Viernes 16 de mayo de 2008
Parece que la famosa “desaceleración económica” empieza a coger velocidad de crucero, cuando no a acelerar. En esta ocasión, le ha tocado el turno al sector servicios, buque insignia de la economía española. Y es que su facturación bajó un 5 por ciento en marzo respecto al mismo mes del año anterior, su primer descenso desde enero de 2003, mientras que el personal ocupado se incrementó un 1 por ciento en tasa interanual. Los datos, lejos de ser elementos de crispación arrojados por la oposición, provienen del Instituto Nacional de Estadística (INE), lo cual da idea de hasta qué punto es grave la actual coyuntura económica.
Sólo se salvó el turismo, pero más por la Semana Santa que por otra cosa. El resto, en mayor o menor medida, han visto reducida su facturación de manera considerable. Destaca el comercio, tanto mayorista como minorista, lo cual resulta lógico, habida cuenta del ajuste que han tenido que hacer las familias españolas para llegar a fin de mes. El problema arrecia si tenemos en cuenta que el tejido industrial español no es precisamente en punto fuerte de nuestra economía. Sí lo es el mencionado turismo, pero no se puede pretender que el sol equilibre las cuentas públicas y privadas. El batacazo de la construcción, nido de especuladores durante años, sin que ninguna administración hiciese nada al respecto, hace que hoy el sector del ladrillo haya dejado de ser referencia, para convertirse en un problema más.
Y que nadie eche las campanas al vuelo por la bajada del precio de la vivienda, pues tal cosa es fruto de la pérdida del poder adquisitivo y de la crisis del sector, más que de políticas acertadas. Políticas que, por cierto, han sido más efectistas que efectivas, toda vez que gran parte de las medidas adoptadas, salvo el loable interés por potenciar el mercado de alquiler, eran poco menos que inviables. Ante esta situación, el Gobierno no parece haber reaccionado con contundencia. Al menos, no se ha escuchado a ningún responsable de Economía valorar en su justa medida la caída de un sector tan crucial para nuestra economía. Menos aún de la oposición, que vuelve a perder una ocasión de oro para salir a la palestra y denunciar una situación que empieza a cobrar visos preocupantes. Claro que para eso, previamente debería de haber oposición...
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