Cultura

España pasea por la Calle 13: radiografía del micrófono que prende conciencias

Presenta su último disco, "MultiViral" en una gira por nuestro país

Diego García | Viernes 18 de julio de 2014
El grupo boricua cierra su gira española en Madrid este domingo. Por Diego García

Una de las atravesadas obsesiones que sufre el gremio periodístico-musical en la última década resulta de la necesidad de encasillar en los estándares de entendimiento mainstream a la banda de boricuas que cierran su gira española este domingo (20 de julio) en el Real Jardín Botánico Alfonso XIII de la Universidad Complutense madrileña, con todo el papel vendido desde hace días. Sin éxito, los analistas apresuran su oído para marcar, de una vez, sobre qué mezcla de estilos se desarrolla el trabajado bagaje musical de Calle 13. Un acercamiento prototípico podría presentarles como el grupo que ha conseguido más Grammys Latinos de la historia, con 19 gramófonos. Otro, apuntaría a la presunta huída renegada del reggaetón que les vio nacer y casi morir desde el prisma de las radios internacionales con aquel Atrévete-te, en favor del cobijo de la canción protesta. Sin embargo, aunque casi 10 años después todavía golpean a René Pérez Joglar (Residente) y Eduardo Cabra Martínez (Visitante) con el recuerdo de la mencionada canción en alguna entrevista promocional -del mismo modo que todavía piden explicaciones didácticas a los raperos sobre la diferencia entre hip hop y rap-, estas aproximaciones simplistas reflejan el aturdimiento que arrastran los críticos al intentar traducir el efecto de este grupo solo desde el microscopio artístico. “El disco más maduro”; “más rock que ritmos latinos”; “abandonan el picante callejero en las letras para llegar a un público mayor”. El caso es que estos puertorriqueños han revuelto los amarres de seguridad de los analistas del gremio como los renovados movimientos sociales de protesta (15-MPrimavera Árabe o la lucha estudiantil chilena de 2011-12) dejaron huérfanos de sistemas de medida a sociólogos y polítologos. Solo la perspectiva temporal hace justicia a un experimento de este calibre.

¿Qué es Calle 13?”, les han preguntado de manera insistente a medida que iba creciendo en cantidad y volumen la altura de los premios recibidos, buscando respuestas al irresistible desconcierto que provoca la fórmula del éxito social a aquellos que tratan de descifrarla, errando el tiro por fallar el enfoque de análisis. René, que no digiere bien la transición de “Residente” a “Referente” que dibuja el seguimiento de su propuesta entre un público masivo por carecer del talante de divo que se presupone a un artista con 19 grammys,  explica a este diario, en una pausa que el grupo se tomó antes de viajar a Europa, que “con la música, mis letras y los videos y la propuesta, estamos documentando una época, con diferentes momentos y de forma creativa”. “Pero no sé cuánto estoy entregando que funcione para la vida de la gente, porque yo mismo me voy educando y mejorando con el tiempo, aprendiendo de la sociedad que nos rodea y lo uso (sus letras) bastante a nivel personal, como algo terapéutico”, nos aclara con cierta timidez antes de confesar, entre risas, que “me ha parado gente por la calle y profesores que me han dicho que lo usan (la música de Calle 13) para clases, pero me gustaría ver esa clase y escucharles porque no me imagino ni me lo creo”. 




Porque este “

El crecimiento en lo relativo a la conciencia social que queda reflejado en obras como Multi_Viral -con la colaboración del fundador de Wikileaks, Julian Assange y de la cantante palestina Kamilya Jubran y rodado en la muralla israelí-, que incorpora la necesidad de mantener la mente alimentada frente a la manipulación, y el boceto puntiagudo del ser humano representado en , que fotografía la capacidad de sufrir-destruir y levantarse-crear, traslucen el punto actual de desarrollo de las inquietudes intelectuales y artísticas de Residente y Visitante, que ya sembraron en su pretéritos trabajos musicales con ásperas y profundas reflexiones sobre la migración americana que huye de la guerra, la inseguridad o el hambre hacia el norte del continente (véase, , perteneciente a el álbum, “Entren los que quieran”, de 2010 o Perseguido, de “MultiViral”), la batalla anímica de los desfavorecidos por sobrevivir al abismo de las desigualdades (Baile de los Pobres, de Entren los que quieran), la lucha árida por bregar con la injusticia social (Llégale a mi guarida, de “Residente o Visitante” o Querido FBI, de 2005) o uno de los dibujos más excelsos del continente americano, quizá su más memorable composición, (“Entren los que quieran”). No resulta preciso, por tanto, entender “MultiViral”, su regreso musical después de cuatro años de experiencias y aprendizaje “silencioso”, como el salto hacia la canción protesta. Valga que este último album cuenta, como todos los anteriores trabajos del grupo, con el aliño del afilado ego trip rapero, destacado en esta producción con Adentro


El letrista de Calle 13, que regaló a sus seguidores las colaboraciones de Eduardo Galeano y Silvio Rodríguez -en la deliciosa Ojos color sol, como ya ofreciera en una de sus cimas instrumentales la voz de Rubén Blades en La Perla, perteneciente a “Los de atrás vienen conmigo” de 2007-, traza el diagnóstico de la situación que atraviesa su última pintura músico-intelectual, la que le trae de vuelta a España: “Si uno interpreta este periodo histórico como una sucesión de fases, estamos terminando la primera fase, donde estamos manifestándonos, nos conectamos entre todos y vemos que despiertan cosas, y que están por venir fases inciertas”. “Hay movimientos como el 15M que creció, infectó al Occupy Wall Street, hay más movimientos como Soy132 (nacido de los estudiantes que proclamaban la democratización de los medios de comunicación mexicanos como un peldaño hacia la transparencia política en el país azteca)… Veo cómo los jóvenes hoy luchan por la educación, como sucede en Chile, por la educación gratuita y de calidad. También en Colombia, Puerto Rico o República Dominicana. Ves que grupos indígenas se manifiestan por Twitter y gente de otro tipo y lugar aprovecha para ayudarlos. Todo esto está pasando. Después de esta etapa me parece que hay que pasar al nivel 2, usar lo que está pasando ahora para llegar al siguiente escalón. Evolucionar.”

La libertad para hacer partícipe al ciudadano de su proyecto musical en este MultiViral, deshaciendo el concepto de oyente pasivo, que les ha proporcionado trabajar bajo su propio sello, El Abismo, les permite “sembrar una semilla en un par de cabezas huecas” (Que lloren, “Los de atrás vienen conmigo”), recetando el despertar de la conciencia como una herramienta de convivencia colectiva en este escenario internacional: “Siempre hemos tenido la energía y la capacidad de despertar, darte cuenta y luchar, históricamente, pero hoy tenemos el elemento de internet, que te da una conexión mundial y cada vez que ocurren problemas en un país, todo el mundo se entera y empieza a apoyar desde lejos y  esto ayuda”. “Enterarte de lo que ocurre en todos los países te ayuda a manifestarte y tener más energía todavía, porque te das cuenta de que no te ocurre a ti solo y haces hermandad con gente de otro país que sufren algo parecido”, subraya para concluir que “siento que la gente está más despierta, pero es algo de doble filo, porque, por otro lado, la gente vive en los celulares y la vida real se difumina”, argumenta René.

La dimensión que ha alcanzado esta propuesta artística queda recogida contemplando que el paseo por la Calle 13 recorre una travesía de conocimiento del ser humano que cuenta múltiples caminos. Valga como cuadro ejemplificador el itinerario del vocalista del grupo, siendo recibido en la Casa Rosada argentina y la Torre Ejecutiva uruguaya por Cristina Fernandez de Kirchner y José Mujica -para conversar sobre la inclusión de Puerto Rico como miembro participante en las reuniones de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños)- o viviendo en piel propia el sufrimiento de los ciudadanos peruanos que trabajan en la mina de oro de La Rinconada, a más de 5.000 metros de altura, para evitar la operación de la mano “amiga” extranjera en el montante económico (recogido en el documental Sin mapa, de 2009); reclamando libertad espiritual a los músicos y educación pública y gratuita a los gobiernos en plena pompa artística de los Grammys Latinos en Las Vegas y, al tiempo, contaminándose del horror de la trata de niños y niñas en América Latina y el Caribe (plasmado en la cinta Esclavos invisibles, en colaboración con UNICEF, en 2012) o contaminando su mano de la destrucción de la Amazonía. Esta es la amplitud de perspectiva que enriquece el legado de René y Eduardo y adquiere un magnetismo insalvable para sus fieles.

 

Pero, en el desarrollo de ese “documentar una época” a través de su propuesta audiovisual, la banda boricua aborda en escorzos interesantes -que, en ocasiones, subrayan un mero homenaje al lenguaje y la composición poética- el modo en que nos tratamos los seres humanos, cómo se interpreta lo que nos rodea desde los condicionantes de la sociedad occidental y la dualidad instinto/razón. Un retrato del que sobresalen obras como Los idiotas y Me vieron cruzar (“MultiViral”), Calma pueblo (“Entren los que quieran”) o Tango del pecado (“Residente o Visitante”). Un repaso de lo profundo a lo superficial del paso por este planeta que, a estas alturas de calendario y camino, René contempla del siguiente modo: “Creo necesario regresar a las cosas básicas de la vida, tratar de rodearnos y apreciar la naturaleza, el clima”. “Cuando uno pasa por esta locura y estrés mundial hay que intentar reiniciar el cerebro, darle al restart y crecer a través de los elementos básicos como la familia”, resume poniendo en evidencia lo obligado de fortalecer los lazos con las raíces primitivas para avanzar.

Así de grande son las ideasun canto desenfadado al peso de la razón en el devenir diario, cierra el último capítulo de esta complicada obra que representa Calle 13. “Es fundamental reflexionar y mantener una actitud de manejo de las ideas reflexivas para no perder el balance, el equilibrio y que todo no se vaya para un lado, porque las ideas lo son todo”. “Son las únicas que pueden esquivar el tiempo”, concluye antes de despedir la charla con El Imparcial. ¿Qué ha aprendido este intérprete del mundo en que (mal)convivimos de sus semejantes? “Somos muy parecidos. Por más lejos que vivamos, los idiomas sean diferentes y las culturas sean distintas. Cometemos los mismos errores. Todos. Históricamente. Esto es algo que no cambia. Y, por lo general, hoy no colocamos las cosas que nos gusta hacer entre las primeras en la lista. Aunque tengamos que hacer cosas que no nos gusten como medio para lograr lo nos completa, lo importante es enfocar, toda la vida, hacia lo que llena”.

“La felicidad absoluta es utópica”, cierra. Quizá sea de aquí, de esta postura escéptica, desde donde Calle 13 emana su mística inquieta, que les ha convertido en un fenómeno que excede lo musical; o puede que su fuerza nazca de la impotencia traducida en lírica que provocó el asesinato por desangramiento de Filiberto Ojeda Ríos; o, quién sabe, del arraigo a una familia, una nación no reconocida, un continente asfixiado y bello. O quizá de la suma de todos y cada uno de estos elementos. Una existencia que contempla en perspectiva lo que nos rodea y lo traduce en capítulos artísticos de un desafío para aquel que quiera domarles. No resulta sencillo amaestrar un cerebro que descansa sobre la lucidez de la conciencia crítica y usa el micrófono de su fama para expandir su concepto de la justicia sin intermediarios.