Un informe demoledor de la plataforma Convivencia Cívica Catalana pega donde más duele a los catalanes: el bolsillo. El presidente Mas puede ir echándole la culpa a Rajoy de todo lo que quiera y su imaginación dé de sí, pero los números cantan y que los inversores extranjeros hayan decidido gastar seis veces más dinero en Madrid que en Cataluña es para aceptar alguna responsabilidad en un plan que les está llevando, literalmente, a la ruina.
En los tres primeros meses del año, asegura este informe, la inversión extranjera cayó un 51% con respecto al año anterior. En este mismo apartado y en este mismo periodo, la inversión en la capital de España creció un 12%. La inestabilidad política, concretamente “desde que empezó el proceso de soberanismo y secesión”, se ha convertido en una causa perjudicial para los negocios.
Aseguran los responsables de CCC que la radicalización del discurso del Gobierno de Cataluña está generando un clima de inseguridad y confianza no sólo en los inversores de fuera, también en el propio empresario catalán. Los problemas fuera y dentro. Pero a la Generalitat esto parece no importarle. Sigue con su tira y afloja a cuenta de una reunión con Rajoy. Cómo si así se fueran a solucionar todos sus problemas.
Y digo yo: ¿Pero es que no han tenido ya suficientes reuniones Rajoy y Mas? ¿Cuántas veces tiene que decir el presidente de un Gobierno que no puede dar por bueno un referéndum que la ley no permite? ¿Cómo se negocia algo ilegal? ¿Y cuántas veces hay que explicar que para cambiar esta ley tenemos que estar de acuerdo todos los españoles? ¿No vale tampoco que por enésima vez desde Bruselas respondan que en la UE no se entra enviando tan solo una carta? ¿Es esta una nueva forma de hacer política, conseguir objetivos por “cansinos”?
Hablar de independencia lleva aparejado, de momento, pasar de 481 millones de inversión extranjera a sólo 235 millones en tres meses. En Madrid están muy agradecidos porque vieron crecer sus ingresos el 12%, es decir, casi lo que perdió Cataluña. Pasaron de 1.248 a 1.403 millones de euros. Todo esto es el coste real, el que se nota, el que duele, de una política que abate y hunde a los que la sufren.
Todo esto es lo que pasa cuando se miente, cuando se hace política-ficción y no se trabaja por la prosperidad de sus ciudadanos. Bien hace Rajoy en no ir más allá en una propuesta ilegal y maximalista de CiU y ERC que no ofrece margen de negociación.
Si Cataluña va mal ahora, ¿se la imaginan sin UE y sin banco central? No le debe importar mucho a un Artur Mas empeñado en su perenne papel de víctima de España, en acusar al Gobierno central de quietismo, pero cuyo partido, CiU, vive en quiebra técnica desde 2009. Así están acostumbrados a funcionar y así piensan que marcha todo. Si no atienden a sus números, por lo menos que atiendan a las cuentas de los que les votaron. Lo peor es que todos sabemos quién está pagando ya tanta irresponsabilidad.