Luis María ANSON | Lunes 30 de junio de 2014
Al margen de la acreditada solvencia e independencia de los magistrados del Tribunal de Cuentas, también en este organismo se ha producido algo que se ha extendido -y sigue extendiéndose- por toda la función pública en los últimos años. Partidos políticos y sindicatos se han convertido en agencias de colocación. Parientes, amiguetes y paniaguados se benefician de las dádivas de puestos que se pagan con el dinero de los contribuyentes, a los que se sangra de forma inmisericorde. De los 700.000 funcionarios y empleados públicos de 1976 se ha pasado a los 3.200.000. Un escándalo que no cesa y que apenas se ha recortado con la crisis económica y las medidas de austeridad. Los políticos han aplicado esas medidas a todos los sectores menos a ellos mismos, que siguen dando muestras de una voracidad alarmante. Ahora resulta que instituciones tan prestigiosas como el Tribunal de Cuentas han caído también en el descarado nepotismo. El diario El País ha revelado que el 10% de los empleados del alto Tribunal son familiares de altos cargos, subrayando que los sindicatos, sobre todo UGT, no son ajenos a la tropelía nepotista. El sueldo medio que se paga a los empleados del Tribunal es suculento: 3.000 euros mensuales. El Tribunal de Cuentas dispone de 700 empleados cuando no necesitaría más de 300. Pues bien, de esos 700 empleados al menos 100 tienen parentesco con altos cargos de la institución, incluida la representación sindical. Es decir, el nepotismo se eleva al 10% y el cinismo al cubo.