Acabó el Mundial de Brasil. Hasta ahora, ningún equipo europeo se había impuesto en un torneo celebrado en tierras americanas. Hasta que llegó Götze. La Alemania de Löw, tras dar una exhibición ante la anfitriona, sufrió para levantar la copa ante Argentina. Un gol en el minuto 112 hizo recordar a los españoles el testigo que cederán desde este domingo a la selección germana.
Concluyó un Mundial llenó de sorpresas en lo futbolístico, polémicas en los despachos, sufrimiento para unos anfitriones que rememoraron la peor de sus pesadillas y caos organizativo. Un campeonato en el que se estrenó el ojo de halcón, se estandarizó el uso del spray para las barreras y se vivieron los primeros tiempos muertos en el fútbol para paliar el cansancio provocado por el tropical clima brasileño, haciendo ver la locura a la que se enfrentarán los jugadores en la lejana cita de Catar.
Esa climatología propició igualdad y que selecciones en teoría más débiles dejaran en evidencia a otras más poderosas. El ejemplo más claro Costa Rica, que llegó a poner en apuros a Países Bajos en cuartos de final después de dejar en la cuneta a Inglaterra e Italia en la fase de grupos. La tanda de penaltis certificó su adiós, no sin antes dejar en los altares a un Keylor Navas que dio una exhibición en todo el torneo.
Otra selección destacada fue Colombia, con el joven James Rodríguez al frente -Bota de Oro con seis goles-, desplegó el juego más vistoso del torneo, hasta que Brasil se cruzó en su camino. Para la anfitriona, el peaje de la victoria fue demasiado duro, diciendo adiós a Neymar por una lesión tras una dura entrada de Zúñiga, que no vio más sanción que una amarilla.
Quien sí vio como la FIFA entraba de oficio fue Luis Suárez. El delantero uruguayo, reciente fichaje del Barcelona, mordió a Chiellini en el último partido en la fase de grupos. El árbitro no lo vio, pero el máximo organismo del fútbol sancionó a Suárez con la prohibición de no pisar un terreno de juego ni acercarse a un estadio en cuatro meses, además de nueve partidos con su selección. Tal ha sido la dureza que la FIFA ha prohibido la presentación como nuevo jugador azulgrana.
En el otro lado de la balanza, España protagonizó lo que viene siendo ya una tradición en los mundiales del Siglo XXI. Como vigente campeona, se quedó en la fase de grupos dando una pobre imagen, al igual que Italia en Sudáfrica, Brasil (que cayó en octavos) en Alemania y Francia en Corea y Japón. También Italia e Inglaterra, que asombraron con un partidazo en su encuentro inaugural, se encontraron con Uruguay y Costa Rica robándoles la cartera en la fase de grupos.
Pero con el mayor peso de la decepción se queda Brasil, que en su Mundial, con la esperanza de evaporar el mal recuerdo del maracanazo del año 50, se encontró en una pesadilla aún peor en semifinales, donde Alemania apareció como un cicló marcando una goleada histórica de 7 a 1. Por si fuera poco, en el partido por el tercer puesto, los Países Bajos de Van Gaal siguieron ahondando en la herida de un equipo que se marchó entre los pitos de su afición y la vergüenza de no presenciar la entrega de medallas a su rival.
Pasando a las individualidades, la perla colombiana James Rodríguez se quedó con la bota de oro como máximo goleador con seis goles. El “Balón del Oro” del Mundial fue a parar a Lionel Messi, en una extraña decisión de la FIFA que dejó en el olvido actuaciones como la de Robben o Müller. El galardón de mejor portero tuvo más lógica y fue entregado a Manuel Neuer, cancerbero de los nuevos campeones del mundo.
Sin una estrella rutilante que eclipsara a nadie, el papel protagonista recayó en muchos partidos para el defensor del arco. El citado Keylor Navas (Costa Rica), Ochoa (México), Enyeama (Nigeria), Neuer (Alemania), Romero (Argentina) y Krull -que protagonizó uno de los momentos del Mundial saliendo en el último instante de la prórroga para frenar a Costa Rica en la tanda de penaltis contra Países Bajos- han destacado por encima de delanteros, defensas y mediocentros.
Aunque de nombrar a un delantero, ese sería Miroslav Klose. El ariete germano entra con letras de oro en los libros de historia al superar los 15 goles de Ronaldo en la tabla de pichichis mundialistas con 16 tantos por 15 del brasileño, un récord que se suma al broche de oro de conseguir el cuarto título mundial con Alemania, la tetracampeona que pone en riesgo la hegemonía brasileña.
Con Lahm levantando la copa en el palco de Maracaná, el Mundial echa el cierre y la realidad regresa a las calles brasileñas, donde la pelota no ha ocultado el malestar de un pueblo que ha visto cómo se han ido gastando millones de euros en estadios que ya no tendrán uso, con algunos que se han quedado incluso sin terminar, los atascos han impedido llegar a ellos y donde la inseguridad ha influido en algunas muertes a lo largo del campeonato. Para los Juegos Olímpicos, que llegan a Río de Janeiro en dos años, queda mucho trabajo por hacer.