Opinión

Sánchez y las ganas de pasar página en el PSOE

Y DIGO YO

Javier Cámara | Jueves 17 de julio de 2014
Pedro Sánchez no es secretario general del PSOE, pero ya ejerce como tal. Lo primero que hizo al día siguiente de ganarle el puesto a Madina fue reivindicar la autonomía de la nueva dirección para fijar la fecha de las primarias en las que elegir al candidato –o candidata– a la Presidencia del Gobierno. Lo segundo, ordenar votar en contra de Jean Claude Juncker. Las dos decisiones están siendo polémicas, incluso dentro del partido.

El nuevo líder de los socialistas españoles dice estar configurando el que ha denominado “gobierno en la sombra”. Muchos nombres y muchas quinielas hasta final de mes, pero parece claro que retrasar la elección del que será el próximo presidente –o presidenta– del Gobierno es una maniobra que beneficia, en principio, a su valedora en Andalucía Susana Díaz. Aunque todo indica que el más beneficiado con este retraso sea él mismo. No se descartan unas primarias con un único candidato.

Y digo yo: ¿De verdad necesita el PSOE un candidato a ocupar la Moncloa distinto del nuevo secretario general? ¿No hace pensar que no es necesario el hecho de que Sánchez ya ha demostrado disponer del apoyo mayoritario de las bases? ¿No sería meterse en nuevas batallas internas? Pero entonces, ¿qué hay de las aspiraciones de Susana Díaz? Y si Carmen Chacón es finalmente presidenta del PSOE, ¿será el caramelo para que no se presente a las primarias?

Por otra parte, la orden del nuevo secretario general del PSOE de negar el apoyo a Juncker tras haber pactado su partido que iba a hacer lo contrario, da a entender que las posibilidades de acuerdos con el PP en adelante apuntan a cero. Nada que ver con el Rubalcaba de los acuerdos.

Esta criticada maniobra hay que entenderla en clave interna. Sánchez acaba de ganar un cetro que tiene ahora que defender con ideas –dice que renovadas, veremos– y con acciones. Ésta tiene su lógica desde la perspectiva del nuevo tiempo que afronta un partido que tiene que volver a ganarse la calle. Por lo menos su calle.

El verdadero problema es que esta decisión, que Sánchez quiere vender como lógica en un partido de izquierdas, ha alineado al PSOE con los euroescépticos y los radicales, que han votado lo mismo. Lo peor es que también lo ha alejado de los socialistas europeos. Más moderados, éstos ya miran a sus compañeros –y compañeras– de España con recelo. Hay quien dice que por ahí van los tiros. Que esa es la intención. Lógicamente no por la línea de la francesa Marie Le Pen o del británico Farage, pero si por la de dar un giro más a la izquierda, como el de otros “no creyentes en la Unión” al estilo de Pablo Iglesias de Podemos.

Es verdad que Pedro Sánchez no firmó ningún pacto con el PP. El nuevo líder piensa que no tiene por qué cumplir algo con lo que no se ha comprometido. En cualquier caso, deja en mal lugar a su predecesor, que ve cómo es relevado en el cargo (cosa que esperaba y, probablemente, deseaba), pero también como se desprecia una de sus últimas medidas. Es un “no sólo te vas, además no sirve lo que has hecho”.

Si algo ha demostrado Pedro Sánchez es que tiene poder. Se lo han dado y lo ha cogido. Para eso está. Alguien tiene que mandar. El jefe dice una cosa y se cumple.

Y digo yo otra vez: ¿Será así el nuevo PSOE en todo? ¿Se fiará el PP de su rival en la arena política para posibles pactos? ¿Es lo que busca Sánchez?

Como se nos quiere vender, son tiempos nuevos y nada mejor que diferenciarse. Efectivamente, hay muchas ganas de pasar página en el PSOE.