Los Lunes de El Imparcial

Antonio Pennacchi: Tierra de nadie

NOVELA

Domingo 13 de julio de 2014

Traducción de Mercedes Corral. Salamandra. Barcelona,  2014. 416 páginas. 22 €.

Por Alejandro San Francisco




La historia italiana y de Europa en general en la primera mitad del siglo XX, está marcada por los grandes sucesos políticos y bélicos: las guerras mundiales, el advenimiento del fascismo y el nazismo, la Revolución bolchevique, la crisis de 1929. Material suficiente para llenar muchos libros de historia y ciertamente también de buena literatura. Ese es precisamente el caso de Tierra de nadie, que narra la historia de la familia Peruzzi a través de tres generaciones, por medio de la voz de uno de los últimos descendientes. Una historia de amor y sacrificios, de pobreza material y oportunidades, de crecimiento de la familia y de unos cuantos dolores que los acompañaron en el camino. Una historia muy parecida a la que deben haber vivido tantos italianos durante aquellos años tan duros.

Antes de la Primera Guerra Mundial los Peruzzi eran de filiación socialista, anteoligárquicos y convencidos en la necesidad de la revolución proletaria. Pero las cosas fueron cambiando. Eran años en que los señores "leían la prensa y se dedicaban a la política mientras la mayor parte del pueblo se dedicaba a pasar hambre". Entremedio, los Peruzzi conocieron a un joven y atractivo Mussolini, también socialista y después expulsado del partido, que trabajaba para crear un nuevo movimiento tras la Gran Guerra: el fascismo. Los primeros tiempos fueron duros, apenas contaba con la lealtad de Rossoni y otros tantos. Precisamente Rossoni había compartido la cárcel con uno de los fundadores del clan Peruzzi, lo que los uniría toda la vida.

Así la familia se acercó al fascismo y luego se hicieron militantes decididos, a la vez que convencidos de las ideas de orden y cambio social. En lo familiar, el clan crecía de manera impresionante, hasta sufrir un drama en 1927: perdieron sus escasas tierras a manos del conde Zorzi Vila, a quien maldecirían por generaciones. Él "nos dejó en la miseria, con una mano delante y la otra detrás". Partieron a la construcción de un canal y a la desecación de las lagunas Pontinas, donde habían habitado pestes durante siglos, con mosquitos que hacían la vida intolerable, pero que se levantaba como una de las grandes obras del fascismo y del propio Mussolini, que había llegado al poder en 1922 tras la famosa Marcha sobre Roma, en la que, por cierto, había algunos Peruzzi. Ese esfuerzo titánico marca gran parte de la historia de Tierra de nadie.

"Vinimos aquí por hambre", es la dramática confesión de los protagonistas. Y ahí en los pantanos se enfrentarían con la muerte, coexistieron con la renacida grandeza de Italia, con un Duce luchando por el Imperium en el cual todos creían de alguna manera, irían a la guerra con Hitler como aliado, con muchos Peruzzi reclutados o voluntarios, a presenciar y sufrir la decadencia del sueño y finalmente la derrota, así como el temor de ver la llegada de los norteamericanos a los pantanos, aunque finalmente no fuera lo terrible que se esperaba.

Por otra parte, todo el libro muestra el crecimiento y desarrollo de una familia normal y excepcional a la vez. Aparecen nuevos matrimonios y nacimientos, niños y niñas que comienzan a completar una historia que se va transmitiendo de generación en generación; se aprecian claroscuros religiosos que van desde el asesinato de un sacerdote hasta el desarrollo de una fe y piedad profunda en varios miembros del clan, lo que culminará con uno de los menores consagrado precisamente al sacerdocio.

Y, cómo no, irrumpen también algunos amores prohibidos y con consecuencias: un hijo, la división de la familia, la posibilidad de completar una historia con un final impensable. Una historia plagada de dolor y de amor, contradicciones abundantes, sueños y pesadillas, acumulación de experiencias personales y familiares, así como también las de un país campesino y pobre que comenzaba mejores tiempos en la segunda mitad del siglo.

Como sostiene el autor, la historia narrada es enteramente ficción. Pero, asimismo, en ella se reúnen cientos de vidas verdaderas de los "colonos vénetos, friulanos o ferrarenses", que vivieron en los pantanos, bajo el fascismo y sufrieron la guerra. En la presentación, el propio Pennachi expresa que este libro es la razón "por la que vine al mundo", consciente de que él "atrapaba" una historia viva, pero que estaba destinada a desaparecer si no se contaba como corresponde.

El resultado es fruto de un esfuerzo -gigantesco, apasionado y con una gran investigación-, y sin duda ha valido  la pena. Tierra de nadie es una obra extraordinaria, bien escrita, cautivante y llena de matices, que la hacen tan atractiva como valiosa y digna de ser leída.