“La fotografía es para mí el impulso espontáneo correspondiente a una atención visual perpetua que capta el instante y su eternidad”, decía Henri Cartier-Bresson, uno de los fotógrafos más importantes del siglo XX, de formación pictórica y carácter experimentador, que en sus 96 años de vida exploró el lenguaje surrealista y adoptó una visión crítica y atenta sobre las circunstancias políticas y sociales que lo rodearon.
La Fundación Mapfre acoge una exposición dedicada a su larga trayectoria planteada como un recorrido por tres etapas: el periodo comprendido entre 1926 y 1935 – sus inicios como fotógrafo, su primer contacto con los surrealistas y su viaje a África, trascendental para el devenir de su fotografía-; la etapa en la que dejó constancia de su compromiso político; y los años que coinciden con la fundación de la agencia Magnum Photos, así como con sus fotorreportajes y con su última etapa creativa.
El primer espacio dedicado a sus inicios como pintor es de vital importancia para comprender cuál fue la base formativa del fotógrafo, quien se dejó imbuir por las pinturas de Cézanne, como demuestra en Rue des Saules, de 1924, y por los collage surrealistas, de lo que deja constancia en Por el amor y contra el trabajo industrial, de 1931.
La definición que hacía el fotógrafo del dibujo, que consideraba como la práctica artística que “elabora mediante su grafología lo que nuestra conciencia ha captado de dicho instante”, resulta determinante para acercarse a su obra fotográfica, pues hay en ella constantes citas a la técnica compositiva propia del artista plástico.
“La fotografía es una acción inmediata; el dibujo, una meditación” (Henri Cartier-Bresson)
Esa huella del dibujo la mantuvo durante toda su trayectoria, aunque se hizo más evidente a partir de la década de los 80, cuando retomó la práctica del dibujo del natural, copió a los grandes maestros, como a Goya, y se retrató a sí mismo repetidamente, quizá en un intento por autoexplorarse a través del lápiz y el papel.
Entre las vanguardias y la actualidad
Pero fue sin duda la fotografía lo que convirtió a Cartier-Bresson en uno de los más destacados profesionales de esta disciplina. Su trabajo se vio influido por corrientes del momento como el constructivismo o las ideas racionalistas de la Bauhaus, aunque también, y de forma relevante, el surrealismo, movimiento del que le atrajo su actitud contestataria y la asociación de imágenes por analogía, sinécdoque y anamorfosis.
Así como los futuristas italianos abordaron la captación del movimiento en sus pinturas y esculturas, Cartier-Bresson hizo lo propio en fotografías como Detrás de la estación de San Lazare, París, de 1931. Si bien, además de poner en práctica los lenguajes artísticos de la vanguardia, el fotógrafo francés adoptó una visión atenta y crítica de cuanto acontecía a su alrededor. Así, fotografió la pobreza de las calles españolas, francesas o mexicanas, además de acontecimientos históricos tan relevantes como la coronación de Jorge VI o las consecuencias en la población de los horrores de la II Guerra Mundial.
Su espíritu curioso le llevó a viajar a India, Rusia o Cuba mientras que su fama como fotógrafo le permitió retratar a Giacometti, Matisse, Capote o Sartre.
El cine fue también otra de sus pasiones llegando a convertirse en colaborador de Jean Renoir, uno de los cineastas que abrió el camino de la renovación del cine francés y europeo. Juntos trabajaron en las películas La vida es nuestra, Una partida de campo y La regla del juego.
Información sobre la exposición:
Lugar: Fundación Mapfre. Sala Recoletos.
Fechas: del 28 de junio al 7 de septiembre.
Horario: lunes de 14:00 a 20:00 horas / martes a sábado de 10:00 a 20:00 horas / domingos y festivos de 11:00 a 19:00 horas.
Entrada: gratuita.