1er día: La autopista entra en San Francisco a través de puentes y cruces aéreos de carreteras. Hemos llegado por la 101 que separa California en dos mitades, Este y Oeste; desembocamos en un barrio industrial, fábricas, almacenes, talleres, calles, vías férreas, se ven desde lo alto en que circula nuestra vía. Tras cruzar el barrio del hampa (el taxista llamó a los "polis" que lidian con ellos: los "súper-machos" en castellano), lo más sórdido de la ciudad, tíos con unas pintas horribles, ladrones, asesinos, llegamos al Hilton, el lujo y la miseria se miran frente a frente en el país de lo grande y del contraste. A sólo una manzana queda "Unión Square", lugar de cita de hippies y gente estrafalaria en una ciudad donde absolutamente nada llama la atención. Dos calles más al sur, al comienzo de Powell St. Tomamos el tranvía (cable-train) que da sabor típico a la ciudad más europea de los Estados Unidos de América. Este medio de transporte, nos lleva al "Fisherman's Wharf" barrio pesquero de San Francisco, una de las zonas más animadas de la ciudad, donde lo mismo puede encontrarse uno con una secretaria de Tokio, una muchacha de Sudáfrica, o una niña de serrano vestida de "progre". En cualquier caso, si no se encuentra a nadie de ese estilo, siempre se puede cenar pescado fresco de cualquiera de las variadas especies del Pacifico en algún "restaurant" de la zona.
La noche será más completa si tomamos un "café-expresso" en alguno de los establecimientos italianos, por ejemplo el Trieste cerca de Broadway, de aire bohemio a la americana. A nadie recomendamos el café americano (aguachirle-solo-para-yanquis) también puede subirse al Henri's, en la torre del Hilton, donde pagando seis veces el valor de la consumición se disfruta de una gran vista de la población.
2º día: La ciudad más cosmopolita de América, ofrece múltiples curiosidades al visitante. Nosotros optamos por ir a Berkeley, uno de los nueve "Campus" de la Universidad de California, y centro de la revolución estudiantil de los años 60. Tomamos el "Oakland Bay Bridge" cruzamos la bahía hacia el Este y a pocas millas de San Francisco, llegamos a la Universidad.
El ambiente es extraordinario. Cualquier parecido con la Universidad española es mera coincidencia, a pesar de que a este campus vienen muchos estudiantes a divertirse más que a otra cosa. (No obstante, no hay que olvidar que el nivel de calidad de las universidades americanas se mide:
a) por el número de Doctorandos en proporción al total de Licenciados, por universidad y,
b) por el número de premios nobel entre los Profesores (igualito que en España, donde sólo hay que afiliarse al PSOE).
Si el visitante se detiene a saborear un "Sándwich” en el restaurant de la Universidad, comprobará por sí mismo el milagro de que comiendo semejante basura los yanquis sean rollizos y saludables. Todos los milagros tienen una explicación científica, los chicos crecen bien
alimentados en el seno de familias puritanas, burguesas, de clase media, pero a los dieciocho años aproximadamente dejan sus familias, viven solos o no, van a la universidad o no, pero lo que hacen todos por igual es comer bazofia, léase comer perritos calientes o hamburguesas, a partir de entonces empiezan a estropearse físicamente.
Casi todos los jóvenes van auténticamente disfrazados, son bastante más gansos, folklóricos e informales que sus homónimos europeos. Después de esta visita a Berkeley nos sentimos honrados de pertenecer a la generación contestataria del 68 que puso en duda la inconsistencia de una sociedad consumista, sin ideales que ofrecer a su juventud como no fueran los de su propia subsistencia, consolidando una situación injusta de explotación colonial del mundo.
3er día: Si el visitante es amante de la naturaleza puede gozar en San Francisco de sus muchos parques. El mayor de ellos está al noroeste de la ciudad y es un lugar espléndido para la práctica de todos los deportes. Allí está el Museo de Ciencias. También hay un maravilloso jardín japonés donde además de plantas exóticas y peces de colores puede tomarse un té con pastas (japonesas por supuesto) no menos exóticas que las "gueisas" que pululan por San Francisco.
4º día: Hoy iremos a Sausalito, un pequeño pueblo cruzando el "Golde State Bridge" al norte de la ciudad. Lugar tranquilo y plagado de tiendas, restaurantes, y casitas materialmente colgadas de las colinas que las vieron nacer. Allá puede tomarse el tiburón, el pez espada, el delfín- vamos que en lo tocante a comidas y vinos tienen mucho que aprender de España (Cuentan los mayores que "in illo tempore" Dios se apareció a los españoles y les dijo pedirme tres deseos, le pidieron tener variedad de frutas y verduras y la mejor gastronomía del mundo y Dios se lo concedió. Le pidieron como segundo deseo, tener mujeres guapas y Dios se lo concedió, le quisieron pedir como tercer deseo ,tener un buen gobierno, y Dios les contestó que todo no se puede tener).
La arquitectura como en San Francisco es muy cuidada, pero tiene el encanto de ser un pueblo pequeño, tranquilo, residencial, reducida su vida a la de sus puertos deportivos.
De vuelta a San Francisco, puede visitarse en la calle Gran, barrio chino, cientos de tiendas de todas clases, y contemplar la arquitectura china de algunos de sus edificios. También la arquitectura moderna tiene en San Francisco bellas muestras. La Catedral Católica, de acústica perfecta, donde se celebran numerosos conciertos. El edificio piramidal de la Trans-América, otros edificios como el Bank of América son más funcionales asemejándose a los edificios que introdujo Frank Lloyd Wright en Manhattan.
Como aún nos quedan fuerzas vamos a tomar una copa al "Cliff-house" café-restaurant construido en el acantilado, donde vemos romper las olas del Pacífico, y hacer "surf" en el mes de noviembre a algunos locos modernos a quienes llaman "surfistas". El "café-restaurant", resulta muy romántico, tipo café parisien de principios de siglo pasado, sobre todo si vas acompañado de Jacqueline Bisset. Cuando fui se hacía de noche, estaba nublado y J. Bisset, según su criada, se había ido de compras con su madre, no obstante me tomé una Margarita, deliciosa bebida de origen mejicano, y el alcohol me hizo soñar el resto.
Después de no parar tantos días, el turista reflexiona y se dice a si mismo que está de vacaciones, que el madrugar es una ordinariez que se han inventado los americanos, y decide concederse a sí mismo un día de asueto en sus vacaciones, es decir "dúplex vacationis".
5° día: Asueto. Puede practicarse por la playa el "jogging" correré por el campo, a ser posible sin obstáculos, deporte de moda en California, importado de Nueva Zelanda, extendido por todo EEUU ahora y exportado a Europa vía Gran Bretaña. No obstante la versión sin censurar para el extranjero la pude conocer en San Diego; al parecer este deporte, lo puso en el candelero, Richard Nixon, californiano, cuando tuvo que salir por pies de la Casa Blanca.
6º día: El sexto día lo dedicamos a visitar Misión Dolores, lo que requiere cierta puesta en antecedentes. Como todo turista en este país sabe, los EEUU carecen de historia en el sentido literal de la palabra. Tienen lo que nosotros llamamos historia contemporánea. Dos hitos marcan la epopeya americana, la Constitución de 1776, en Filadelfia y las Misiones de California, fundadas primero por jesuitas y continuadas luego por franciscanos a raíz de la expulsión de los jesuitas (en tiempos de Carlos III-que tenía sus cosas, como todos). De ellos el más antiguo es sin duda la fundación de más de veinte misiones a lo largo de ochocientas millas de costa, en la actual República de California.
En el SXVIII los Reyes de España ante el temor de un avance por Alaska y el noroeste de América del poderío de los zares, ordenaron construir un camino, el Camino Real, que aun hoy se conserva y numerosos establecimientos militares a lo largo del territorio de California, incluso mas al norte de San Francisco - a seis horas de coche de La Joya (San Diego)- junto a los presidios, así se llaman aún los lugares donde se construyeron los fuertes españoles, fueron naciendo las misiones. Eran estas auténticas explotaciones agropecuarias donde se enseñaba al indio todo lo que entonces se conocía, desde la fe en Cristo hasta el cultivo con el arado romano.
Los yanquis han borrado casi totalmente las huellas de la colonización española, olvidando que el Océano Pacífico fue llamado alguna vez el "mare nostrum" de los españoles, pero han enaltecido la heroica, humilde y abnegada labor de los Padres de esta bendita tierra de California, porque a ella le dieron su nombre, entregaron en ocasiones su sangre y a ella pertenecen para siempre sus cuerpos. Así con su memoria recuerdan el paso de los españoles por California. Aún hoy el idioma y la Iglesia testimonian con su presencia la huella de España y ser español es en esta tierra paradisíaca es un legítimo orgullo.
Viendo la huella que otras culturas han dejado en América, yo me pregunto que dejará América cuando el orín destruya las espuelas de sus soldados, y la polilla la tela de sus banderas.
ernestojaure@yahoo.es