Fotos: Juan Pablo Tejedor
Seleccionar los instantes más felices, memorables o sustanciales de una vida es una tarea que provocaría vértigo a cualquier mortal. Antonia San Juan parece estar hecha de otra pasta. "Ningún tiempo pasado me parece mejor", suelta en una entrevista con este periódico. Su espectáculo Lo mejor de Antonia San Juan, un surtido de la inabarcable lista de monólogos que ha vivido y recitado encima de otros tantos escenarios, cumple tres años y se queda en Madrid, en el Teatro Nuevo Apolo, todos los viernes de este mes de julio. Tras haber reunido todo el valor que se presupone necesario para despedirse del "arma de doble filo" en el que se ha convertido su Estela Reynols, -el estrambótico, delicioso y exitoso personaje de la serie La que se avecina- San Juan ya está rodando otra comedia para Cuatro, Gym Tony, y sigue sumando kilómetros a las giras de sus espectáculos sobre las tablas. Catorce años se mantuvo en cartel Otras Mujeres, once duró Las que faltaban, Lo mejor de Antonia San Juan suma ya tres primaveras y la actriz adelanta que está metida ya en la preparación de un nuevo show. "Llevo 32 años haciendo monólogos y me siguen llamando, algo estoy haciendo bien", sugiere.
¿Cómo se enfrenta uno a seleccionar lo mejor de una carrera de treinta años?
Es quizás una cosa un poco aleatoria, porque discriminas entre lo que te gusta y lo que también te gusta. Si tienes cincuenta monólogos y tienes que elegir doce o trece, se van a quedar casi treinta fuera, no te queda otro remedio que seleccionar. Es un espectáculo concebido, sobre todo, para la gente que no me ha visto nunca en el teatro y que sólo conoce el personaje de televisión.
Lo mejor de Antonia San Juan rescata incluso monólogos de tu época de recién llegada a Madrid. ¿Te ha hecho pensar en aquellos años?
No, la verdad. Yo no vivo del recuerdo, afortunadamente. A mí ningún tiempo pasado me parece mejor, lo que me parece genial es mi vida ahora mismo. Cuando hago este espectáculo, utilizo piezas de entonces, pero no hay ninguna nostalgia de nada.
¿Qué temas tocas en esta selección de monólogos?
Se toca todo, vamos de la política a la religión o a la familia. Lo que quiero es trasladar mi análisis de cómo están las cosas ahora mismo, y hacerlo a través de la risa. Lo importante es transmitirlo en clave de comedia porque si no se convertiría en un panfleto y la gente terminaría levantándose de la buraca y yéndose. Hay momentos de mucha risa y también momentos de dolor. Se habla del amor, de la soledad, de los malos tratos, del machismo de la propia mujer, del cáncer, de la muerte… se habla de todo. Hay momentos muy soeces y otros muy profundos o de mucha reflexión.
El estatus, los problemas y el concepto mismo de mujer han sido temas recurrentes en toda tu trayectoria. ¿Qué cambios percibes en la situación de la mujer desde que empezaste a construir monólogos en torno a ella hasta ahora?
Es sorprendente, pero desde mi punto de vista no ha habido ningún avance. Y creo que mi punto de vista es más sano que el de quien dice que la mujer sí ha avanzado. Cuando se cree que algo aún no se ha alcanzado se sigue trabajando por ello, mientras que lo que se percibe como ya conseguido se convierte en algo tendencioso por lo que ya no hay que pelear. Por eso es más sana mi mirada. Para mí, la gente que cree que la mujer ha alcanzado un lugar en lo social, van en contra de la mujer misma. Muchas mujeres siguen pensando que lo más importante que les pasó en la vida fue parir. Eso ya lo pensaban nuestras abuelas y me parece bastante pobre para la mujer que la maternidad sea lo más importante que puede pasarle. También se sigue practicando el abandono del trabajo y de lo social para dedicarse solamente al cuidado de los hijos y son las propias mujeres las que se imponen una fecha de caducidad cuando rondan los cuarenta. Criticamos cuando una amiga está con un hombre quince años más joven que ella pero nos parece bien enamorarnos de un señor que nos lleva veinte. Creo que no ha habido cambio ninguno.
¿Cómo definirías el humor de este espectáculo?
Es el medio necesario para poder decir encima de un escenario lo que te acabo de contar. Si no, se molestaría la gente. De hecho, hay gente que se molesta. Se sigue creyendo que transgredir es sacar la lengua en un escenario o enseñar las tetas, hay gente que sigue creyendo que la transgresión es Miley Cyrus. Transgredir verdaderamente es meterte hasta el fondo, analizar todo lo que está pasando, por ejemplo, en este país. Lo otro no es transgresión, toda la vida ha habido mujeres que han enseñado las tetas en una revista y eso no las ha dado ningún estatus especial, no es ningún valor ni tiene ningún mérito.
¿Veremos un monólogo de Antonia San Juan al estilo de tus participaciones en El Club de la Comedia?
Me quiero alejar de la idea que tiene la gente de monólogo, que es sobre todo la que se forma según la televisión. En televisión es una cosa blanca, donde se habla siempre de lo mismo: de que la mujer a los treinta años de determinada manera si no ha conseguido un hombre, de que cuando tiene la regla es insoportable, de que pisa a las amigas… Los monólogos de televisión son versiones de ‘mi suegra es una hija de puta’ y ‘todos los hombres son iguales’, son el topicazo tras el topicazo. Yo intento que mi espectáculo tenga que ver con el pensamiento y no con quedar bien con nadie. Ya que te gastas 20 ó 25 euros en venir a verme, quiero darte muchas de las cosas que he leído de los grandes pensadores para que te las lleves a tu casa. Si te las quieres quedar, será un espectáculo terapéutico que te hará reflexionar sobre algunas cosas; si no te las quieres quedar y buceas al primer nivel, pues te reíste y te lo pasaste bien.
Como copropietaria de una productora, ¿cómo se sobrevive a estos momentos duros para las industrias culturales?
Pues es muy difícil, sobre todo cuando te cobran un 21 por ciento de IVA o cuando un ministro tiene el ‘cuajo’ de decir que en España tenemos un cine de mierda. Se meten con la cultura porque no interesan que la gente sea culta o que lea. Cuanto más ignorante es un pueblo, más fácil es de manipular. Lo que se engrandece en la televisión es el fútbol, se le pone esa música lírica o la de la Guerra de las Galaxias para sacar a los jugadores a cámara lenta, como auténticos héroes, y hacer que el público empatice con unos señores que son multimillonarios a pesar de que el que está viendo en partido es muy probable que esté en el paro. Y para las mujeres, chismes. Vivimos el momento más estúpido de la historia de este país.
Además de tu productora, hace años intentaste levantar la gestión del Teatro Arlequín y las cosas se torcieron…
Cuando abrimos el teatro Arlequín, que era un local destinado a convertirse en una sala porno, nos reunimos con gente de la Comunidad de Madrid y del Ayuntamiento para pedir ayuda. Lo único que recibimos fueron requisitos para ponerlo a punto, como el de cambiar toda la iluminación. Pero cuando abrimos, fíjate si se denosta en esta tierra la cultura, no se pusieron en contacto con nosotros ni para felicitarnos por haber levantado un proyecto tan costoso tal y como estaban las cosas. Sencillamente, nos ahogaron las deudas, pero es que está todo programado para que te ahoguen las deudas. Si yo presento hoy mi espectáculo y viene a Madrid Paris Hilton, ninguno de ustedes (los periodistas) estaría aquí, y Paris Hilton no tiene nada que contar. Pero es que este país compra lo que no cuenta nada. Cuanto más estúpido y más vacío eres, más le gustas a la gente. A mí hay gente que me dice por Twitter que Antonia San Juan le cae mal y Estela Reynols le encanta. Para quien no la conozca, Estela es borracha, puta, es un piojo colgado de los hijos… pero a la gente le cae bien.
¿Has sentido que la historia de La Agrado de Todo sobre mi madre se repetía con la Estela de La que se avecina?
Me pasa siempre. Cuando hago un personaje me convierto en el personaje.
En cierta manera, debe ser una buena señal para una actriz…
Es un arma de doble filo. Por un lado, te da popularidad y llenas el teatro. La Agrado me dio la oportunidad de convertirme en un personaje internacional, pude ir con mi teatro por todo el mundo. Estela me llena los teatros. Pero por otra parte, la gente se termina creyendo que eres el personaje y te tratan como al personaje.
Después de haber sobrevivido a La Agrado, ¿se hace más fácil con Estela?
El que quiera seguir viéndome como Agrado, me seguirá viendo como Agrado. Y lo mismo con Estela. El ser humano no admite cambios. Una frase recurrente que te dice la gente es: ‘espero que no cambies’. Me parece horrible que me deseen eso. El ser humano es muy mezquino; hay personas que me dicen que para ellos siempre seré La Agrado o que siempre seré Estela Reynols. Me parece bien. Cuando tienes 53 años todo te viene bien. Me da exactamente igual lo que puedan pensar de mí, me he propuesto un camino hacia un sitio y hacia allí estoy yendo.
De hecho, siempre has dicho que vas encaminada a tu sueño, que tu vida se está desarrollando tal y como te la habías imaginado. ¿Has tenido que renunciar al algo para conseguirlo?
No, no hay que renunciar a nada. Entre enero y febrero de este año se murieron mi madre y mi mejor amiga, que era más como mi hermana. Con mi edad, haciendo una lectura totalmente optimista y positiva, me ha hecho darme cuenta de algunas cosas a las que antes no quería enfrentarme. Sin ser consciente al principio, la muerte de mi madre ha supuesto una criba para montones de cosas, algunas a las que creía estar agarrada a fuego. Ahora lo relativizo todo mucho más todavía que antes y veo que nada, ni siquiera nadie, es tan importante.
En tu proyecto de vida también has conseguido otro de tus requisitos: una relación que se construya en base a un proyecto en común…
Bueno, yo imbécil no soy. Cuando veo hombre guapo y que está bueno, me pasa lo que le pasa a todo el mundo. Pero apuesto más por una relación estable que por el morbo de tirarme a un señor. A mí me estabiliza mucho estar en pareja, llevo ya 15 años con Luis Miguel (Seguí) y no me imagino acostándome con uno hoy y mañana con otro.
Pero algunas parejas no ven positivo trabajar juntos…
Nosotros somos siameses. Nos levantamos juntos, vamos al gimnasio juntos, comemos juntos, y cuando nos separamos nos llamamos a ver qué tal o buscamos un hueco y nos vemos. Todo lo hacemos juntos y somos súper felices.
Aunque has hecho cine y televisión, siempre tienes algún espectáculo sobre las tablas en marcha. ¿Qué te aporta el teatro que no te da el resto?
En televisión vivimos una gran censura y no te van a dejar decir lo que tú quieres. Jamás me dejarían hablar de lo que quiero y como quiero.
¿Qué es lo mejor de Antonia San Juan?
Soy celosa, envidiosa, buena gente, me cruzo… Soy todo lo bueno y todo lo malo de un ser humano.