismo y de que en su obra se perciba el influjo de las propuestas del Greco, no es de extrañar que
Picasso también esté incluido en el juego comparativo de la exposición. La huella del pintor cretense en la obra del malagueño es muy destacada. Así es posible comprobarlo en ejemplos de su pintura temprana como
Evocación. El entierro de Casagemas, del periodo azul –melancólico y cercano al posimpresionismo- o también en su trayectoria plenamente cubista, cuyo mejor ejemplo es posible encontrarlo en la comparación de la composición y el sentido plástico de las figuras de
La visión de San Juan, del Greco, y
Las señoritas de Aviñón, de Picasso, que no ha sido incluida en la muestra.
El caballero con la mano en el pecho, del Greco, y Paul Alexandre ante una vidriera, de Modigliani.
Picasso fue, en palabras de Barón, “el pintor en el que con más continuidad influyó la obra del Greco” como ponen en evidencia las dos pinturas que dan por concluida la exposición firmadas por el español, ya fechadas en la década de los 70 y en las que vuelve a citar
El caballero de la mano en el pecho, pintura que tampoco pasó inadvertida para otros artistas como
Modigliani, que hizo su particular versión en
Paul Alexandre ante una vidriera, de 1913. Otros españoles como
Rusiñol, introductor del Greco en el ámbito artístico catalán, y
Zuloaga, difusor de su obra como coleccionista de sus pinturas, fueron también conscientes del poderío artístico del Greco. Entre las piezas más destacadas del pintor cretense figuran el
Laocoonte, fundamental en la trayectoria del expresionismo germánico, y
La Resurrección, que igualmente influyó en los trabajos de la nueva figuración representada por Bacon con
Mujer tumbada y en el expresionismo abstracto de Benton, Pollock y Antonio Saura, todos ellos presentes en el recorrido junto a otros nombres fundamentales de las vanguardias. Horas más tarde de la presentación a los medios de comunicación tenía lugar la oficial, que presidió
doña Letizia. Supuso el estreno de su agenda propia como Reina. Recorrió la muestra junto a otros 350 invitados entre autoridades y personalidades del ámbito de la cultura. Antes de abandonar el Prado, mantuvo una reunión con miembros del patronato y representantes de las instituciones prestatarias de las obras en el área del antiguo claustro de la iglesia de Los Jerónimos.
Información sobre la exposición: Lugar: Museo del Prado.
Fechas: del 24 de junio al 5 de octubre.
Horario:de lunes a sábado de 10:00 a 20:00 horas / domingos de 10:00 a 19:00 horas.
Entrada: 14 euros (incluye la visita al resto de exposiciones temporales y a la colección permanente)