Lo que se ha venido llamando tendencia es ya una constante. Vivimos una recuperación lenta de la economía y del mercado laboral, pero recuperación a fin de cuentas. Ya nos habría gustado hace un año.
Se puede decir que el último buen dato de la caída del paro, a pesar de las fechas, que efectivamente ayudan, no es por lo que se arguye siempre de que se debe a la estacionalidad. Ya van muchos meses seguidos con nuevos puestos de trabajo. Además, el desempleo baja en todas las comunidades autónomas, es decir, no lo hace sólo en aquellas que se dedican al turismo y por mejorar, mejora hasta la construcción.
Quizá lo mejor sea el dato de las afiliaciones a la Seguridad Social. Estos son los que valen, los que aportan a las arcas, al erario, y llevamos ya diez meses en los que aumentan de forma consecutiva los inscritos. Pero no todo es bueno. La mayor parte del empleo que se crea es del que llamamos precario, los salarios siguen bajando y, por otra parte, aumenta también el número de los que no cobran ya ninguna prestación.
Otras cifras hablan de que las familias ahorramos menos, de que hemos aumentado el gasto, incluso tirando de reservas. Puede deberse a lo que señala el índice de confianza del consumidor, que revela que subió 4,4 puntos en junio por la mejor valoración que hacemos de la situación actual y, sobre todo, de las mejores expectativas. Esta confianza alcanza niveles anteriores a la crisis especialmente por la evolución general de la economía y gracias a una percepción más positiva de las posibilidades del mercado de trabajo.
Y digo yo: ¿Cuánto de culpa tiene, en el bueno y en el mal sentido, la reforma laboral del Gobierno de Rajoy en este cambio de tendencia? ¿Qué prefiere un trabajador, estar en el paro o un trabajo precario? ¿Más precariedad significa más empleo? Por otra parte, ¿se ha gastado más porque nos fiamos del futuro de la economía y del mercado laboral o porque no si no lo hacemos hay quien no come?
No hay que ser un experto, hay una realidad evidente: el modelo económico está cambiando y se antoja muy difícil, por no decir imposible, recuperar los niveles de protección al trabajador anteriores a la crisis. En España, menos de la mitad de los contratos (49,5%) son ya indefinidos. Y en Alemania, ese gran espejo en el que muchos gustan de mirarse y poner como ejemplo, lo que crece son los “minijobs”. Hay alemanes que tienen hasta tres de éstos.
Una nueva forma de ver el mercado de trabajo y empresarial que nos obliga a todos a evolucionar con los tiempos y adaptarnos. El trabajo fijo es Historia. La movilidad y el cambio son cosas a la que habrá que acostumbrarse. Hasta los sindicatos tendrán de replantearse sus objetivos y pensar si dirigirán sus reivindicaciones a luchar contra el paro o contra la precariedad. Lógicamente, dirán que criticarán ambas cosas. Veremos qué hacen cuándo hay poco donde elegir. Aun así, por los derechos de los trabajadores estamos todos.
Como fuere, el empleo crece al mayor ritmo desde el comienzo de la crisis, nos hemos cansado de tanta austeridad y quien más quien menos se va en los próximos días de vacaciones. Eso también anima.