Los Lunes de El Imparcial

Lorenzo Silva: Los cuerpos extraños

NOVELA

Domingo 20 de julio de 2014
Destino. Barcelona, 2014. 18,50 €. Libro electrónico: 9,99 €

Por Carmen R. Santos



En 1968, Francisco García Pavón escribió en el prólogo a sus Historias de Plinio: “En España nunca creció de manera vigorosa y diferenciada la novela policíaca y de aventuras. Nuestra literatura de cordel y crónica negra cuenta desastres y escatologías para todos los gustos y medidas; sin embargo, al escritor español, tan radical en sus gustos y disgustos, nunca le tentó este género que, tratado con arte e intención, podía haber alumbrado muchas parcelas de nuestra vida y distraído a infinitos lectores. Yo siempre tuve la vaga idea de escribir novelas policíacas muy españolas”. Ciertamente, en el momento en el que García Pavón hace esta apreciación y da vida a su personaje Manuel González, “Plinio”, el género no contaba con habitual cultivo en nuestro país.

Esta situación cambió, sin embargo, poco después con la aparición de nombres pioneros como Manuel Vázquez Montalbán, Andreu Martín, Francisco González Ledesma y Alicia Giménez Bartlett -y la creación de sus detectives Pepe Carvalho, Ángel Esquius, Méndez y Petra Delicado, respectivamente-, entre otros. A ellos se fueron sumando un buen número de autores que han convertido la novela policiaca en uno de los géneros más seguidos en España, donde una vez al año se celebra con notable éxito la Semana Negra de Gijón. Entre los autores que cuentan con un público más fiel se encuentra Lorenzo Silva (Madrid, 1966) y su popular serie protagonizada por el brigada Rubén Bevilacqua y la sargento Virginia Chamorro.

La serie alcanza con Los cuerpos extraños sus ocho títulos, comenzados en 1998 con El lejano país de los estanques -Premio Ojo Crítico-, al que siguieron El alquimista impaciente -Premio Nadal 2000-, La niebla y la doncella, Nadie vale más que otro, La reina sin espejo, La estrategia del agua y La marca del meridiano -Premio Planeta 2012-.Uno de los aciertos de Silva ha sido, sin duda, hacer que sus criaturas Bevilacqua y Chamorro perteneciesen a la Guardia Civil, un Cuerpo de seguridad muy nuestro y, sin embargo, escasamente reflejado en la literatura, y que en 2010 concedió al escritor madrileño la distinción de Guardia Civil Honorífico. Por otro lado, ha sabido dotar a sus personajes de características propias e ir haciéndoles evolucionar, sin perder su idiosincrasia, a la vez que los ha insertado en unas tramas con una sabia dosificación de la intriga y que suelen remitirnos a problemas de la sociedad española.

Precisamente, en Los cuerpos extraños, Silva cierra la trilogía que se ocupa de la corrupción que asola nuestro país -El alquimista impaciente, La marca del meridiano-, un fenómeno que si bien no es exclusivo de España -como bien señaló el propio Silva en la presentación del libro-, ha tenido aquí por desgracia una especial incidencia. La nueva aventura de la sargento y el brigada se inicia cuando éste se encuentra pasando un fin de semana con su familia en Salamanca. Pero rápidamente Bevilacqua, llamado por todos “Vila”, debe incorporarse al trabajo, donde le espera un caso particularmente comprometido: el asesinato de la joven alcaldesa de una localidad innombrada de la costa levantina, donde los tejemanejes urbanísticos han campado por sus respetos. La condición de la víctima y su vida personal hacen que se planteen dos hipótesis: el crimen puede ser consecuencia de su turbio y agitado comportamiento sexual o de sus enfrentamientos con viejos jerifaltes de su propia formación política.

No se trata, sin embargo, de un sermón a favor o en contra de unas siglas concretas, sino de una oportuna reflexión sobre una cuestión que ha ido a más y que inquieta enormemente a los ciudadanos. Y, sobre todo, Lorenzo Silva demuestra que ha llegado a un punto de absoluto dominio de los resortes de la serie, sin por ello anquilosarla, que nos sirve mediante un estilo más que eficaz y muy adecuado al género, en el que la maestría de Silva para los diálogos vuelve a destacar.

Con el paso del tiempo, Vila ha incrementado su ironía -“Soy consciente de que investigar delitos por cuenta de la ley, y no a sueldo de un millonario o de una rica heredera casquivana, como Philip Marlowe, es actividad poco propicia a los alardes creativos del investigador, y mucho menos el marco idóneo para esa autonomía que tanto le envidia el gros polizonte al carismático detective”-, que no deja de ser una estrategia de supervivencia en el enfangado mundo con el que le toca lidiar, y Chamorro, en este caso, se halla envuelta en un drama personal que se nos va desvelando con pericia. Los dos, como en anteriores entregas, está acompañados de bien dibujados personajes secundarios como, en esta ocasión, Antúnez, el propietario de los clubs de alterne, o la juez con quien Vila mantiene una relación sentimental.