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James Boswell y "La Vida de Samuel Johnson"

Lunes 30 de junio de 2014
Desde hace años tenía pensado escribir un comentario sobre la obra de James Boswell: “Vida de Samuel Johnson, Doctor en leyes.” Hace siete años que se publicó la versión española de un libro que, desde 1791, ha sido el modelo literario de biografía, y que tal vez siga siendo la mejor biografía realizada en idioma inglés.

Esta semana ha sido la ocasión propicia. La “palpitante actualidad” me aburre por su obviedad reiterativa, y salvo la noticia de última hora del regreso de Alfredo Pérez Rubalcaba a su vida privada, los demás sucesos dignos de comentario no me parecen menos interesantes que hablar un poco de ese producto de la Ilustración británica del siglo dieciocho.


Samuel Johnson (1709-1784) fue un ensayista, moralista, novelista, poeta, editor y autor del famoso “A Dictionary of the English Language”, una obra extraordinaria en el siglo del enciclopedismo. El Doctor Johnson -que es como se le conoce- nació de familia humilde, en una sociedad dominada por la aristocracia revolucionaria “whig”, con sus rasgos de hedonismo, lujo, prepotencia y hasta corrupción en la esfera privada y pública. Aunque dominó las lenguas y la cultura clásicas, el Doctor Johnson no pudo terminar sus estudios en la Universidad de Oxford, por falta de recursos. Toda su vida sufrió penurias económicas, a pesar de que el rey Jorge III le concedió una pensión que le salvó de la miseria. Samuel Johnson fue siempre un “tory” por temperamento, de modo que desconfiaba de un rey cuya dinastía había sido impuesta por los antiguos republicanos “whig”, y por eso le seguía pareciendo un usurpador en el trono de los Tudor y de los Estuardos. Entonces se dijo que el Doctor Johnson había sido sobornado por Jorge III Hannover, para quebrar su fama de escritor absolutamente independiente, y sin embargo fue cierto que Pitt el Joven, el gobernante “tory”, se negó a mejorar su pensión a causa de la antipatía que Johnson le suscitaba.

James Boswell nos explica su actitud política, y nótese la modernidad de unos hechos que tuvieron lugar el siglo dieciocho: “En política se le tenía por tory, aunque desde luego no lo era en el sentido más repelente ni partidista del término, pues si bien propugnaba las prerrogativas legales y beneficiosas de la Corona, no era menor el respeto que profesaba por las libertades constitucionales del pueblo. Según aseguraba, en la época de la revolución del whiggismo estuvo acompañado por determinados principios, pero con posterioridad, en calidad de mera singularidad del partido que encabezaron Walpole y los Pelham, no era mejor que la política de los chanchulleros ocasionales de la Bolsa o que la religión de los descreídos o infieles”.

James Boswell (1740-1795) conoció a Johnson cuando éste era un autor famoso. Se hicieron amigos, y Boswell anotó durante años y años los pensamientos de su amigo famoso, que después los incluiría en su biografía. Las casi 2.000 páginas de la edición española de “The Life of Samuel Johnson, LL.D.”, además de ser la “delicia y alarde del mundo de habla inglesa, es por consenso la más grande de las biografías que se hayan escrito nunca” (Frank Brady, el prologuista de la obra).

La Vida de Samuel Johnson” ha sido para muchos lectores ingleses una obra esencial para su auto-comprensión como sociedad, y en ese punto, Boswell y Johnson modulan la visión propia de los ingleses -¿también de los británicos?- como sólo Shakespeare lo hizo. La biografía de Johnson que escribe Boswell logra la virtud de la “autenticidad”, un logro del que el autor era plenamente consciente.

James Boswell fue, a diferencia de Johnson, un caballero, un miembro de la nobleza media, y era también diferente por su modo de vida y por sus viajes. Su conocimiento y sus relaciones con la intelectualidad europea de la época le indicaron cuál era el modelo de biografía: en lugar de describir una vida ejemplar, como se intentaba hasta entonces, el biógrafo describe la realidad del biografiado, su “autenticidad”. Habrá que tener en cuenta que entonces hacen lo propio autores que conoció, como Jean-Jacques Rousseau (con su “Les Confessions”) como ejemplo máximo, o Edward Gibbon, el historiador de la decadencia de Roma, y colega de Samuel Johnson, que unificó la historia filosófica con los métodos de los historiadores antiguos, interesados en las enseñanzas morales del pasado.

James Boswell fue el primero que empleó el término “romanticismo”, para referirse a un movimiento cultural europeo que, según Isaiah Berlin, ha sido comparable sólo con el cristianismo en influencia social. Johnson y Boswell tienen el mérito de haber denunciado las falsedades de James Macpherson (1736-1796), el creador de Ossian, un inventado bardo escocés que había creado unos poemas sólo comparables a los Homero. Muchos grandes críticos defendieron a Ossian como un descubrimiento auténtico -la autenticidad o la verdad describiendo la realidad: un tema periodístico de hoy-, como por ejemplo, el propio Goethe. No hace falta señalar que las fabulaciones de Macpherson fueron el caldo de cultivo del nacionalismo escocés, y en suma, de toda tradición inventada propia de los nacionalismos.

Hay escritores en lengua inglesa que leen durante toda su vida la obra de Boswell, y una y otra vez descubren en sus páginas el pensamiento y la voz de Samuel Johnson. Lo sorprendente fue que mientras Johnson tuvo una vida modesta y regular de un ciudadano que apenas se movió de Londres, James Boswell, escocés de nación, fue un libertino desaforado, amante del lujo, los prostíbulos y los viajes. Un elemento más de autenticidad.