Crónica Económica

El euro compra bajadas de impuestos y vende ajuste

José Carlos Rodríguez | Miércoles 09 de julio de 2014

La gran estrategia de Europa se mantiene, pero el acento se quita en una parte del discurso.



La gran estrategia de Europa se mantiene, pero el acento se quita en una parte del discurso y se coloca en otra. Los trabajadores pueden ser los beneficiados.

Los países europeos, la mayoría de ellos al menos, se dejó guiar por la cayada del Fondo Monetario Internacional, que entonces llevaba el socialista Dominique Strauss-Kahn, el terror de los grandes hoteles. Strauss-Kahn y el FMI dijeron que de la crisis económica se salía con más y, en la medida de lo posible, mejor gasto público. Alemania se negó. Suecia se negó. Polonia se negó. Pero Gran Bretaña, Francia, España, Italia y los demás, le siguieron. Pronto algunos países llegaron a un punto en el que no se podían financiar en el mercado. Grecia, Irlanda, Portugal. Tanto éstos como el resto de los países europeos vieron cómo la crisis no remitía, y la apuesta por el gasto improductivo, el gasto público, falló. La deuda pública de muchos países devino excesiva. Más, cuando las economías no se habían ajustado todavía, y eran poco productivas.

Entonces, Europa, bajo el mando de Angela Merkel, apostó por la austeridad. Una austeridad de aquélla manera, que en gran parte pasó por subir los impuestos. Siguiendo la tendencia mayoritaria en el pensamiento hacendístico, se ha apostado sobre todo por subir los impuestos indirectos; el IVA. Pero también se han subido los impuestos directos. Y se han creado otros impuestos, como por ejemplo la llamada tasa Tobin. Y esa subida de impuestos se ha complementado con ciertos recortes en el gasto, y con reformas del gasto público y de los servicios públicos.

Esta tenaza, la subida de impuestos y el recorte del gasto o, más bien, el crecimiento más lento del gasto, tienen un efecto depresivo en la economía. Esta es la posición, otra vez, del Fondo Monetario Internacional. Hay otra interpretación, que considero más acertada, y es que esa depresión de la economía no viene del recorte del gasto más improductivo, sino del aumento de los impuestos.

En cualquier caso, han ocurrido dos cosas últimamente. La primera, en el último año, es que la apuesta por la austeridad ha perdido fuerza. Y la segunda, en los últimos seis meses, es una recuperación económica que, cada vez que pasa, es menos tímida. Y estos dos elementos se han conjurado en la última reunión del Eurogrupo.

En ella se han lanzado dos mensajes. Los dos nos afectan en gran medida. El primero hace referencia a la política de austeridad. El ministro de finanzas holandés, y presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, dijo que “las naciones que adopten reformas frontales deben comprar más tiempo para cumplir su objetivo presupuestario”. E incide: “hay espacio para la flexibilidad”, y “hay discusiones sobre cómo hacer más flexibles las normas”.

Y ahora llega lo mollar. El euro vende austeridad. Pero a cambio compra rebajas de impuestos. Y no cualquier rebaja de impuestos, sino los que recaen sobre el empleo. El objetivo consiste en que se aminore la diferencia entre lo que paga el empresario y lo que recibe el trabajador.

Esa diferencia, constituida sobre todo por las cotizaciones sociales, es desde el punto de vista económico también el sueldo. El sueldo, desde el punto de vista económico, es lo que paga el empresario por nuestro trabajo. El empresario asigna un valor a los servicios de trabajo que ofrece el trabajador, en función de lo que espera recibir con el producto y de la contribución de ese trabajo. En términos precisos, el empresario paga el salario en función de su productividad marginal. Si el empleado recibe, en una segunda instancia, todo su salario o no, no afecta al proceso de formación de los salarios. Tiene que ver con otra cosa. Tiene que ver con la voracidad del Estado. El empleado no obtiene todo su salario, porque una parte se la lleva el Estado.

Edward Prescott, entre otros economistas, ha explicado que los impuestos sobre el trabajo contribuyen a la destrucción de empleo. Y el empleo es la prioridad de la política económica europea, por encima de la financiación de los Estados. Lo es, entre otros motivos, porque el BCE ha sacado el bazoka, y está dispuesto a emplearlo a fondo. El desorden monetario ya llegará en su momento. No hablamos del futuro. Hablamos de ahora; y ahora en política es el período que va del próximo año a los próximos cuatros años. Y en ese ahora entra el fomento del empleo. Y ese fomento lleva a la última reunión del Eurogrupo, y a la apuesta por reducir la diferencia entre lo que se ganan los trabajadores, y lo que reciben.

Aunque por el momento, el gobierno español no parece dispuesto a ello.